Conducción eficiente Parte 4 - Mi experiencia


Después de soltaros el gran tostón de la conducción eficiente, toca algo un poco más ameno (que os lo habéis creído, jat jat jat). Os voy a relatar mi experiencia en este campo, qué técnicas aplico con más frecuencia y cómo las aplico.

Fue hace unos años cuando empecé a leer sobre el asunto y, para qué engañarnos, me pareció muy interesante, pues se trata de ahorrar dinero, y eso siempre viene bien. Por aquel entonces aún no tenía coche propio, pero cada vez que tenía oportunidad de conducir el vehículo familiar, aprovechaba para aplicar lo que iba aprendiendo poco a poco de leer aquí y allá. Si bien el ahorro como tal yo no lo notaba, de lo que sí me percataba es de que la aplicación de este tipo de conducción poco o nada afecta a la velocidad media desarrollada en un viaje. Además, con el tiempo y la costumbre, acabas conduciendo de esta manera el 90% del tiempo, raras son las ocasiones en las que no puedas aplicar algo.

El esfuerzo inicial quizá sea lo más duro, lo más difícil de aceptar. Es un cambio radical frente al estilo de conducción al que uno está habituado, y también totalmente diferente al que te imparten en la autoescuela. Pero es un cambio que merece la pena. No sólo se trata del beneficio económico, sino porque al tratarse de una conducción preventiva circulo con mayor seguridad. También implica la reducción de emisiones contaminantes a la atmósfera, con lo cual si todo el mundo lo aplicara, tendría también un importante impacto en este aspecto.

Una vez dejas a esto entrar en tu mente y empiezas a practicarlo, con el tiempo pasa a ser algo natural. La autocrítica es otro factor importante. Yo mismo me doy cuenta de lo que hago mal, de que no debía haber acelerado tanto, que podía haber soltado el acelerador antes, que ese cambio de marcha en verdad no me había hecho falta… En ningún momento dejas de aprender de los errores y de darte cuenta de que siempre lo puedes hacer mejor.

También hay gente que me ha comentado que esto consiste en ir despacio, en una conducción “amariconada”. En absoluto. Quizá el hecho de no estirar las marchas o de no apurar las frenadas da la errónea impresión de que vas despacio (que tampoco se trata la cosa de ir a toda leche a todas partes). El quid de la cuestión está en que yo no busco ganar velocidad continuamente, sino que me limito a mantener una velocidad. Además, poco me importa si en un trayecto por autovía mi velocidad media se reduce en unos 5-10 km/h (que no llega ni a eso), poco va a influir en el tiempo total del viaje. El ahorro en combustible es mucho mayor que el ahorro en tiempo.

Aprovechando las circunstancias se puede mantener un consumo bajo
si sabemos mantener una velocidad constante

Mi vehículo particular es un duro enemigo para la eficiencia. Es viejo (de 1989), con un motor falto de bajos y de altos, gasolina no catalizado, poco aerodinámico y desfasado tecnológicamente para todo. Su ficha resumida es:

- Motor: 1.8 gasolina, 8 válvulas
- Potencia máxima: 115 cv a 5500 rpm (a saber cuántos le quedan después de 22 años)
- Par máximo: 165 Nm a 4250 rpm (aquí es donde los orgullosos dueños de coches diesel se carcajean)
- Peso: 1085 kg
- Consumo oficial: a 90 km/h – 6,0 l/100 km
                             a 120 km/h – 7,9 l/100 km
                             urbano – 9,7 l/100 km

La machine

A pesar de todo esto, practicando conducción eficiente no muy estricta, los consumos oficiales se obtienen con facilidad e incluso se reducen (a ver quién dice eso de su coche, espero comentarios). Si bien el uso suele ser principalmente urbano, en autovía es fácil situarse cerca de medias de 7 l/100 km, con dos personas y equipaje. Además recientemente se le han cambiado los cuatro neumáticos por unos de baja resistencia a la rodadura, con lo cual aún puedo esperar reducir unas decimillas más.

Obviamente, para los tiempos que corren y en términos absolutos, no son cifras bajas de consumo, pero imaginaos mi cuenta bancaria si no practicara conducción eficiente y sumáramos 1-2 l a las cifras oficiales (que suele ser habitualmente el consumo real en casi cualquier coche sin practicar C.E), sencillamente catastrófico.

¿Qué hago para conseguir esta drástica reducción? Pues ya os lo he dicho, gran parte de todo lo que os he contado en los tres posts anteriores.

-          En ciudad

La urbe, esa gran enemiga, llena de cruces, semáforos y otros seres enlatados empeñados en ocupar en el mismo tiempo el mismo espacio que ocupas tú, tranquilamente acojonado en tu propia lata.

Afortunadamente todavía puedo hacer algo para alejarme del 10 en mi consumo medio (y no me refiero a la nota). Circular con suavidad, tratando el acelerador con gentileza favorecerá un menor consumo y nos libera de parte del estrés que ya tenemos.

Pero en este entorno nuestro mayor aliado será la previsión, circular observando bien nuestro entorno nos ahorrará tiempo, combustible ( = dinero) y muchos muchos muchos sustos. Si vemos con tiempo que ese semáforo se ha cerrado o va a hacerlo, podemos dejar de acelerar y dejarnos llevar plácidamente en retención hasta nuestra detención y riéndonos de l@s cenutri@s que nos adelantan volando para clavar el freno pocos metros por delante. Previsión + retención, en mi opinión la clave para reducir el consumo en ciudad, junto con una conducción racional en la que valoremos en su justa medida los acelerones (no voy a negarlo, a menudo necesarios, pero duelen menos si en general circulas gastando menos) y las velocidades excesivas.

Con mi coche, siempre que circule por encima de 1500 rpm, tengo respuesta suficiente incluso para circular en 5ª sin tirones ni ahogos, aunque por lo general la reservo para calles amplias y despejadas o grandes avenidas. Si yo puedo hacerlo con mi casi-clásico, imaginaos lo que podréis hacer con vuestros ipods con ruedas que tenéis por coches, con todos vuestros turbodieseles, multiválvulas y demás modernices que tanto fardan.

-          En autovía

El trayecto que más realizo es Madrid-Burgos y su viceversa, con su Somosierra de por medio y multitud de subidas y bajadas. Como ya os imaginaréis, aprovechar la fuerza de la gravedad en las bajadas reduce drásticamente el consumo, aunque generalmente vienen seguidas de una subida de semejantes características.

El truco está en dejarse caer un rato y acelerar cuando todavía estemos bajando, para afrontar la subida con velocidad suficiente de manera que no perdamos excesiva velocidad, y de perderla, poderla recuperar sin muchos apuros, y sin hundir en exceso el acelerador. Esto último es muy importante. Realizando la mencionada autocrítica, uno se da cuenta de que a menudo pisa de más el acelerador, y no me refiero a correr. Me he dado cuenta de que a menudo acelerando o manteniendo una velocidad determinada durante una subida, se puede levantar un poco el acelerador y seguimos igual, pisas el acelerador más de lo necesario y el coche no está acelerando más ni yendo más deprisa, pero el indicador de consumo baja una burrada si corriges la posición del pie derecho, y no has perdido ritmo ni velocidad.

Repetid conmigo: circulando en retención
con una marcha engranada el consumo es cero

Cuando toca puerto, a la hora de subir, aparte de lo mencionado en el párrafo anterior, poco más se puede hacer, pues una subida prolongada nos hará perder velocidad y aumentar el consumo. Yo suelo aplicar otra técnica que consiste en estirar el pulgar de mi mano derecha hacia el interior del aro del volante y así tapar de mi vista el indicador de consumo, el autoengaño ayuda mucho en determinadas circunstancias.

Eso sí, cuando toca bajar, llega el momento de relajarse, soltar el pie derecho y complacerse viendo cómo puedes recorrer kilómetros sin gastar una gota de combustible. ¿A que sienta bien?

Así que con esto y todo lo anterior doy por finalizada mi larga y cansina tetralogía de la conducción eficiente. Espero que os sirva de algo y haberos hecho ver que cualquiera puede hacerlo y con cualquier vehículo se obtienen resultados. Poco me importa diesel o gasolina, pues quien de verdad gasta es el conductor.

Voy a acabar con un ejemplo: con un Mégane II 1.6 16v (gasolina) de 115 cv he obtenido consumos medios de 6,3 l/100 km utilizándolo durante más de un mes; un familiar mío con un Scénic de la misma generación pero 1.9 DCI (diésel) de 120 cv, obtiene medias de 6,5 l/100 km. Incluso teniendo en cuenta consideraciones como el peso en vacío de los coches u otros factores, está claro que el conductor pinta mucho en este cuadro. Ahora os toca decidir si queréis ser como Velázquez con un boli bic o como un niño de 2 años con una papelería a su disposición.

Fotos: Roberto Guerra

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