La ciudad no es para mí - Circular por Madrid

Y cuando vengo de Burgos me traigo mis morcillicas...

Quienes me conocéis ya sabes de dónde vengo y dónde estoy. Soy oriundo de una preciosa, amable, no muy populosa y relativamente tranquila ciudad castellana: Burgos (Fresco de).

Así que cuando por motivos personales y laborales me trasladé a Madrid, tocó cambiar el chip. En el día a día apenas noté diferencia, pues en Burgos no disponía de vehículo propio y en Madrid igual. Por mi querida ciudad me desplazo principalmente andando y por Madrid he andado más que muchos "gatos". El transporte público en la capital es bastante eficaz y te mueves con facilidad tanto en bus como en metro, o al menos a mí me resulta sencillo.

Pero hace algo más de un año nos hicimos con los servicios de un vehículo de cuatro ruedas motorizado y aquí ya es cuando empecé a sentirme como Paco Martínez Soria en la clásica película. Con lo que me gusta a mí conducir tranquilo y relajado, con lo fácil que es hacer las cosas bien hechas y CIRCULAR. Pero no, esta gran urbe tiene la capacidad de sacarte de tus casillas por infinidad de motivos, pero casi todos se pueden resumir en una enorme falta de respeto hacia los demás.

Es así que me ha parecido oportuno relatar lo que veo, lo que he sentido y lo que me ha pasado. No todo es malo, ciertamente, pero el shock cultural al pasar de mi querida capital castellana a esta villa ha resultado un desafío del que por el momento me siento victorioso, pero siempre en guardia.

En lo relativo al tráfico rodado Madrid es una auténtica mierda de ciudad. Lo digo como lo siento. Vale que el coche es el instrumento para desplazarte y la mayoría de la gente lo ve como tal, no como "algo más" como lo podamos ver los aficionados al motor. Pero eso no es disculpa para conducir como auténticos energúmenos, sin respeto por los demás ni por uno mismo. En esta maldita ciudad acabas desarrollando el sentido arácnido de Spiderman para detectar peligros, te salen ojos en el cogote, adquieres la capacidad auditiva de los felinos y sientes La Fuerza en todo lo que te rodea (eso sí, la manera en que la siento me acerca al Lado Oscuro).

Aquí la ley que impera no es la del más fuerte, sino la del más chulo. El desprecio por las normas de circulación y por la integridad de los demás es algo que se masca en el aire. Hay demasiada gente que conduce como le sale, y le da igual lo que pase con tal de hacer las cosas como les da la gana.

Muchos diréis que es el efecto escala; que a más población, más merluzos; que la proporción sigue siendo la misma y las probabilidades de encontrarte con ellos se mantienen de una ciudad a otra. pero sinceramente creo que aquí no se cumple. En esta ciudad se dan varios factores que aumentan el nivel de estrés, prisa, mala leche...

Y es en todos estos "elementos diferenciadores" en los que me voy a centrar en esta primera parte de mi cuento de miedo, puesto que veo que me voy a extender y sé que hay gente que lo de leer le da picores.

Aquí me encuentro con cosas que anteriormente sólo había visto en el libro de la autoescuela o en mis apuntes de la Universidad. En el casco urbano Madrid se conjuntan las grandes avenidas con pequeñas calles; el rápido crecimiento de la población obligó a que la planificación urbanística se olvidara por completo y esto ha hecho que la gran parte de las calles de la ciudad sean de sentido único, no sólo en el centro (cosa lógica), sino también en áreas más alejadas. Este entramado de calles de sentido único formando habitualmente una cuadrícula acaba originando rodeos y pérdidas de orientación.

Estas estrechas calles de sentido único acaban desembocando en calles más grandes y, digamos, "normales"; después éstas vierten sus aguas en las grandes avenidas o en ramales de autovía. En Burgos las calles más anchas tienen tres carriles por sentido, y uno de ellos casi siempre ocupado por vehículos en doble fila, por lo que el encontrarte con 4, 5, 6 o incluso 7 carriles en tu mismo sentido es un completo desconcierto.

Mírala, mírala... Un punto calentito,sobretodo bajando de Serrano y girando hacia la calle Alcalá.
Si contáis, a la izquierda salen 6 carriles y abajo 7...
Normal que la gente luego no tenga ni zorra de dónde ponerse para ir a donde quieren.
En muchas calles y en las avenidas, también nos encontramos con otro elemento poco conocido, el carril bus. Mientras que en pequeñas ciudades no tiene sentido la implantación de estas infraestructuras (aunque en Burgos ahora se empeñen en meterlo con calzador donde no hace falta y va a crear más problemas de los que piensan que vaya a solucionar), en Madrid es un elemento indispensable, puesto que la flota de autobuses urbanos y taxis es inmensa, además las motos y bicicletas también pueden usarlo.

El desahogo en los demás carriles es considerable y mejora la eficacia del transporte urbano. Desde el punto de vista de un conductor normal los mayores inconvenientes se dan en los giros a la derecha y en que donde haya carril-bus se anula por completo el aparcamiento en superficie y las paradas de "un segundito y ahora lo quito" ocasionan muchas molestias.

Las grandes avenidas, si bien pueden dar una primera impresión de angustia, se recorren con relativa sencillez. El tráfico resulta generalmente fluido, complicándose la cosa a medida que se van perdiendo carriles o cuando llegamos a cruces conflictivos donde todos los coches parecen competir por ver quién se acerca más al tuyo sin avisar.

Afortunadamente la señalización suele ser bastante correcta y si sabes a dónde vas y más o menos por dónde tienes que ir, es sencillo orientarse. Eso sí, a veces puede resultar excesiva y complicada de descifrar si el tráfico es denso y no consigues ver a tiempo por dónde tienes que ir.

Otra cosa que en Burgos no hay son circunvalaciones. Ciertamente la tenemos, pero con matices: en primer lugar no está completa (más que forma de O de momento tiene forma de G); en segundo lugar es bastante sencilla y fácil de entender por concepción y señalización; y en tercer lugar; no tiene el volumen de tráfico necesario para que sea algo complicado o exasperante.

En Madrid hay varias y cada una tiene su propia personalidad. Además se componen, según tramos, de anillos exteriores e interiores; pasos elevados o inferiores; con vía de servicio o no; con un tipo de acceso/salida u otro. En estos últimos me voy a detener un poco porque dependiendo de la zona y de la densidad de ramales o confluencia con otras vías, nos encontraremos con salidas /accesos propiamente dichos que desembocan/provienen mayoritariamente de glorietas) o bifurcaciones (multifurcaciones llamaría yo a algunas...) cuya señalización puede llegar a aturullar si la zona es un poco complicada. En estos casos lo mejor es ralentizar un poco el ritmo (pero sin molestar) y asegurarse de por dónde hay que ir, y si lo sabemos con previsión mejor aún.

Un asunto que no me debo dejar es el del mantenimiento de todas estas vías; urbanas, periurbanas, interurbanas o como sean. El estado de conservación en general es malo, sin rodeos (extensible también a aceras y zonas peatonales). Mejor que casi ningún lector de este blog sé que la conservación de los pavimentos no es fácil, barato o inocuo. No sé la superficie asfaltada que puede tener Madrid como metrópoli, estoy seguro de que es una barbaridad.

Test de amortiguación madrileño
Esta vastedad es la causa del escaso mantenimiento que reciben las calles. Sencillamente no se puede abarcar todo y mientras se priorizan zonas o barrios, otros parecen caer en el olvido y únicamente se acomenten parcheos puntuales (o ni eso). Tampoco ayudan las averías en las conducciones de agua y gas (principalmente), ya que su arreglo requiere abrir zanjas tanto longitudinal como transversalmente en las calzadas.

Este "mantenimiento express" origina que no se respeten los tiempos ni las condiciones que los pavimentos requieren para ofrecer el servicio adecuado, así que a lo que ya estaba mal en el asfalto se une lo que se arregló mal, produciendo hondonadas y blandones en las capas estructurales del firme, con el añadido de que a menudo no se usa el mismo tipo de material para la capa de rodadura.

Como resultado de todo esto obtenemos hundimientos, resaltos (puntuales, longitudinales o transversales), grietas, roturas del firme... El catálogo es amplísimo y cada uno puede escoger su favorito sin que repitamos. En coche todos estos elementos apenas suponen alguna incomodidad o un "meneito" durante la marcha; en moto ya es otro cantar y a veces no sabes si es peor comértelo o maniobrar para esquivarlo.

A los moteros que circulen por Madrid les recomiendo coger de vez en cuando una bici de montaña y hacer alguna rutilla por el campo (a ser posible caminos estrechos y descensos) para aprender a "leer" el terreno y aprender a reaccionar frente a los imprevistos.

Cerrando el capítulo de mantenimiento (y el post, para no aburrir) toca comentar otro aspecto que afecta a esta urbe: la iluminación. Sin olvidar lo dicho antes respecto a la extensión y la dificultad del mantenimiento adecuado, no puedo evitar dar un tirón de orejas a las administraciones correspondientes. El alumbrado viario es, a grandes rasgos, penoso. Luminarias obsoletas y mal dispuestas, arbolado que sombrea todo y últimamente, apagado sistemático de viales y rotondas. El cóctel ideal para no ver adecuadamente a un peatón o a algún coche que te venga por mal ángulo. Tampoco ayuda que la pintura de las marcas viales también suele estar en pésimo estado y si de noche no se ve, imaginaos cuando llueve.

Hasta aquí este breve, brevísimo y concentrado compendio de las impresiones y aspectos diferenciadores entre una tranquila y amable ciudad y el enorme monstruito que es Madrid. En el próximo episodio, el comportamiento de los conductores y alguna que otra anécdota.

¡¡Ráfagas a tod@s!!

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