De cuatro a dos

Vuelvo después de un (demasiado) largo parón en mis artículos para la web. Motivos de todo tipo (académicos, profesionales, personales, vacacionales…) me han impedido o adormilado a la hora de volver a la actividad bloguera. Pero tras los últimos logros de mi compañero Ruly, no puedo quedarme atrás y quiero un cacho del pastel.

Y vuelvo con un título que puede parecer una oferta, o quizá un horario… Lo más parecido para definirlo sería una rebaja; una rebaja en el número de ruedas.

Como el nombre de este sitio indica, MOTORproyect; pero consciente o inconscientemente nos centramos exclusivamente en el mundo del automóvil (el coche, para los amigos) y dejamos de lado otras caras del dado que compone el mundo del motor. En la parte de “proyect” ya nos centraremos cuando le regale a Ruly un diccionario de inglés…

Así que voy, una vez más, a basarme en mi propia experiencia personal para detallar, opinar y comentar sobre el paso de las cuatro a las dos ruedas.

Duelo a la puesta de sol


Pongámonos en antecedentes.

Voy a hablar desde el punto de vista de alguien que no ha tenido contacto físico con el mundo de las motocicletas, más allá de un par de “voy a probar” con la moto o scooter de algún amiguete o familiar.

En España era habitual (hasta la reforma de los carnets de motos y las últimas regulaciones referentes a ciclomotores) que numerosos adolescentes accediesen a la movilidad motorizada mediante ciclomotores de 50cc. “La moto” se conviertía en el objeto de deseo de gran parte de la juventud del país y, al mismo tiempo, en fuente de preocupaciones y disgustos para sus respectivos progenitores. No es este el caso que nos ocupa hoy.

Por otro lado, obteniendo el permiso de circulación B y con una antigüedad (que no experiencia) mínima de tres años, se “convalida” el permiso de motocicletas A1 y se presuponen la habilidad y dotes legalmente suficientes para circular con motocicletas de hasta 125cc.

Este asunto ya generó en su día un intenso debate; diferencias entre llevar un coche y una moto, impulso de las ventas, falta de experiencia de los futuros motoristas… De hecho el debate sigue en curso y no lo voy a tocar más allá de lo que se pueda reflejar en mis comentarios, por eso de no engrosar el texto y aburrir al público presente.

Todo esto nunca me hizo ni más ni menos atractivo el mundo de la moto, sencillamente cumplía los requisitos pero no despertaba mi interés. Fue hace tres años cuando me mudé a Madrid cuando empecé a verle la utilidad y a considerar el salto a las dos ruedas, pero aún sin planteármelo seriamente.

Como muchas cosas en esta vida, sólo hace falta un empujoncito, preferentemente dado por alguien importante en tu vida, para que las cosas cambien. Así que al cabo de unos meses y sin aún estar muy convencido del todo, me encontré yendo a ver, probar y finalmente adquirir un maxi-scooter de segunda mano de supuesta fabricación italiana.


PEDA NewStar... ¿os suena? ya lo dudo

Así que casi sin darme cuenta ya estaba moto-motorizado y moviéndome por la mayor urbe del país, cuyo caos circulatorio resulta menos caótico una vez te puedes mover, literalmente, entre el tráfico.

Poco a poco mi mente se fue adaptando. Todos mis años de ciclismo de montaña resultaron en habilidades dormidas que aguardaban el momento de volver a la actividad, adaptándose a discernir los obstáculos, baches y demás candajadas que te reserva una ciudad atestada y con un asfalto hecho un auténtico asco. Aprendí por las bravas a aplicar la cacareada “conducción defensiva”; a actuar y conducir bajo la premisa de que no te han visto para curarte en salud.

Sin salirnos de los límites legales de velocidad, en conducción urbana una moto aporta dos evidentes pero decisivas diferencias frente a un coche:

   > Poder avanzar hasta la primera línea en un semáforo. Increíble el tiempo que se gana con sólo culebrear un poco entre los coches parados.

   > Aparcar en la acera, siempre que no estorbes al paso de peatones ni entorpezcas maniobras como subir y bajar a vehículos aparcados.

Creo que sólo estas dos características por sí mismas justifican la adquisición de una motocicleta, máxime en una de las grandes metrópolis europeas donde el tráfico puede llegar a ser un caos, el centro tiene áreas de acceso limitado y la zona azul se extiende en un afán recaudatorio que raya el ridículo.

A esto hay que sumar su agilidad entre el tráfico, su bajo consumo de combustible, el (relativo) bajo coste de adquisición, la sencillez de su mantenimiento (lo más básico lo puede hacer uno mismo) y lo divertido que resulta conducir una motocicleta.

Bien es cierto que, como he dicho anteriormente, adquirí un maxi-scooter, que puede considerarse de lo menos motero dentro del mundo de las motos. Como condimento añadamos que en verdad resultaba ser una moto de fabricación china cuya calidad y fiabilidad propiciaron que en apenas 8 meses de uso (más de dos de los cuales los pasó en el taller) fuera radicalmente sustituida.

Dejando a un lado la fiabilidad de mi caso, como conclusión resultó que un maxi-scooter es una opción genial para aprender a desenvolverse en moto. El cambio automático te despreocupa de muchos aspectos de la conducción y te permite concentrarte en otras cosas; el amplio asiento resulta cómodo para conductor y pasajero; entre el espacio bajo el asiento y el cofre exterior se puede disponer de bastante espacio de carga y en caso de lluvia protege satisfactoriamente de salpicaduras.

Si como he dicho anteriormente mi experiencia previa con motos se reducía a meros contactos, uno de aquellos fue con la moto de cambio manual de un amigo. He de decir que aquella experiencia me resultó abrumadora, incluso con una moto de 50cc… Mi cerebro de “enlatado” se vio saturado con un cambio radical en las funciones de mis extremidades.

El tacto del embrague, tras años de experiencia en el pié izquierdo, se vio inútil en mi siniestra. Viceversamente (me acabo de inventar esta palabra) la palanca de marchas me pareció un invento del diablo con un funcionamiento sin lógica alguna. Todo esto mezclado con las demás funciones y manteniendo el equilibrio. Ni que decir tiene que mi amigo casi perdió la paciencia conmigo y yo me prometí a mí mismo no volver a tocar una moto manual.

Sólo después de esto se me ocurre adquirir una pequeña “naked” manual para sustituir al decepcionante scooter chino… No pidáis explicación, que buscarla supondría otro artículo nuevo y bastante más aburrido.

Yamaha YBR 125
Un modelo básico para iniciarse en las motos manuales
y una inestimable aliada en la ciudad

Pese a mi reticencia, me adapté rápidamente al cambio manual. Creo que fue gracias a los km recorridos con el scooter que determinados aspectos de la conducción de una moto ya estaban adquiridos, con lo que pude concentrarme fácilmente en el manejo del cambio sin desatender todo lo demás.

Además resultó que la conducción de la pequeña YBR es mucho más agradable que la del scooter. La posición, el tacto mecánico, el sonido del motor… Todo ayuda a que sientas mucho más la moto, sin filtros. Es una conducción que en cierto modo me recuerda al BMW E30 y que, una vez sustituya al mismo, siento que sólo disfrutaré con una moto.

A esto se suma lo que he dicho del mantenimiento básico. De momento me limito a la limpieza y engrasado de la cadena, ajuste de diversos elementos, sustitución de piezas sencillas, cambio de aceite y otras pequeñas cosas. Pero estas actividades crean una especie de vínculo con la moto, la sientes un poco más tuya, como cuando montas una estantería de IKEA y al acabar tienes la sensación de haber dejado en ella un pedacito de ti mismo.

Para ir acabando, destacar las dos contrapartidas más obvias del paso del coche a la moto:

> Seguridad: habitualmente siempre llevo cazadora (de invierno o de verano), guantes, casco (obviamente), pantalón reforzado (aunque en verano puede ser un suplicio) y, cuando el tiempo lo aconseja, botas. Aún con todo, siempre pulula la idea de que una mala frenada, ese coche que no te ve (o no te quiere ver), o cualquier otra cosa, te puede hacer irte al suelo y, en el mejor de los casos, darte un restregón por el suelo sin muchas consecuencias. De ahí en adelante cualquier cosa. Mil ojos, siempre, y no serán suficientes.

> Exposición a los elementos: la lluvia y el viento desaniman y te hacen estar alerta continuamente. De nieve no hablo porque ni he tenido la oportunidad ni la quiero, ya que me buscaré una alternativa antes que jugármela.

A pesar de llevar casi tres años moviéndome por esta ciudad de locos llamada Madrid, cada vez que cojo la moto me sigo sintiendo novato y como que, en cierto modo, le estoy siendo infiel a mi pasión por los coches. No obstante, cada día disfruto y aprendo más con la moto. Tanto que empiezo a plantearme el sacarme el permiso A2, pues las limitaciones de los 125cc empiezan a ser palpables y cuando toque cambiar quisiera abrir el abanico de opciones.

La próxima ya me la cojo de mi talla, que esta me tira de la sisa

Si alguno todavía estáis planteándoos dar el salto, no os cortéis. Aconsejo ir poco a poco, sin forzar la curva de aprendizaje y siempre teniendo en cuenta que, en moto, si haces algo mal, el mayor perjudicado vas a ser tú.

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