McLaren 650S. Contundencia británica.


Hoy toca lo que muchos sentís como objeto de deseo y de húmedas noches de sueños imposibles,  de amores platónicos y esperanzas de poder siquiera atisbarlo por el rabillo del ojo. Uno de esos superdeportivos que se basan en pulverizar a base de mazo el tiempo, la potencia, la aceleración, el empuje... Hoy se pasa por nuestra web el McLaren 650S y lo que contamos nos sabrá siempre a poco.




Comencemos, como siempre, hablando del exterior, con ese frontal heredado del P1 que nos deja absortos en sus líneas. Me he sorprendido al mirarlo por primera vez porque al principio llama la atención la suavidad de sus líneas y esa especie de sonrisa que dibuja su parte inferior hasta los faros que parece una carcajada dedicada hacia todos los coches que están por debajo en cuanto a prestaciones.

Pero en un segundo vistazo da la impresión de ser la cabeza de una serpiente venenosa cuyos ojos son esos faros de led que te miran buscando ese momento de relajación para atacarte y dejarte tirado sin opciones.


Me gusta el frontal musculado, ancho de fuerte presencia aunque, como decía anteriormente, de líneas suaves que nos hacen confiarnos y pensar en un coche relajado y más torpón, y nos engaña completamente porque estamos hablando de un vehículo que consigue el 0-100 Km/h en sólo 3 segundos y éso no lo hace cualquier coche.


Si seguimos recorriendo el coche por su lateral, continuará esa suavidad de líneas que nos mantendrá admirados hasta llegar al corte de las tomas de aire para el motor, que con su tamaño, nos advierten de que lo que se esconde en su interior es un corazón hipertrofiado y afinado al máximo que nos dará diversión hasta que no queramos más y nos retiremos a nuestra casa con el rabo entre las piernas y la sensación del abismo al que acabamos de acercarnos.


Por supuesto siguiendo en el lateral habremos visto esas enormes pinzas de freno y los inmensos discos de freno que asoman entre las llantas, que atraerán las miradas de más de uno y la pregunta de para qué semejantes herramientas... Y ¿que calza la bestia?, pues unas zapatillas acordes, unos Pirelli PZero Corsa de 235/35 R19 delante y 305/30 R20 detrás.

La parte trasera es muy compacta y descendiente directa de la del MP4-12C, al que casi todos coinciden llega para sustituir. Pero es un hecho incierto, ya que se sitúa justo por encima dentro de la gama Mc Laren.
Coinciden sus dos salidas de escape trapezoidales y ese alerón que parece estar ahí sin ser un elemento tan llamativo como en otros supercoches, pero cumple su función con creces, aumentando la carga trasera y la estabilidad de manera más que notable cuando circulamos a altas velocidades.

Como escribí más arriba, de 0-100 km/h en sólo 3 segundos, si vamos hasta los 200 km/h de parado la cifra sube a 8,4 segundos. Sí, de 0 a 200 km/h en lo que tardamos en llegar a 60 km/h con cualquiera de nuestros humildes utilitarios en el mejor de los casos, pensará alguno... Su velocidad máxima se sitúa en unos demenciales 333 Km/h en el caso de la variante cerrada y 330 Km/h en la versión Spyder.


Para llegar a atesorar estas prestaciones de infarto, hace falta un V8 twin-turbo de 3,8 litros heredado del MP4-12C aunque más afinado con 16 CV de regalo para dejar la cifra en 641 CV.

Enumerando las mejoras de este atleta respecto al MP4-12C, podemos decir que se han logrado a base de cambios en todos los puntos del coche; aumento de un 24% de la carga hacia el suelo gracias al rediseño del frontal, el "airbreak" (alerón trasero) se despliega automáticamente, el chasis adaptativo se ha mejorado y los modos de conducción han sufrido mejoras considerables, especialmente el modo sport y el track (no apto para personas que sufran del corazón).



Desde aquí hacemos un llamamiento a Mclaren a que nos inviten a uno de sus eventos de prueba para esta maravilla llamada 650S, recordemos que están llegando las primeras unidades de las versiones Coupé y Spider que prometen mantener las cifras y las sensaciones de esta bestia.

Seguiremos suspirando por un coche que quita el hipo y a más de uno las ganas de montarse en su coche...





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