Prueba: Maserati Ghibli 3.0 V6 Diésel.



Amigos, como diría el explorador multi-aventura Jesus Calleja; "estamos alcanzando la cumbre". Nuestra prueba dinámica de hoy es una de esas pruebas que no se olvidan tan fácilmente, y es qué probar una berlina diésel, con una estética atractiva, suficiente espacio para albergar a cuatro pasajeros de una forma cómoda, un excelente equipamiento y un maletero inmenso, no se tiene la oportunidad todos los días...

Claro, ahora me diréis que básicamente es lo normal y que un porcentaje muy alto de las pruebas que os hemos ofrecido son de berlinas diésel con esas características. Pero, ¿cuantas de esas marcas que hemos tenido la fortuna de probar tienen un tridente en la parrilla delantera?.

Exacto ninguna, y es más; me consta que pocos medios de nuestro nivel (excluyendo a las grandes publicaciones del mundo del motor) han tenido el honor de realizar una prueba en profundidad del Maserati Ghibli, así que en Motorproyect.com nos sentimos muy afortunados de poder ofreceros una exclusiva como esta.


Maserati es de sobra conocida porque en sus más de 100 años de historia, siempre nos ha ofrecido grandes deportivos y gran turismos, con una imagen bella, unos motores dignos de rivalizar con lo más granado de la "jet set" automovilística y con ese punto de clase que no tenía Ferrari o Lamborghini, coches mucho más extremos y orientados siempre a la conducción a "tumba abierta".
Casi siempre han fabricado coupés bi-plazas o para cuatro ocupantes, y en los 60´s hicieron una pequeña incursión en el mundo de las berlinas exclusivas, lanzando el primer Quattroporte, con un motor gigantesco y un tamaño acorde, además de tener incluso hasta cierto éxito comercial, siendo hoy en día, una pieza de coleccionista entendido.

También, como todas las marcas, han tenido sus momentos de "sombras" e incluso han estado a punto de desaparecer en un par de ocasiones, pero llegó el Grupo Fiat y de la mano de Ferrari, se hizo cargo de la marca del dios Neptuno. La gama se encontraba obsoleta y bloqueada, con pocas opciones de elección y todas con motores de gasolina. No puede ser; hay que hacer algo.

Sabemos que el mapa automovilístico mundial ha cambiado exponencialmente y lo que hasta hace bien poco nos podría suponer una herejía, en la actualidad es de lo más habitual encontrarnos con Ferrari híbrido, Porsche de 5 puertas y SUV, Bentley todo-camino....
Pues bien, en Maserati de momento, se han decantado por incorporar la mecánica diésel a su gama de berlinas y en el caso del Ghibli concretamente, el aumento de las ventas a nivel europeo por lo menos, ha ascendido a una mejora de más del 300% respecto a los años precedentes. Y es que está claro, que sin una mecánica de ciclo diésel, en Europa no puedes triunfar...

Pero ¿hasta qué punto es tan atractivo este coche para arañar tantas ventas a la competencia directa mucho más consolidada? Pues la razón es muy simple. Mucha competencia puede tener motores diésel bastante más potentes, el equipamiento más extenso, mejores ajustes e incluso, un precio más competitivo. Pero nunca tendrán un tridente ni en la parrilla delantera, ni en el centro del volante y eso amigos; es lo que vende...

Yo siempre he dicho que si te bajas de un Ferrari, Porsche o Lamborghini, eres un tipo al que le gustan las prestaciones y conducir, pero que si te bajas de un Aston Martin o de un Maserati; además de todo eso eres un super-clase...

Y es cierto. Durante nuestra prueba dinámica corta, pero intensa, comprobamos que eramos el centro de atención de todas las miradas cada vez que parábamos en un semáforo o circulábamos entre el tráfico lento del centro de nuestra localidad... Ups, vale, que igual no es por el coche en sí, es que llevamos el botón Sport encendido...

El botón Sport; un botón realmente mágico. Cuando circulamos de manera normal entre el tráfico, el Ghibli nos proporciona la misma experiencia que nos podría proporcionar cualquier diésel de alta gama del mercado. Un buen silencio de marcha, una comodidad estupenda, una ausencia total de vibraciones en el interior y una respuesta tranquila y sosegada si circulamos en modo normal o en modo i.c.e, que es un registro del motor preparado para la circulación relajada en ciudad, y que cuenta con el apoyo del sistema Stop&Start para reducir los consumos al máximo en estas circunstancias.
Con ello, el Maserati administra sus caballos para que nos sintamos tranquilos en esta modalidad de conducción, lo que no quiere decir que no tenga una respuesta demencial si se lo indicamos con el acelerador. Pero de momento, esos caballos están en el "banquillo"...

La cuestión es que nosotros íbamos en modo Sport y creedme, si el Ghibli fuera nuestro vehículo habitual, iríamos en modo Sport hasta el fin de sus días (o de los nuestros...).
El sonido del motor ya no es meramente diésel, ya que existen unas membranas en el sistema de escape, que varían sustancialmente el sonido hasta convertirlo en algo delicioso y adictivo.

De hecho; si nos invitasen a una concentración de Maserati de gasolina, pasaríamos totalmente desapercibidos entre la multitud. Y es que tampoco suena a el típico motor de gasolina. Es..., como decirlo; como si lleváramos entre las manos un deportivo "pata negra". Es un sonido bronco, intenso y que es capaz de ponerte los pelos de punta y hacer que la comisura de tus labios esté mucho más cerca del lóbulo de tus orejas..., estando fuera o dentro del vehículo... Será por eso por lo que nos miraban...


Y eso que solo circulábamos por la ciudad y casi al ralentí... El experimento de acelerar en vacio en un semáforo y ver las caras de la gente con la boca abierta, pensando algo así como- ¿qué motor llevará eso?- es muy divertido...

Pues os sacaremos de todas las dudas. El motor es un 3.0 V6 y además es ya conocido entre todos nosotros, puesto que lo probamos en el Jeep Grand Cherokee de hace unos meses. Pero claro; ni la respuesta, ni las maneras, ni la entrega, tienen nada que ver...


En esta ocasión, arroja 275cv al asfalto por medio de sus enormes ruedas traseras, pero el mapeado del motor, ha sido puesto a punto por los chicos que ponen a punto los deportivos más extremos de la marca italiana, así que las diferencias son bastante sustanciales.

Está asociado a una caja de cambios automática con posibilidad de secuencial de 8 relaciones y con unas inserciones de marcha muy precisas y unas transiciones perfectamente estudiadas en según que modo vayamos conduciendo. En modo i.c.e cambia apenas superadas las 1.500 rpm y en modo Sport, si llevamos el acelerador "a tabla", nos permite disfrutar del excepcional sonido hasta bien pasadas las 4.000 rpm en cada marcha.

Pero el modo secuencial es el más apropiado para realizar una conducción deportiva, ya que las enormes levas metálicas que hay detrás del también, enorme volante, tienen un accionamiento espectacular y realizan los cambios en pocos milisegundos sin tener que soltar el pie del pedal del acelerador.


Es una buena manera de replantearte la teoría del espacio-tiempo y de dejar atrás todos los problemas que hayas tenido durante el día. Es un anti-depresivo natural; un poco caro, pero muy efectivo... Y es que comprobar en tus propias carnes la aceleración que solo te pueden proporcionar los grandes superdeportivos, pero en una berlina "discreta", no tiene precio.

Sus prestaciones máximas también van acorde con lo que implica la marca y la responsabilidad que ello conlleva. Así pues, el Maserati Ghibli es un coche capaz de alcanzar el 0-100 en 6,3 segundos, pero lo más llamativo es que una vez superados esos 100 Km/h, la respuesta sigue siendo contundente hasta llegar, si tenemos los coj...., arrestos necesarios, hasta los más de 250 Km/h que es capaz de alcanzar sin inmutarse.

Eso es debido a que tiene un par máximo descomunal de 600 Nm y que la caja de cambios de 8 velocidades gestiona de una manera ejemplar.

Dinamicamente hablando, a pesar de ser una berlina de casi 5 metros y 2 toneladas de peso, se comporta con una agilidad sorprendente y nos da siempre la sensación de actuar de manera impertérrita por mucho que intentemos forzar la situación. La gracia reside en que la trasera acompaña siempre al eje delantero de una manera milimétrica y solo cuando provocamos queriendo a la zaga, el Maserati es capaz de deleitarnos con un suave deslizamiento muy controlable, ya que el ESP es en este caso un poco permisivo y solo actúa cuando de verdad la cosa se pone realmente seria, además de contar con la ayuda de un diferencial autoblocante de deslizamiento limitado, que nos permite "jugar" un poco con esa trasera con total seguridad...

No se inmuta ni a los cambios bruscos de dirección, ni a las curvas prolongadas..., el agarre es máximo en todo momento. De hecho; en alguna ocasión nos preguntamos como era posible trazar esa curva a la velocidad a la que lo hicimos. Otra situación que dilapida de un plumazo las leyes lógicas de la física.


Por supuesto, la dirección está muy bien calibrada y acata nuestras órdenes de manera diligente y con inmediatez. El equipo de frenos también actúa a la perfección cuando se trata de detener el coche en pocos metros y el tacto del pedal es muy bueno, pero debido a la masa que tiene que detener, mejor no hacerlos trabajar demasiado, ya que podrían recalentarse y aparecer el efecto "fadding" sin previo aviso.

Las suspensiones también nos sorprendieron, ya que reunían los requisitos mínimos que tiene que reunir una berlina cómoda y confortable, pero contenían muy bien las imperfecciones del asfalto y las inercias del vehículo cuando realizamos una conducción deportiva. Son cómodas en una utilización normal y efectivas en una conducción deportiva, aunque según el tipo de llanta que montemos, esa firmeza se dejará notar con más o menos nitidez en el interior.

Pero bueno; estamos hablando al fin y al cabo de una berlina, así que también tendremos que hablar de nuestras impresiones del interior y del diseño ¿no?.

Exteriormente es una berlina de tres volúmenes al uso, con cuatro puertas y tapa de maletero, que por cierto; cuenta con una enorme capacidad de 500 litros que solo se ven limitados por un acceso un tanto irregular.

El frontal se nos presenta muy poderoso y agresivo en donde el tridente cobra un especial protagonismo sobre una parrilla que parece la boca de un tiburón a punto de merendarse a los coches que se crucen en su camino y que según los diseñadores de la marca, está inspirada en aquel A6 CGS de los 50´s.
Los pilotos delanteros con iluminación bi-xenón remarcan la personalidad de este Maserati y evocan también los rasgos característicos que ya conocemos de los Gran Turismo.

La visión lateral destaca por contar con una línea ascendente hasta la zaga y unos pasos de rueda traseros muy marcados, además de por la triple branquia lateral que también forma parte de la impronta personal de la marca y que aporta una halo de deportividad extra a una berlina prestacional como esta.


La trasera es lo más convencional del vehículo y tan solo haremos reseña de unos preciosos faros de iluminación LED situados muy arriba para favorecer la visión respecto a otros vehículos y las dos salidas de escape dobles situadas en los extremos, que remarcan aun más si cabe el carácter deportivo de la marca a pesar de tratarse de una unidad con motor diésel.

En el interior, la habitabilidad es bastante buena a pesar de que el acceso es el de un deportivo al uso, ya que es más bajo que la mayoría de las berlinas de este segmento, pero una vez en el interior y acomodados en sus perfectos asientos de factura italiana, cuatro pasajeros viajarán cómodamente en su interior.

La posición de conducción se encuentra muy fácilmente y además en nuestro caso, el asiento se deslizaba eléctricamente para facilitarnos la entrada y salida del vehículo. Nos llamó poderosamente la atención el gran tamaño del volante multi-función, que por otra parte, tenía un tacto agradable y estaba forrado en perfecto cuero. Supongo que sería para camuflar de alguna manera las también enormes levas metálicas con las que disfrutamos tanto cambiando de marcha...


El cuadro de mandos es muy legible y como la mayoría de los vehículos actuales, contaba con una pantalla LCD en el centro en la que podíamos visualizar los diferentes parámetros del ordenador de a bordo.

En cuanto al panel de instrumentos, estaríamos hablando de una consola con un diseño muy limpio y liberada de botones, gracias a la pantalla multi-función táctil de 8,4", que cuenta con unos menús muy intuitivos y fáciles de usar sin apartar apenas la vista de la carretera.
Debajo nos encontramos los mandos del climatizador bi-zona y a continuación, el corto y manejable selector del cambio arropado por los botones que harán de nuestra conducción toda una experiencia; el botón encargado de pasar de manera automática a manual, el botón i.c.e para una conducción por ciudad y el botón Sport para, como hemos dicho antes, desempolvar la "caja de los truenos" y disfrutar a tope con el sonido de un auténtico deportivo.


Como guinda del pastel, la mayoría del salpicadero está forrado en auténtico cuero, cosido a mano y un reloj de manecillas que le da un toque clásico y con una factura y terminación, bastante superior a lo que nos podemos encontrar en otros coches de similares características y precio.

El equipamiento de serie será más o menos extenso según lo que estemos dispuestos a desembolsar, pero nuestra unidad contaba con elementos como el navegador, control de velocidad de crucero, sensores de lluvia y luces, sensor de aparcamiento con cámara trasera de apoyo, llantas de 18", ordenador de a bordo, Start/Stop, asientos eléctricos delanteros, tapicería de cuero, levas detrás del volante, asistente de cambio involuntario de carril, asistente de salida en cuesta o arranque por botón y apertura manos libres, entre otras cosas.



Conclusión final.

Para unos apasionados de los coches como nosotros, el tener la oportunidad de conducir un Maserati (aunque sea diésel) durante unas pocas horas, es todo un sueño.
Es una berlina sí; !!pero qué berlina!!. Es de sobra conocido que los coches italianos son más pasión que otra cosa y esa sensación se reproduce en nuestro ser cada vez que nos montamos en el Ghibli.


Hay otras berlinas de marcas más consolidadas que probablemente tengan mejores terminaciones, mayor tecnología, motores diésel más capaces y que ofrezcan unas prestaciones mayores a un precio menor. Pero nunca, nunca; llegarán a proporcionarnos las sensaciones y esa sonrisa en la cara que nos puede proporcionar un Maserati.

Prueba a reservar una mesa en el restaurante más exclusivo de tu ciudad, siéntate y deja el móvil junto con la pesada llave y el símbolo del tridente a la vista, y comprobarás como los jefes de sala te mandan un regimiento de camareros para servirte. Ahora haz la prueba con la llave de otra marca..., digamos, alemana o inglesa... (siempre hablando de berlinas...).

En Maserati han logrado reunir los requisitos imprescindibles en una berlina de gama alta, para competir de tú a tú con lo más granado del segmento actual y además lo ha hecho con una mecánica diésel de marcado carácter deportivo y con unos consumos que en el peor de los casos y dentro de una conducción normal, rara vez superarán los 8,5 litros a los 100 Km en ciclo mixto.

Es una berlina que utiliza el chasis modificado de su hermano mayor Quattroporte, pero con una carrocería más baja y unas vías un poco más anchas, lo que le confieren una conducción muy ágil y aplomada, sin menospreciar la capacidad de cualquier vehículo de alta gama de este segmento, a rodar cómodo y confortable. Nos deja disfrutar de las curvas con un agarre sorprendente y una pisada casi militar, pero también es benévolo con los pasajeros cuando circulamos en un plan más relajado.

La habitabilidad interior es muy buena a pesar de sus dimensiones de altura exterior y tan solo un quinto ocupante en la plaza central encontrará ciertos problemas debido al túnel de transmisión. El equipamiento de serie es suficiente para un vehículo de estas características, pero contamos con una buena lista de opciones con las que personalizar nuestra unidad que dependerá de lo más o menos abultada que tengamos la cartera para este menester y que contempla hasta el color con el que queremos combinar la tapicería del coche o incluso, las pinzas de freno.

El ambiénte que se respira en su interior es para sibaritas y a pesar de contar con las imperfecciones que podamos encontrarnos en cualquier  vehículo, sea del segmento que sea, el símbolo que preside el centro del volante y el sonido indescriptible del motor respirando a pleno pulmón, hacen que nos olvidemos de esas pequeñas tonterías...
Todos los pulsadores presentan un aspecto sólido y resistente al uso y algunos de los paneles del salpicadero vienen manufacturados, lo que aporta un plus de valor añadido al minimalista y limpio interior.

¿Cuales son esas imperfecciones?. Pues bobadas que además se enmarcan en el maletero en su mayoría, ya que los acabados en esa zona, con el interior de la tapa sin revestimiento o el sonido al cerrar la misma, desmerecen un poco lo que podemos esperar de un coche de la marca.
El volante, a pesar de su excelente guiado y un tacto muy agradable, también nos pareció inusualmente grande y la pantalla del navegador, aun con las siglas plateadas de Ghibli sobre su base, sabemos que también lo montan coches más "mundanos" del grupo, como el Fiat Freemont, lo cual no implica para que su funcionamiento sea excelente y su calidad de imagen también.


Pero como acabamos de decir; el símbolo del tridente ensombrece por completo esas pequeñas cosas y las restan importancia con respecto a un conjunto con una inmensa capacidad de enamorar al primer golpe de vista, o de oído...

El Maserati Ghibli es una gran berlina en muchos aspectos. Tiene un gran motor, tiene unos acabados y ajustes dignos de mención, tiene un buen equipamiento de serie, tiene una gran imagen de marca, tiene un diseño diferenciador y llamativo, tiene una comodidad y un confort de rodadura excepcional, además de un comportamiento deportivo inherente en cualquier producto de la marca del tridente.
Pero con el sonido embriagador que emana de sus escapes en modo Sport, lo que tiene es un gran espacio reservado en nuestros corazones... Esta prueba no se nos borrará de la mente...




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