Prueba: Abarth 500


Si es que en el fondo somos como auténticos niños... Hacía ya mucho tiempo que queríamos, bueno; que necesitábamos probar el pequeño Abarth 500, y hasta que no lo hemos conseguido, no hemos parado de pedirlo.

Y es que eso de probar los últimos modelos que salen al mercado está realmente bien (si como a nosotros, te encantan los coches), pero a pesar de lo que os pueda parecer, nos lo tomamos muy en serio y buscamos la manera de plasmar en palabras lo que nos ofrecen todas y cada una de las unidades que pasan por nuestras manos, de una manera que todos lo podáis entender y dejando a un lado el carácter técnico.

Pero para hacer eso, tenemos que realizar pruebas de todo tipo, en un tiempo record y algunas de ellas incluso pueden resultar monótonas, además de buscar localizaciones para las fotos y hacer las propias fotos. No os penséis que estamos todo el día probando a ver cuanto corre, haciendo cruzadas en las curvas y todas esas cosas que tan solo se pueden hacer en un circuito... Hacemos una conducción real, en situaciones reales y con unos pocos matices que provocamos nosotros, siempre que no pongamos en riesgo ni nuestra integridad física, ni la de otros usuarios y en lugares controlados.

Pero hoy va a ser diferente, porque hoy es el día en el que no solo vamos a trabajar, sino que también vamos a disfrutar de lo lindo. Después de varios intentos y de probar, prácticamente, toda la gama de Fiat 500, por fin nos encontramos en el mismo espacio-tiempo con el más deportivo de la familia, pero en esta ocasión, su emblema no es el de la firma italiana, sino que luce con orgullo un escorpión y se denomina Abarth 500. Muchos os preguntaréis porqué y nosotros, os lo vamos ha explicar.

Carlo Abarth era un ingeniero de procedencia austriaca, pero en su juventud se mudó a Italia, donde tomó contacto con el mundo de la competición desde muy pronto, pero en el mundo de las motos.
Alcanzó la gloria en varias ocasiones y logró ser pentacampeón de Europa, aunque un accidente le apartó de los circuitos. Como ya no podía seguir en la máxima competición, creó, junto con el apoyo de una recién nacida Porsche y algunos socios más, Cisitalia, en donde creaban coches de competición y cuyos inicios fueron bastante inciertos, con varios fracasos en su haber. La empresa desapareció en 1949 y durante ese mismo año, Carlo constituyó su nueva empresa que llevaba su nombre.

Comenzaron fabricando sistemas de escape, que aun hoy, siguen fabricando, pero también preparaban coches de competición, en su mayoría, sobre base de vehículos de Fiat y alguno de los cuales alcanzaron la gloria en muchos de los rallyes que disputaban. Leasé el caso del famoso Abarth 131 de los 70,s o el pequeño y juguetón vehículo original Abarth 500 de la época, que debía llevar la tapa del capó (situada en la parte posterior en donde se alojaba el motor) abierta, ya que las modificaciones y los componentes extra que le habían añadido, no cabían en el vano.

También crearon algunas unidades de calle, que hoy en día, están muy cotizadas en el mercado de los clásicos, ya que se consideran auténticas rarezas. En la actualidad; el Grupo Fiat se ha hecho con los derechos de explotación del nombre Abarth y lo utiliza para definir a los modelos más prestacionales y deportivos de su gama. El escorpión, tan solo es el signo del zodiaco del creador Carlo Abarth.

Y después de una "magistral" y rápida clase de historia, vamos a coger las llaves del explosivo utilitario italiano y vamos a meternos en el mundo de la competición. Pero nuestra particular competición del día a día, en donde tendremos que medirnos con todo tipo de vehículos, trampas mortales en forma de obras, cruces y carreteras descuidadas y en donde tienes que hacer un pilotaje muy fino para llegar a casa el primero, ponerte las pantuflas y relajarte viendo tu programa favorito.

Y es que el pequeño italiano es a fin de cuentas un urbano con el que nos moveremos por nuestras ciudades de la manera más ágil posible y al que podemos aparcar casi en cualquier hueco, por pequeño que sea. Pero la verdad, es que eso sería más apropiado para la versión estándar del 500, ya que la configuración del Abarth, nos invita a dejarlo guardado en nuestro garaje y sacarlo tan solo cuando necesitemos liberar cantidades ingentes de adrenalina.


Como una bola anti-estrés, como una cerveza con los amigos, como "cebarse" dando puñetazos a un saco lleno de arena con la foto de tu jefe, como realizar puenting y gritar hasta quedarse afónico, como una noche de sexo descontrolado; así es el Abarth 500. Es un coche para disfrutar y liberar tensiones. Es la definición perfecta...

Sí, también es un urbano vacilón gracias a su tamaño compacto de tan solo 3,66 metros y a sus aditamentos estéticos, como esas preciosas llantas multiradio, los parachoques delantero y trasero específicos, este último con difusor, un alerón sobre dimensionado y la doble salida de escape, que por cierto, emana un sonido al ralentí bastante sugerente y que invita a pisar el acelerador cuanto antes.

Por todo lo demás, es un 500 "cualquiera", pero con cara de más mala leche. Bueno, la cara y el corazón, ya que a pesar de que el objeto de nuestra prueba era la versión estándar de Abarth, el corazón de esta pequeña bestia del asfalto arroja una cantidad de potencia considerable para tratarse de un coche que no llega a la tonelada de peso.

Se trata de un 1.4 con turbo, con 135cv y 180 Nm de par máximo. Pero eso es en condiciones normales, ya que el Abarth 500 esconde un as debajo de la manga.
Resulta que en el salpicadero, nos encontramos un botón con la nomenclatura Sport, que al pulsarlo, observamos como el cuadro digital cambia minimamente su configuración y comienza a mostrarnos un gráfico con las fuerzas G, el indicador de la presión del turbo situado a la izquierda del marcador cambia de color y tanto la dirección, como el control de estabilidad, como el control de tracción (que cuenta con un botón aparte para conectarlo y desconectarlo), se ponen en guardia para hacernos entender que la cosa se puede poner muy seria.


Es entonces, cuando sin nosotros saberlo, aunque podamos intuirlo, la mecánica puede alcanzar hasta los 204 Nm de par máximo. Lo notamos en las aceleraciones más contundentes, que sin el botón Sport activado ya eran impresionantes, con el botón Sport activo, resultan escalofriantes...

No obstante; hablamos de un coche que acelera de 0-100 Km/h en unos instantáneos 7,9 segundos y que alcanza una velocidad máxima de 205 Km/h. Y no dudamos que alcance esas velocidades y algo más, ya que con el pequeño Abarth resulta complicado mantener las marchas legales de cada vía, porque el coche cada vez te pide más y más.

Eso influye de alguna manera en sus consumos, que sin ser disparatados, son un poco más altos que la media, con 7,9 l/100 Km en una conducción normal, y que si realmente hacemos el tipo de conducción que nos pide el Abarth, se estabilizarían en algo más de 8,5 l/100 Km.

Pero ese dato no importa si el disfrute que tenemos con el pequeño de la familia es mayúsculo... En nuestro caso, teníamos la caja manual de cinco relaciones, que se encuentra muy cerca y en una posición óptima para realizar la secuencia de los cambios con una rapidez pasmosa. Las inserciones son muy precisas y los recorridos extremadamente cortos, lo que invita continuamente a utilizarla. En opción, también podemos adquirir el Abarth 500 con una caja automática con levas en el volante.

Y ya que estamos en el interior, vamos a hablar del habitáculo, que relativamente no cambia mucho respecto al de un Fiat 500 normal. Los elementos más apreciables son unos excepcionales asientos deportivos que sujetan el cuerpo a la perfección, unos pedales con terminación en aluminio, un volante deportivo con el símbolo del escorpión en el centro y el indicador de la presión del turbo suplementario.


Lo demás, es igual que el de un Fiat 500; materiales de calidad suficiente, con unos ajustes aceptables y con los mandos muy a mano, cosa lógica por otra parte, si tenemos en cuenta que en cuestión de habitabilidad es lo que es...

No es un coche muy apto para personas que superen 1,80 metros de altura, pero todo aquel que ande por debajo, se sentirá muy cómodo en cualquiera de sus plazas. Sorprendentemente, me imaginaba unas plazas posteriores mucho más angostas, pero yo que mido 1,73 aproximadamente, me encontraba a la perfección, con suficiente espacio para las rodillas y respecto al techo. Pero Hector, el fotógrafo, que es bastante más alto, tocaba directamente con la coronilla.

El equipamiento disponible en nuestra unidad de pruebas, no es que fuera especialmente extenso, pero ¿donde has visto un coche de rallys con un gran equipamiento?, es más; ni siquiera un Ferrari o Lamborghini cuentan con un gran equipamiento. Están fabricados solo para conducir.

Aun así, teníamos climatizador automático, asientos deportivos, llantas de 17 pulgadas, dirección de asistencia variable con volante multifunción, equipo de sonido con entrada auxiliar y puerto USB, indicador GSI de marcha óptima, elevalunas eléctricos y control de tracción, entre otras cosas.


Opcionalmente podemos instalar un sistema muy preciso de telemetría, que nos indicará toda la información recopilada en un viaje, en un tramo, o incluso, en un circuito. Y es en un circuito en donde el Abarth 500 se sentiría como pez en el agua...

Al ser un coche tan pequeño y con un motor tan explosivo, las sensaciones que produce en todo momento son de lo más variopintas. Pasamos del disfrute, a la concentración, al placer, al silencio, a la risa nerviosa... y todo; en menos de un minuto. Lo único que no te provocará este coche nunca, es la sensación de miedo.

Siempre nos invitaba a buscarle los límites y es que el sonido que emana de su doble salida de escape es como un mensaje subliminal que nos "taladra" en el cerebro directamente, que debemos pisarlo más. El pequeño Abarth nos deleita con una aceleración digna de muchos compactos deportivos del segmento superior y los frenos específicos y con una mordida considerable, nos ayudarán a la hora de apurar la frenada hasta el último instante antes de afrontar una curva.


Las curvas de un puerto de montaña, por ejemplo, las podemos tomar de varias maneras y con diferentes trazadas si queremos, que el Abarth no se inmutará lo más mínimo. La dirección con ese volante grueso y pequeño como timón de mando, es realmente quirúrgica y la precisión milimétrica con la que acata nuestras órdenes nos permitirá comprobar que una curva se puede tomar de múltiples formas, pero nunca mal. Además, al tener tan poca distancia entre ejes, se comporta como un coche extremadamente ágil y las posibilidades de que perdamos agarre de la parte trasera en las horquillas más cerradas es realmente imposible.

Por donde pasa el morro, pasa la zaga y es más; si llevamos activado el modo Sport, el diferencial autoblocante electrónico nos ayudará siempre a que la trasera termine por redondear las curvas y afrontar las rectas sin ningún tipo de demora y acelerando como si no hubiera un mañana.

El Abarth 500 se conduce como un auténtico deportivo, con la salvedad que nuestra situación al volante es más elevada. Por ese motivo, al ser tan elevado y corto, desde dentro nos puede dar la sensación de que podemos balancear en exceso con una sucesión de curvas, y acabar haciendo la peonza en cualquier momento, pero nada más lejos de la realidad. El pequeño utilitario italiano cuenta con un esquema de suspensiones muy firme, que en ocasiones pueden resultar hasta demasiado secas, que nos permite unos cambios bruscos de dirección increíbles sin que el coche pierda la motricidad y la tracción en ningún momento y que tan solo vendrá condicionado por el estado en el que tengamos los neumáticos.

Estas suspensiones son muy efectivas en una conducción deportiva, pero obviamente, penalizan el confort interior en viajes largos o incluso, circulando por la ciudad. De hecho, circulando por una carretera recién asfaltada, hubo momentos en los que mi voz se convertía en un balido de oveja, ya que las pequeñas imperfecciones del asfalto, totalmente imperceptibles por el ojo humano y que no había rematado la apisonadora de obras, en el Abarth se notaban y sentían de una manera muy nítida.


Eso es una ventaja para el conductor que sabe perfectamente lo que está pasando debajo de las ruedas, pero es realmente incómodo a la hora de realizar una conducción relajada. Por eso; como hemos dicho desde el principio, es un urbano sí, pero es más bien un deportivo para disfrutar conduciendo en escapadas de fin de semana que para nuestra particular "carrera" diaria.



Conclusión final

Definitivamente, el Abarth 500 nos ha cautivado. Probablemente sea un coche muy radical para nuestro día a día, probablemente sea un coche poco apto para realizar largas travesías y probablemente sea bastante pequeño para utilizarlo como coche familiar. Pero es también, probablemente uno de los coches más divertidos y efectivos que conduciréis en vuestras vidas...


No lo aparenta, con esa carrocería coqueta de urbano "chic", pero los complementos deportivos estéticos que observamos a simple vista, nos dan una pista que el 500 ya no es exclusivamente un coche "de chicas" (y no pretendo ser machista con este comentario...). El escorpión a punto de atacar que vemos tanto en la parrilla como en los laterales de la carrocería, también nos invita a pensar que estamos ante algo muy especial.


Pero es en el momento en el que arrancamos el impresionante motor 1.4 con turbo, en el que nos damos cuenta que ese sonido que gorgotéa y que procede de la doble salida de escape, nos va a proporcionar una experiencia única desde el primer instante en el que insertemos la primera y pisemos con decisión el pedal del acelerador.

El Abarth cuenta con una aceleración realmente bestial y que se incrementa cuando pulsamos el botón Sport, además de condicionar al coche (y a nosotros mismos), para realizar una conducción extremadamente dinámica. Dirección, sistemas electrónicos y rendimiento del motor, se preparan para el ataque y nosotros, nos debemos concentrar para pasar por ese tramo cada vez más rápido. El resto; lo hace el coche...

Gracias a una dirección milimétrica con la precisión de un bisturí, podremos guiar nuestros pasos exactamente por donde queremos y si hay algún susto o problema en alguna curva, que sepáis que es culpa vuestra. Gracias también al emulador electrónico de un diferencial autoblocante y su corta distancia entre ejes, el comportamiento del conjunto es realmente delicioso y especialmente ágil, por lo que nos dará la impresión de que somos unos excepcionales pilotos de rallys, cuando en realidad es el pequeño italiano el que está haciendo la mayor parte del trabajo...

Las suspensiones son muy duras, para evitar ningún tipo de balancéos en los cambios de dirección a un ritmo endiablado. Nos permite realizar ejercicios que no nos atreveríamos con casi ningún otro vehículo y saber que es lo que ocurre debajo de los neumáticos, pudiendo controlar de manera muy fiable cual es el límite de adherencia de los mismos y hasta donde podemos "jugar".

El problema viene cuando no estamos realizando esa conducción deportiva, puesto que son tan secas, que cualquier imperfección del asfalto se transmite al interior de una manera fiel, por lo que, teniendo en cuenta como están la mayoría de las carreteras españolas de "bien conservadas", nos puede resultar un poco incómodo en nuestra rutina diaria.

Punto y a parte es el sistema de frenos, ya que tienen una excelente dosificación del pedal y una mordida espectacular. Además parecen inagotables hasta en las condiciones más exigentes.

El interior puede alojar hasta a cuatro ocupantes (si no son especialmente altos los que les toquen las plazas traseras), que podrán disfrutar de las virtudes y la deportividad del urbano transalpino. Eso sí, no se os ocurra llevar mucho equipaje, puesto que el maletero tiene una capacidad tan solo justa.

Se conduce como un auténtico deportivo y eso se nota nada más sentarnos en sus excelentes asientos integrales de tipo baquet, que nos arropan de manera perfecta sujetando dorsales y caderas. La posición sí que es un poco más alta que en un deportivo al uso, pero es un pequeño detalle que se nos olvida al ponernos en marcha.

El interior, con excepción de pequeños detalles, es similar al que nos ofrece cualquier Fiat 500, con todos los mandos muy a mano y sobre todo, y muy importante; con la deliciosa palanca de cambios en una posición muy alta y accesible.


El cuadro de mandos cuenta con una información muy relevante sobre la pantalla central digital, en el que se incluyen las fuerzas G soportadas cuando activamos el modo Sport, además de contar con un indicador suplementario que nos muestra la presión del turbo.
Mentiría si os digo que el equipamiento de serie no tiene parangón en su categoría, pero no obstante, tiene lo justo y necesario para que solo nos tengamos que preocupar por disfrutar conduciendo.


La verdad es que el Abarth 500 es una auténtico juguete para mayores. No es apto para "abuelitas" de la conducción, sino que está pensado para todos aquellos que desean experimentar las sensaciones extremas que pueden experimentar los pilotos más avezados.

Es muy divertido de conducir y es capaz de convertirnos en pilotos, ya que gracias a su agilidad, su sencillez, su aplomo y su efectividad, es un coche que nos permite hacer auténticas burradas al volante y que nos perdona, prácticamente de todo.


Como hemos indicado al principio, probablemente no sea un coche que nos guste utilizar todos los días, pero lo que es seguro, es que es un coche que nos gustará disfrutarlo cuando lo utilicemos. El Abarth 500 nos hará mucho más felices...


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