Prueba: Maserati Quattroporte 3.0 V6 Diésel

Maserati es una gran marca de prestigio que durante los más de 100 años de su existencia ha tenido altibajos considerables e incluso, estuvo a punto de extinguirse recientemente. Pero también ha vivido épocas doradas en las que el glamour, los éxitos deportivos y la jet set europea y norteamericana, hicieron de la firma italiana sinónimo de elegancia y deportividad.


Quién no recuerda a esas joyas de la competición con el enorme tridente en el radiador y que ahora se cotizan a precios desorbitados en los concursos de elegancia y en las subastas más prestigiosas. Joyas del asfalto, con bellos diseños de los carroceros más prestigiosos y de renombre de los años dorados de la "dolce vitta", como el Ghibli original, el 3500 GT o el simpático Merak. También iniciaron en los años 60´s la comercialización del Quattroporte, con un gran éxito comercial y muy del gusto de los padres de familia más adinerados de la época, ya que se trataba de una berlina enorme con tendencias deportivas en su conducción.

Básicamente, se trataba del mismo concepto que podemos ver hoy sobre estas líneas, pero del original al actual, han ocurrido muchas cosas y la marca del tridente ha pasado por muchas manos, hasta acabar, y como no podía ser de otra manera, bajo el control del gigante italiano Fiat.

Sergio Marchionne, CEO de la multinacional, no podía dejar que una marca como la del tridente desapareciera sin más, y gracias a su gestión; hoy podemos decir que es una de las marcas más rentables del Grupo, a pesar que sus productos sean para clientes con solvencia, pero eso sí; que saben lo que quieren y lo que compran.

Los clientes de Maserati son clientes que buscan las diferencias ante todo, para los que el diseño es un valor añadido y la conducción deportiva una condición indispensable. Maserati es clase, privilegio, prestancia, prestaciones y el gusto por lo exquisito, por eso sus clientes son especiales.


Pero con eso no basta y una marca que fabrica sueños, pero que tan solo cuenta en su gama con tres modelos y todos ellos de gasolina y con motores muy potentes y espectaculares, no puede sobrevivir a la vorágine comercial actual y a las demandas del público en general.

Parecerá un sacrilegio, pero la incorporación de mecánicas diésel en la marca del tridente, salvó, y de qué manera, los muebles. La pregunta fue la siguiente; ¿por qué no se puede ofrecer un mismo producto, con unas prestaciones propias e intrínsecas en la marca, pero apto para realizar largos recorridos con el menor consumo posible?.


La demanda de mecánicas diésel en Europa ha sido la piedra filosofal para muchas marcas que han tenido que claudicar a ese hecho y Maserati no ha sido una excepción. Pero gracias a esos nuevos propulsores, la impronta italiana está batiendo records de ventas en su segmento, ya que muchos de los potenciales clientes veían a Maserati como un capricho inalcanzable y algo con lo que disfrutar conduciendo, pero inviable para una utilización diaria y ahora, perciben a los modelos diésel como una alternativa a los gigantes y superventas alemanes (bueno..., todo lo superventas que pueden ser las berlinas de lujo), que se habían acostumbrado a copar ese trozo de pastel.

Es el caso de nuestra unidad de pruebas de hoy y el buque insignia de la marca italiana; el Maserati Quattroporte.


Es una alternativa especial a los Mercedes Clase S, BMW Serie 7 o Audi A8, los coches preferidos de los grandes empresarios y gente de bien, que tienen que recorrer cientos de kilómetros a la semana y que no quieren dejarse "la vida" en combustible. Una mecánica diésel es lo más racional y sumado a la tecnología, la seguridad, las prestaciones, el confort y la imagen, que nos ofrecen, hacen de ese tipo de berlinas superiores un "caramelito" para ese tipo de clientela.

Pero hay otro tipo de clientes que buscan algo más que todo eso y por eso existen coches como el Bentley Flying Spur, el Porsche Panamera o, por supuesto, el Maserati Quattroporte. El primero nos ofrece un punto más de lujo y sofisticación (aunque no existen mecánicas diésel en este caso), el segundo, se decanta por ofrecernos un tacto mucho más deportivo y el protagonista de nuestra prueba de hoy, nos ofrece un equilibrio perfecto entre esos dos conceptos.

Y es que para empezar; el Maserati Quattroporte es puro diseño italiano. Sus líneas guardan esa personalidad que nos ofrece la marca y su carrocería se nos presenta con unas enormes proporciones pero no obstante, al mantener una línea tan dinámica, el coche no nos da la sensación visual de ser tan aparatoso. Pero en realidad lo es, con 5,26 metros de longitud se nos antoja extremadamente largo y un poco engorroso para circular y aparcar diariamente por las grandes ciudades, aunque lo curioso, es que una vez en marcha y en carretera abierta, esa impresión se disipa totalmente y el Quattroporte  nos da la sensación de ser mucho más compacto de lo que en realidad es.

No se si será por su afinado chasis o por qué, pero la verdad es que su conducción se asemejaba más a la del Ghibli del que hablamos en esta publicación hace unos meses, que a la de un coche tan sumamente grande y que a priori, debería ser bastante más "torpe" en reacciones.

Nada más lejos de la realidad. El Quattroporte se comporta de una manera muy noble y mantiene un toque deportivo, esencial para la marca italiana, pero sin menospreciar el confort, que también para eso se trata de una berlina de categoría superior.


Parece mentira que un coche de estas características sea tan deportivo, a pesar de su envergadura, de su mecánica diésel y de su concepto de berlina clásica. Es un vehículo con el que afrontar un largo viaje por carreteras de doble carril y a velocidades medias-altas (aunque la DGT no nos lo ponga fácil), es una tarea sencilla y nos ofrece un rodar extremadamente confortable y muy silencioso en el interior.
Peeeero; si nos vamos por esas carreteruchas cántabras y asturianas que todos conocemos, con un desnivel importante que afrontar y un asfalto bastante bueno, pero con vías estrechas, sin arcén y con curvas imposibles, el Quattroporte es capaz de deleitarnos con un comportamiento ejemplar y unas reacciones espectaculares en el paso por curva. Nos permite deslizar mínimamente la zaga (con el modo Sport activado) para terminar de redondear el viraje, pero siempre con seguridad y mucho tacto por parte de la dirección, unos frenos inagotables y una aceleración brutal y la única limitación a la diversión que nos encontraremos, es la dichosa longitud del propio coche.

Todo se soluciona a base de agarre extremo y por medio de un esquema de suspensiones muy acertado y que combinan muy bien la sensación de confort y la absorción de las irregularidades del asfalto, con ese tarado deportivo e inamovible que nos permite ciertas licencias en una conducción dinámica.

Al igual que el Ghibli, tiene un botón con la nomenclatura Sport al lado del selector del cambio, que transforma, y de qué manera, las reacciones del Quattroporte. Para empezar, el sonido del motor diésel que emana por sus escapes, que ya de por sí está afinado para que no suene tanto a "petrolero", se convierte en un rugido espectacular digno de un superdeportivo coupé y que hace girar las cabezas de todos aquellos que se encuentren alrededor del coche en un semáforo o a su paso por las calles en plena aceleración. También, como hemos dicho anteriormente, hace que el ESP sea un poco más permisivo y de esta manera podemos realizar pequeñas cruzadas tan solo a golpe de acelerador y volante. Pero no os emocionéis, ya que os recordamos que a pesar de su nobleza de reacciones, y de una dirección extremadamente directa y comunicativa, seguimos hablando de una berlina de más de 5 metros y hay que tener mucha sangre fría y manos para aprovechar ese deslizamiento y potencia del motor, para catapultarnos hacia la siguiente curva con la mayor celeridad posible.

Y hablando de potencia; en eso tiene que ver mucho la mecánica ¿no?. El motor elegido es un 3.0 V6 de ciclo diésel con 275cv de potencia y unos impresionantes 600 Nm de par máximo, que se transmite a las ruedas posteriores por medio de una caja de cambios automática de 8 relaciones, perfectamente escalonadas y que en grandes aceleraciones no actúa hasta alcanzar las 4.000 rpm, haciendo los cambios sobre las 1.700 rpm en condiciones normales de conducción.

Los consumos homologados por la marca son de unos frugales 6,2 litros, aunque en condiciones de conducción real, estos sean en torno a 8 o 9 l/100 Km, lo que tampoco está nada mal si tenemos en cuenta las prestaciones que nos ofrece y la estructura que tiene que mover. Es capaz de alcanzar los 100 Km/h desde parado en tan solo 6,4 segundos, llegando sin problema hasta los 250 Km/h de velocidad punta.

Está fabricado por VM Motori, una empresa perteneciente al Grupo Fiat y cuyo creador, ha sido durante muchos años ingeniero de la Scuderia Ferrari de F1, por lo que las prestaciones y las sensaciones están más que justificadas.


Pero pasemos al interior, ya que gracias a una distancia entre ejes de 3,17 metros, tenemos mucho de lo que hablar respecto a habitabilidad, confort y equipamiento, no sin antes, detenernos un poco en el enorme maletero que cuenta con una impresionante capacidad de 530 litros y el cual, está perfectamente tapizado en una suave tela aterciopelada, pero cuyo acceso se ve limitado por un hueco un poco angosto.


El habitáculo por su parte, es realmente suntuoso y está rematado con materiales de muchísima calidad y un gusto espectacular por lo exquisito. Nos dan la bienvenida unos perfectos asientos de cuero, en este caso, de un color marrón muy original y cálido, con esa terminación y acabados manufacturados propios de la marca italiana y con el escudo de la marca en relieve en todos y cada uno de los reposacabezas. La sensación es la de estar entrando de lleno en el mundo del lujo por la puerta grande...

El salpicadero y el cuadro de mandos combina ese mismo cuero cosido a mano, con otro tipo de cuero para el volante y otros elementos, con inserciones de auténtico aluminio pulido y madera por doquier. Dicen que la madera en los salpicaderos ya no se lleva y está en desuso, pero al Maserati Quattroporte le quedaba realmente bien y es que no obstante, a pesar de su carácter deportivo seguimos hablando de una gran berlina de clase bussines.

La posición de conducción es bastante baja, aunque encontramos la postura idónea casi al momento, gracias a los múltiples reglajes de los asientos eléctricos, que además, cuentan hasta con tres memorias para que ni tú, ni tu pareja, ni tu... ¿chofer?, tengáis que buscar vuestra postura ideal cada vez que cojáis el Maserati.


Sí que es cierto, y creo que lo comentamos también con el Ghibli, que el volante multifunción puede parecer un poco grande, pero es un detalle al que te acostumbras rápido y gracias a su buen tacto y su precisión de guiado, pasará desapercibido a los pocos metros recorridos. Por su parte, la información procedente de la capilla de relojes es perfectamente legible y suficientemente clara para consultar los parámetros más importantes al primer golpe de vista.

Como podríamos esperar, también el equipo de serie es de lo más apetecible y entre otras exquisiteces que ya os hemos comentado como la tapicería de piel y asientos delanteros eléctricos, con tres memorias y además térmicos, cuenta también con elementos como el completo equipo multimedia con pantalla táctil de 8,4 pulgadas que incluye funciones de navegador, ordenador de a bordo y equipo de sonido con 10 altavoces y disco duro, faros bi-xenón adaptativos, sistema de acceso y arranque Free Key, asistente de arranque en pendientes, techo solar practicable eléctricamente, climatizador bi-zona, que opcionalmente puede ser de hasta cuatro zonas, llantas de 19 pulgadas, que también pueden ser de hasta 21 pulgadas con sobrecoste, sensores de lluvia y luces inteligente, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara trasera... Como no podría ser de otra manera, en Maserati también cuentan con sus departamentos de personalización para los clientes más exigentes y podremos elegir lo que queramos incluir en nuestro futuro Quattroporte, por muy descabellado que parezca y aunque no venga dentro de la lista de opcionales.


Todo está orientado al disfrute de los sentidos y el confort de los afortunados ocupantes, tanto de las plazas delanteras como traseras, que gozarán también del ambiente sibarita que se respira en todo el habitáculo y unos butacones de auténtico lujo, con mucho espacio disponible para las piernas, y respecto al techo.

Conclusión final.

¿Queréis una gran berlina de lujo, con una imagen diferenciadora, una gran tecnología, un motor potente y parco en consumos, una gran habitabilidad, pero que además del lujo, os ofrezca un grado de deportividad considerable? El Maserati Quattroporte es vuestro coche...


Puede que nos sea el motor diésel más potente del mercado, ni que algunos acabados sean tan buenos como los de algunos de sus competidores alemanes, ni siquiera la tecnología que incorpora sea lo último en seguridad, confort o ayudas a la conducción, pero Maserati no necesita ofrecer lo mismo que sus competidores. De hecho; perdería su encanto.

Por ejemplo, la mecánica no es de las más potentes del mercado, pero no es la potencia en sí, sino la forma que tiene el Quattroporte de entregarla y que ni por casualidad, pueden soñar el Clase S, BMW 7 o Audi A8. Son las sensaciones que produce una gran berlina con un carácter deportivo marcado en su propio ADN y que no tienen el resto. Ese sonido, aunque sea sintetizado en parte, ese empuje, la forma de reaccionar de una carrocería de 5,26 metros de largo..., todo eso son emociones que no nos pueden ofrecer las grandes berlinas alemanas, a no ser, que escojamos sus variantes más radicales de gasolina; pero ya estaríamos hablando de otro tipo de coches...

Los acabados pueden ser también mejores en otras marcas, o más mullidos o más agradables al tacto, pero la manufacturación y la exclusividad de que algunos de los paneles estén realizados por artesanos tapiceros que cosen el cuero a mano, no te lo pueden ofrecer las demás marcas que fabrican esos paneles en serie, aunque sean de un buen cuero. Algunos remates finales, también realizados y ensamblados a mano por operarios de la marca del tridente, marcan las diferencias y aportan un grado de exclusividad y trato personalizado al cliente que tan solo pueden ofrecer las marcas más lujosas.

El Quattro porte puede que tampoco cuente con los últimos avances en materia de tecnología aplicada al automóvil, pero ahí también radica su encanto. Tiene todo lo necesario para aportar una vida muy confortable a cualquiera que ocupe sus enormes y cómodas plazas y el equipamiento de seguridad y control suficiente para poder realizar una conducción pura y sin artificios. El conductor es el auténtico protagonista y el que sentirá una enorme satisfacción cada vez que coja el volante del Quattroporte y escuche el gorgoteo que emana de sus escapes. ¿Para qué queremos que el coche conduzca solo, que frene por nosotros mismos o que nos meta de nuevo en el carril porque recortemos en las curvas y pisemos un poco la línea del arcén?. !Por Dios! que estamos conduciendo un Maserati...


Por supuesto, lo que sí que nos ofrece la marca del tridente que no nos ofrecen los demás, es una gran imagen diferenciadora. Hoy en día y después de varios lustros copando el mercado de su categoría; cuando vemos un Clase S, un Serie 7 o un A8 lo hacemos con cierta indiferencia, aunque sean auténticas joyas de la carretera y unos auténticos muestrarios rodantes de poderío, tecnología, prestaciones y lujo. Pero es que son más de lo mismo (sin menospreciar ni mucho menos a esos coches y a esas marcas...). Son coches serios, rotundos, implacables..., vamos; muy alemanes, muy... "Merkel".


En cambio; si vemos pasar a nuestro lado un Quattroporte, con esa bella carrocería, esas curvas tan sugerentes una imagen mucho más fresca y poco vista, esa presencia, ese halo sibarita que desprende y sobre todo, ese sonido embriagador que a todos los amantes de los automóviles nos volverá locos, lo miraremos con deseo, con curiosidad y con mucha, mucha, envidia... Como si viéramos pasar a la típica modelo de alta costura y con clase, agarrada de la mano con su novio "macarra" adinerado.

Y es que la tecnología se paga, sí, el lujo también, sí, el espacio, sí, el confort, sí, pero; ¿cuanto valen las sensaciones? Eso sólo nos lo pueden ofrecer marcas como Maserati...







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