Prueba: Ford C-Max 1.5 TDCi Titanium.

Hace muy poco tiempo que el Ford C-Max nos ha mostrado su nueva cara, sus nuevas mecánicas y sus extensos equipamientos y desde que lo vimos por primera vez, nos enamoró ciegamente, ya que se trata de una alternativa muy capaz, muy atractiva y bastante razonable a los omnipresentes SUV.


Además de un mayor espacio interior y una gran versatilidad, contamos con el aliciente que se monta sobre la base del chasis del Focus, una de las plataformas más equilibradas y ágiles del mercado, por lo que las sensaciones de conducción, poco o nada tienen que ver con las que nos podamos encontrar en cualquier otra carrocería monovolumen del panorama actual.

El C-Max lo tenía bastante complicado a la hora de impresionarnos, ya que realizamos la prueba el mismo día en el que devolvíamos el Maserati Quattroporte del que os hablamos la semana pasada, por lo que pasar a un "simple" monovolumen después de haber disfrutado de una berlina de representación deportiva, tendría que haber sido como pasar de viajar en la clase bussines de un Airbus, a sus bodegas de carga.

Pero no. Nada más sentarnos en el C-Max, comprobamos que también podía ser un gran representante de la clase bussines, aunque eso sí, siempre dentro de su categoría. La posición de conducción la encontramos fácilmente y nada más sentarnos, nos encontramos muy cómodos y dispuestos a devorar kilómetros con el monovolumen compacto de la marca americana.

Todos los mandos se encuentran muy a mano y su cuadro es muy intuitivo, como viene siendo habitual en toda la gama Ford, que siempre cuida esos detalles. No obstante, contamos con la ayuda del sistema SYNC 2 de reconocimiento de voz, por medio del cual, podemos ordenar a nuestro coche casi cualquier cosa, desde regular la temperatura del climatizador bi-zona, pasando por sintonizar la radio o llamar a alguien, gracias a la vinculación de nuestro smartphone y a la sincronización con el sistema y todo ello, sin soltar las manos del volante.

La verdad, es que no nos cansaremos nunca de decir que el desarrollo y el funcionamiento de este sistema es realmente perfecto y entiende sin problema todo lo que ordenemos. 


Pero a lo que vamos; el habitáculo del C-Max está perfectamente estudiado para y por, el confort de sus ocupantes y la comodidad del conductor. Es realmente espacioso en todas sus cotas, a pesar de tratarse de un monovolumen compacto que tan solo cuenta con 4,37 metros de longitud, pero nunca tendremos ningún problema en ninguna de sus cinco plazas ni por anchura, ni por altura, ni por espacio para las rodillas.

Además, su banqueta posterior se puede desplazar unos centímetros hacia adelante o hacia atrás, para favorecer la estancia de sus pasajeros o bien, aumentar la capacidad de carga del maletero. Con la posición más retrasada de esa banqueta, contamos con 471 litros hasta la bandeja y que aumentaría hasta los 666 litros si lo cargamos hasta el techo, pero solo si llevamos el correspondiente separador para el habitáculo.


¿Qué os parece poco?. Pues entonces Ford tiene un plan B para vosotros, ya que también existe una carrocería más capaz denominada Grand C-Max, con 4,51 metros de longitud, más espacio interior y por supuesto; un mayor maletero que en el peor de los casos tiene una capacidad de 600 litros y la posibilidad de adquirirlo con 7 plazas, con lo que nos quedaría un espacio de carga similar al del C-Max, con 475 litros. También cuenta con puertas traseras correderas, para una mayor comodidad de acceso a esas amplias plazas extra.

Pero hoy estamos probando el C-Max y como siempre, haremos una reseña al diseño. No parece que haya cambiado en exceso, aunque los ligeros cambios le sientan muy bien al monovolumen compacto de la firma americana.


Básicamente se han centrado en los pilotos y en la incorporación de la nueva parrilla delantera tipo "Aston Martin" que estrenaron con el nuevo Mondeo y que poco a poco se está convirtiendo en una de las señas de identidad de la marca. Los pilotos para esta ocasión, se nos presentan con un diseño más afilado y vanguardista, con la incorporación de las luces diurnas de LED en la base de los faros frontales, que pueden ser también Bi-xenón con función de viraje dinámico, para que nunca tengas falta de visibilidad. Los traseros tienen un toque bastante similar también a los del buque insignia Mondeo, situados en una posición elevada y que sirven como punto final a la línea ascendente que mantiene la carrocería en el lateral y que le aporta ese dinamismo que se le supone casi a todo Ford que se precie.

Pero pasemos al interior, ya que si bien es similar al que nos podamos encontrar en toda la gama Focus, lógicamente en el nuevo C-Max la posición de conducción es bastante más elevada y natural.
Enseguida encuentras la posición perfecta para comenzar a rodar y es que ese es uno de los puntos fuertes de la marca, y nunca nos cansaremos de decirlo.


Los asientos son muy cómodos y la sujeción que nos ofrecen es perfecta para un coche de estas características y pretensiones, aunque quizás sean un poco más envolventes que en el resto de sus competidores por aquello de que se trata de un monovolumen especialmente ágil, como veremos más adelante.

En el cuadro de mandos nos encontramos con mucho orden y una gran pantalla táctil de 8 pulgadas, totalmente configurable al gusto y con mucha información relevante en todo momento, una alta legibilidad y un manejo muy intuitivo. Pero como siempre; además de la gran ergonomía de la que gozan los modelos Ford, tampoco nos cansaremos de decir y vanagloriar al excelente sistema de reconocimiento de voz SYNC 2, que nos permite realizar, activar o consultar, cualquier función o parámetro del vehículo con sencillos y simples comandos de voz, por lo que apenas tendremos que soltar las manos del volante para activar cualquier elemento, desde el manos libres, pasando por la climatización, la radio...

La capilla de relojes también nos ofrece una gran información relevante procedente del ordenador de a bordo y el volante multifunción nos ayuda a la hora de activar el Bluetooth, el control-limitador de velocidad de crucero, manejar el equipo de audio, por eso de que igual no queremos hablar con el coche y parecer unos locos...

Por lo demás y como equipo de serie en nuestra versión con el acabado Titanium, nos podemos encontrar con el sistema de aparcamiento asistido, que nos permite aparcar de una manera totalmente autónoma, tan solo estando pendientes de los pedales y la palanca de cambios. Es un sistema que funciona de una manera excelente y es capaz de aparcar hasta en los huecos más justos, tanto en batería como en línea. Sensores de aparcamiento y protección integral de proximidad 360º, con asistente de cámara trasera, climatizador bi-zona, sistema de apertura y arranque por botón, sensor de lluvia y luces, espejo interior fotocromático, asistente de arranque en pendientes, Start-Stop y el sistema de apertura automática del portón del maletero.

Este sistema viene muy bien cuando vamos cargados y tenemos las dos manos ocupadas. Con un simple movimiento del pié por debajo del parachoques trasero, siempre y cuando llevemos las llaves encima,, el portón del maletero se abre como por arte de magia, permitiéndonos de esta manera acceder al mismo sin tener que dejar lo que llevemos a cuestas en el suelo.

La verdad es que Ford no deja muchos flecos sueltos dentro del habitáculo, ni en cuanto a equipamiento disponible, ni en cuanto a ergonomía, ni en cuanto a materiales utilizados y ajustes, ya que sin ser nada fuera de lo común, los plásticos utilizados y el ensamblaje de los mismos, nos ofrecen una gran calidad.


En cuanto a la habitabilidad interior tampoco tenemos ninguna pega, ya que se puede viajar de manera muy cómoda en cualquiera de sus cinco plazas y además, cuenta con un gran maletero con formas muy regulares y muy aprovechable. Tiene una buena insonorización interior y nos ofrece cierta versatilidad, ya que la banqueta posterior se puede deslizar unos centímetros para mayor espacio de carga, o para mayor comodidad de los pasajeros, pudiéndose también abatir por secciones en el caso de que tengamos que transportar objetos más largos o voluminosos.

La mecánica que nos tocó probar, también es digna de mención, puesto que se trata de un motor bastante comprimido, pero con un ratio de potencia bastante elevado. Se trata de un bloque 1.5 TDCi con nada más y nada menos que 120 cv y un par máximo de 270 Nm, que a priori, puede ser una cifra insuficiente, pero que en la práctica nos ofrece un cierto tirón bastante sorprendente.

Con este motor, asociado a una caja de cambios manual de seis relaciones con un funcionamiento preciso y unas inserciones y desarrollos muy adecuados, el C-Max nos ofrece una aceleración discreta de 0-100 Km/h en 11,3 segundos y una velocidad máxima contenida, pero muy loable de 184 Km/h, aunque eso sí, el apartado que más nos sorprendió fue el de los consumos, ya que se conforma con tan solo 4,1 l/100 Km en ciclo mixto homologados por la marca y nosotros yendo a velocidades ligeras y realizando una cierta conducción dinámica, no logramos superar los 6,6 l/100 km, por lo que nos pareció un coche realmente frugal.


También su forma de entregar la potencia disponible es bastante especial, ya que nos encontramos ante una mecánica que da lo mejor de sí a partir de las 2.000-2.500 rpm, y nos ofrece una buena aceleración hasta el corte de inyección prácticamente, pero en bajas revoluciones y en una conducción relajada, nos invita a utilizar la caja de cambios más de lo deseado.
No tiene malas recuperaciones y tampoco le faltará fuerza a la hora de adelantar a otros vehículos, lo cual, hará de una manera fulgurante, siempre y cuando, mantengamos el funcionamiento en la "zona dulce" de la gama de revoluciones, pero una pizca más de par...


La conducción por otra parte, nos pareció realmente adictiva para tratarse de un monovolumen. Se nos mostraba como un coche especialmente ligero, a pesar de su configuración de coche familiar, y nos invitaba continuamente a realizar una conducción ciertamente dinámica.
El esquema de suspensiones nos ofrecía un aplomo ejemplar y contenía muy bien las posibles derivas de un vehículo un poco más alto; pero el chasis procedente del Focus es casi perfecto y gracias a ello, el C-Max se puede beneficiar de un comportamiento sin parangón respecto a sus rivales directos.


Unos frenos con un gran mordiente y una buena dosificación y una dirección bastante comunicativa y directa hacen el resto del trabajo, para proporcionarnos ciertas licencias y placeres, a pesar de contar con un coche orientado a la familia y que a simple vista, pueda resultar mucho más conservador. Pero las apariencias engañan.


Conclusión final.

El C-Max nos ha parecido un coche redondo para familias modernas y jóvenes con niños pequeños, que reclamen un plus más de espacio, pero que no tengan la necesidad de adquirir un vehículo extremadamente grande y aparatoso para una utilización diaria. El C-Max es vuestro coche...


El maletero es más que suficiente para cargar con todos los "aparejos" de los niños y nuestras maletas y la habitabilidad interior es un gran valuarte, junto con su versatilidad y sus soluciones tecnológicas para procurarnos una vida mucho más fácil.

Mucha información disponible, todos los elementos necesarios de confort, varios y prácticos huecos repartidos por todo el habitáculo, unos consumos muy contenidos, una potencia más que suficiente y una conducción muy ágil y dinámica, hacen que este monovolumen destace entre la competencia más directa y permiten a los padres de familia "novatos" y aun con cierto espíritu jovial, darse alguna que otra satisfacción cuando viaja solo y puede pisar un poco más sin que nadie le esté "achuchando" la oreja.

También es un gran aliado para el día a día en las grandes ciudades, porque a pesar de su gran habitabilidad y capacidad, se trata de un vehículo compacto, que además, con soluciones como el aparcamiento asistido o la apertura automática del portón del maletero, nos ayudarán, y de qué manera, en nuestras rutinas. Son esos elementos que os podrán parecer una tontería, hasta que los tenéis que utilizar; a partir de entonces no podréis vivir sin ellos...

La mecánica es más que suficiente para afrontar largos viajes. La suavidad de marcha y una buena insonorización interior, nos asegura un rodar muy confortable, además de mantener unos consumos muy ajustados en una conducción relajada. Sí que le vendría bien un poco más de Par a la hora de afrontar adelantamientos o ciertos repechos de montaña, pero no es nada que no se solucione insertando una marcha inferior y manteniendo al C-Max por encima de las 2.000 rpm.

En conclusión, el nuevo C-Max ha ganado en presencia, en tecnología, en habitabilidad, en confort, en seguridad, en calidad, en economía de consumo, en equipamiento y en innovación y se ha mantenido en una de las cosas más importantes para a los que todavía nos gusta y disfrutamos conduciendo; en dinamismo.

Ya no lleva el sobrenombre de Focus, pero aun en la sombra; el compacto de la marca del óvalo aun tiene algo que decir sobre el comportamiento de este nuevo C-Max. Las apariencias engañan...





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