Prueba: Mazda MX-5 Luxury



Dicen que durante la crisis de los cuarenta, a los hombres nos da por comprarnos un deportivo. Un Porsche Boxter es un capricho y podría ser un coche perfecto, de no ser porque luego vemos el precio y el capricho se convierte en un sueño inalcanzable... El coche que tenemos hoy como objeto de nuestra prueba semanal también puede ser un capricho, pero es un capricho asumible. Así que señores de mediana edad; gracias a Mazda, los sueños a veces se pueden convertir en realidad...

El coche que os vamos a presentar no es un coche cualquiera. De hecho; no es un coche ni versátil, ni práctico e inclusive, no es ni siquiera cómodo, pero curiosamente, es el modelo más vendido en la historia dentro de su categoría.

Después de leer esta afirmación pensaréis que estoy loco, pero no es así. Resulta que el coche que os vamos a presentar hoy es el roadster, o como comúnmente lo denominamos, el descapotable más vendido de la historia. Hoy os vamos a descubrir cómo se las gasta la nueva generación del Mazda MX-5.

Todo comenzó en 1989, cuando se comercializó aquella primera generación del MX-5 o Miata, como se le conoce en el mercado norteamericano. Se trataba de un roadster biplaza, con techo de lona tracción trasera y motor delantero, con faros escamoteables y un reparto de masas idóneo.

Nació por la necesidad de competir, y poco más tarde abarcar de lleno, el hueco que dejaron los roadster ingleses como el MG-A, los Triumph..., pero con una nota más deportiva y un diseño meramente japonés. Como curiosidad, os contaré que en el MOMA de Nueva York hay un piloto trasero expuesto, ya que se le considera una auténtica obra de arte en el diseño. A ver..., que no está mal, pero tanto como obra de arte...

En su origen montaba una mecánica 1.6 de 115cv, al que luego se sumó una versión más potente de 133cv y una más modesta de 90cv. Todas eran mecánicas de gasolina, ya que montar un diésel en un coche así sería una auténtica aberración automovilística...

También es más que probable que sus potencias no os impresionen para nada, pero tened en cuenta que era un coche extremadamente ligero, así que a pesar de todo, sonaba y se comportaba como un auténtico deportivo, gracias también a su escasa altura respecto al suelo y a su corta distancia entre ejes.


El MX-5 pronto se convirtió en un auténtico "juguete" con el que disfrutar por las carreteras de montaña a cielo abierto. Tanta fue la aceptación y el éxito, que en 2008 ya batió por primera vez el record Guinnes al convertirse en el roadster biplaza más vendido de la historia. ¿Por qué motivo?. Porque el MX-5 siempre ha sido un coche relativamente barato de conseguir, muy barato de mantener, se ha mantenido como un concepto básico del automóvil ideal y siempre a montado motores de gran simpleza y además; siempre se ha caracterizado por ser muy, pero que muy divertido de conducir. Esas han sido, y son a día de hoy, las claves del éxito de un coche como el MX-5.


Como veis en las imágenes, en Motorproyect no nos andamos con tonterías y hemos conseguido un MX-5 de segunda generación para compararlo con el moderno. La verdad es que durante nuestra prueba sacamos conclusiones muy curiosas y nos dimos cuenta de que las cosas han cambiado con el paso de los años; el diseño, los materiales empleados, las soluciones tecnológicas... Pero realmente lo que sacamos en claro, es que podrá cambiar casi todo, pero el concepto permanece invariable década tras década y generación tras generación.

El MX-5 que tuvimos el gran honor de probar, gracias a la colaboración y la deferencia de nuestra buena amiga Estefanía, era de 1998, osea, de los primeros de la serie de la segunda generación.


En esta ocasión tenía también la mecánica más modesta 1.6 de 110cv, aunque existía una más potente 1.8 con 140cv. Nuestro motor 1.6 contaba con cinco caballos menos que el motor de la primera generación debido al tema de las emisiones, tan de moda ultimamente, pero eso no le impedía ser un auténtico "latin lover" de la época y "mojarle la oreja" a otros vehículos más potentes en una carretera con curvas.

También había crecido ligeramente de tamaño y se habían eliminado los faros escamoteables, sustituyéndolos por otros convencionales, como consecuencia de la normativa respecto a la protección de peatones en caso de atropello. Pero lo que nos pareció más curioso, es que a la hora de montarnos nos resultase aún más bajo que el MX-5 actual con el que habíamos ido al encuentro de Fany.

Otra cosa que nos pareció realmente curiosa, es que el interior del MX-5 del 98 no difiere tanto al actual. La posición de conducción es así como si estuviéramos tirados en una especie de hamaca, el volante es pequeño y está posicionado en posición vertical, tiene una palanca de cambios extremadamente corta y con unas inserciones de marcha precisas y un cuadro de instrumentos en el que la simplicidad es la premisa principal.

Lógicamente, los años no pasan en balde para nadie, ni nada y el Mazda del 98 ya sufría achaques de "mayor" como un elevalunas eléctrico al que le costaba moverse, unos ligeros ruiditos de procedencia incierta pero que no parecían preocupantes, o algún que otro caballo de potencia que murió por el camino... Pero en general; gozaba de una salud que ya quisiera yo tener dentro de unos años más.


Además, estaba en unas condiciones realmente impecables y su dueña nos atesoraba que no le había dado ningún problema reseñable a lo largo de su vida útil que no fuera el mantenimiento general y la sustitución de piezas de desgaste. Otro ejemplo más de la fiabilidad mecánica de la marca japonesa.

Durante nuestra prueba; nos cambiamos las llaves de ambas monturas y jugamos al gato y al ratón con los dos Mazda. Vale que el nuevo Mazda MX-5 tiene 20cv más, vale que cuente con unas suspensiones realmente duras, como veremos más adelante y vale que su dirección sea bastante más directa, pero aunque el ratón fuera más rápido y escurridizo, el gato con más de 17 años a sus espaldas, nunca estuvo tan cerca de alcanzar a su presa.

El MX-5 del 98 no tenía tanto nervio y sus reacciones eran muy progresivas, aunque ganaba velocidad con bastante brío si sabías cómo y en qué momento utilizar la minúscula palanca de cambios.

Las suspensiones de aquella época, por su parte, eran más livianas y se favorecía más al confort de marcha que en la actualidad. Debido a esa circunstancia, la sensación de aplomo en las curvas se ve un poco comprometida y nos invita a levantar ligeramente el pedal del acelerador si nos da miedo la idea de que la zaga pueda adelantarnos sin previo aviso...


Pero aunque que se incline un poco más en los virajes, el mero hecho de ir a cielo abierto, la dirección tan directa y la inmediatez de la tracción posterior a la hora de impulsarnos hacia la siguiente curva, hacen que a pesar de los años y de que todo es proclive a mejorar, nos bajemos del MX-5 del 98 con una sonrisa muy amplia.

El MX-5 actual también es capaz de arrancarnos una sonrisa muy amplia..., cuando lo vemos pasar. Sí, esto es así. Nos saca una gran sonrisa de simpatía cuando lo vemos pasar, porque si tenéis la fortuna de conducir uno, esa sonrisa se convierte en una risa nerviosa, casi de falto de cordura y una vez que probéis las "mieles" del exitoso roadster japones, no os querréis bajar nunca...


De momento, su diseño es realmente espectacular y además, proporcionado. De hecho, os invito a que vayáis a verlo si tenéis la oportunidad ya que soy de los que opino que las fotos no le hacen justicia...

Todos, absolutamente todos los transeúntes o los conductores con los que coincidíamos en los semáforos, se giraban (y miraban hacia abajo) para observar con máximo detalle al pequeño deportivo de Hiroshima. Si sufrís de vergüenza o si no os gusta llamar la atención, lo siento, este no es vuestro coche...

El frontal es realmente llamativo, ya que cuenta con un diseño muy depurado en el que destacan unos faros Full LED de alta luminosidad y no precisamente por tamaño. Destacan precisamente porque cuentan con un diseño rasgado, de aires muy orientales, pero curiosamente son bastante pequeños.

La vista lateral también la podemos considerar muy poderosa, ya que se realzan los pasos de rueda de una manera descarada, para darnos siempre esa impresión de que estamos ante un auténtico deportivo descapotable. Esos pasos de rueda redundan también en las formas del capó delantero, cuyas deliberada silueta para acompañar el abultamiento de las aletas, nos ayuda de alguna manera a saber cual es la posición de las ruedas sobre el asfalto y en la zaga, esos generosos pasos de rueda nos procuran una visión más poderosa y le dan una mayor sensación de anchura al MX-5.

Pero tirémonos al interior del habitáculo. Sí; he dicho tirémonos porque está realmente muy cerca del suelo...

Lo primero que vamos a hacer es desprendernos de la capota de lona, ya que hace un día estupendo y es perfecto para circular a cielo abierto y que el aire y el sol curtan nuestras cabezas. El sistema es realmente sencillo.

En el centro, por encima del retrovisor interior, se encuentra un tirador con una pestaña de seguridad. Empujamos esa pestaña de seguridad mientras desacoplamos el tirador y tan solo tendremos que empujar la lona hacia la parte trasera hasta escuchar el "click" que nos indica que ya esta en su posición perfectamente plegada. Esa operación se puede realizar sin ningún problema desde dentro del vehículo con tan solo un golpe de cintura y en poco más de cinco segundos.


La gente me preguntaba que porqué en un coche moderno la capota se tenía que esconder de manera manual, y yo les respondía que por dos motivos. El primero es porque así se evitan añadir más peso al conjunto y teniendo en cuenta el tamaño y la ligereza de esa lona, sería una tontería motorizar el sistema haciendo, por otra parte, que se tardase algo más de tiempo en plegarse de manera eléctrica. La segunda es porque realmente perdería la esencia que mantiene desde hace casi 20 años.


Pues ya estamos tirados en el interior y descapotados. Los asientos son realmente preciosos y sujetan con mimo todo nuestro contorno, aunque las personas más corpulentas tendrán algún inconveniente a la hora de acoplar perfectamente la espalda en el respaldo. Tampoco es que tengan muchas opciones de regulación, así que en cuanto se encuentre la posición idónea, procura no dejar que nadie toque tu tesoro..., porque luego te llevará otro rato conseguirla.

Bueno; voy a dejar el móvil en..., en... ¿No hay huecos porta-objetos?. No. la verdad es que tiene tan solo un cofre entre las dos plazas con el que nos tendremos que apañar para dejar la documentación y el chaleco reflectante, porque no cabe mucho más. Eso sí, también tenemos dos enormes posavasos justo debajo, claramente orientados al mercado norteamericano y que perfectamente podrían eliminar en el mercado europeo, aunque pensándolo mejor, ahí sí que me cabe el móvil...


!Madre mía!, qué poco practico es esto, vamos a ponernos en marcha que ya no sé donde dejar mis cosas. Pulso el botón de arranque con la llave a buen recaudo en mi bolsillo y después de un breve retardo en donde se inician todos los sistemas, el pequeño bloque de 1.5 litros y 133cv cobra vida. !Y de qué manera!.

El sonido que desprende desde su tubo de escape es realmente bronco para tratarse de un motor tan bajo de cilindrada y con una potencia tan contenida. Es como desacompasado, rudo, pero una auténtica delicia para los que amamos el mundo del motor. Como decimos comúnmente; suena a "gordo".


Arrancamos y el sonido bronco al ralentí se convierte poco a poco en el zumbido de un abejorro a medida que vamos escalando en la gama de revoluciones, que se estira hasta las 7.500 rpm antes de comenzar con la zona roja y cambiando de marcha de una manera totalmente adictiva. De hecho, el tamaño de esa palanca de cambios, junto con el pomo esférico que se adapta como un guante a nuestra cuenca de la palma de la mano y unas inserciones rápidas y precisas, nos invita a utilizarla continuamente.

Adicción, diversión, placer..., no sé cómo definir el rodar del MX-5, pero cualquiera de esos adjetivos puede valer. Hasta una tontería como salir de un semáforo que se acaba de poner en verde es toda una experiencia. Primera, aceleras, apuras, segunda, aceleras, apuras, tercera aceleras... otro semáforo, frenas, reduces, paras y vuelta a empezar. Por cierto y hablando de frenos; el MX-5 cuenta con unos frenos muy potentes y de una gran mordida, capaces de parar por completo el vehículo en muy poca distancia.

Debido a su longitud contenida hasta los 3,91 metros, es un coche muy ratonero y perfecto para escabullirse entre el tráfico denso de las grandes ciudades. Su dirección extremadamente comunicativa y directa nos ayuda a colarnos entre un coche y otro y como veremos; también es perfecta para rodar en carretera abierta y en puertos de montaña.

Salimos a carretera. En trayectos por autovías a velocidades normales e incluso, un poco más altas, con el Mazda MX-5 podemos rodar sin techo y sin temor a las turbulencias típicas de este tipo de coches que hacían que cualquier objeto suelto del interior pudiera salir flotando y no permitían una conversación en tono normal entre los dos posibles ocupantes del vehículo. Eso ya no ocurre gracias a un deflector situado entre los dos arcos de seguridad, que nos permite generar una especie de cúpula invisible de aire sobre nuestras cabezas y evitando de esa manera, la inclusión dentro del habitáculo.

Pero realmente, donde más partido sacaremos al afinado chasis del MX-5 es en carreteras reviradas de montaña. En esta ocasión es más bajo que la anterior generación, factor muy importante en materia de estabilidad y sensaciones, junto a su corta batalla con los ejes desplazados a los extremos y un reparto de masas equilibrado en donde el habitáculo se sitúa centrado, convierten al roadster biplaza en un auténtico objeto de deseo.

Las suspensiones son extremadamente firmes, lo que nos provocará ciertas sacudidas si circulamos por carreteras rotas, pero perfectamente asumibles si lo que en realidad queremos es disfrutar. Esa firmeza, no obstante, es perfecta para afrontar los virajes más variopintos sin que el aplomo del vehículo se vea comprometido, vayamos a la velocidad que vayamos.


El MX-5 es todo un ejemplo de equilibrio y casi es imposible que las ruedas traseras derrapen incluso, si desconectamos el ESP. Las ruedas delanteras se dirigen milimétricamente a donde indiquemos con el volante y las traseras nos proporcionan la tracción suficiente que nos impulsa hasta la siguiente curva. Todo es agarre puro y tendremos que hacer demasiado el "burro" para que la trasera se nos insinúe lo más mínimo o incluso, provocarlo. De cualquier manera, ese deslizamiento es perfectamente dosificable y controlable a golpe de acelerador.


La mecánica de tan solo 131cv y 150 Nm de par máximo, es suficiente para provocarnos sensaciones que van directamente desde nuestra espina dorsal hasta nuestro lóbulo frontal y que son indescriptibles. No es que el coche corra como un gamo, que también, ya que alcanza los 210 Km/h y acelera de 0-100 Km/h en tan solo 8,3 segundos; simplemente ese sonido evocador que emana de la cola de escape y el ir a cielo abierto, nos produce la sensación de que estamos volando, cuando en realidad no es tanta la velocidad a la que vamos. Pero es que no estamos hablando de prestaciones, estamos hablando de disfrute y para eso, el Mazda MX-5 es mejor que ninguno...


Una vez parados y cuando nuestras pulsaciones se han relajado después de tomarnos un café, escudriñamos el interior para comprobar que en cuanto a equipamiento de serie viene tan solo con lo imprescindible para conducir y pocas opciones más relativas al confort y a la seguridad.

La versión Luxury objeto de nuestra prueba es la más dotada de serie y entre otras cosas contaba con sistema de sonido BOSE, asientos de cuero calefactados, volante multifunción con los mandos de los controles de velocidad y limitador además del correspondiente sistema Bluetooth, asistente de cambio involuntario de carril, sensores de aparcamiento traseros, espejo interior fotocromático, sensor de lluvia y luces, luces Full LED inteligentes con luz diurna, climatizador automático, unas preciosas llantas de 16 pulgadas y el sistema de infoentretenimiento MZD Connect con pantalla táctil de 7 pulgadas y mando de control entre los dos asientos, que contaba con Radio digital DAB e información relevante al ordenador de a bordo y al que se le puede incorporar navegador de manera opcional.


Pero en un coche como el MX-5, no importa mucho el equipamiento de serie, tampoco que el motor sea un "simple" 1.5 con unos solventes 131cv, ni siquiera el hecho de que es poco práctico, de que el maletero tiene menos espacio que una caja de zapatos, ni que haya o no haya huecos porta-objetos en el interior del habitáculo. Un coche como el MX-5 es un coche de fin de semana. Es un coche "vacilón", con una alta dosis de deportividad, llamativo y con el que el afortunado conductor podrá resarcirse de una penosa semana en el trabajo.


Pero lo mejor de todo; es que el MX-5 nos ofrece todo eso con un precio relativamente bajo que parte desde los 24.200 euros en su versión más básica, que es barato de mantener a lo largo de su vida útil, ya que la fiabilidad de Mazda es uno de sus baluartes principales y que además, nos ofrece unos consumos contenidos de tan solo 6 l/100 Km homologados por la marca.

¿Todavía os preguntáis el porqué es el descapotable más vendido de la historia?


Conclusión final.

Os podría dar muchas razones para justificar la compra de un vehículo así, pero todas se reducen a una misma palabra; disfrute, total y absoluto disfrute...


Como bien he dicho al comienzo del artículo, el Mazda MX-5 es un coche muy poco práctico. No hay huecos ni espacio para nuestros enseres, el maletero es tan solo suficiente para albergar dos mochilas y no muy grandes, la suspensión es lo suficientemente dura como para resultarnos incómoda en nuestro día a día y es tan sumamente bajo que tendremos que ir al gimnasio varios días a la semana para salir y entrar en el habitáculo con cierta soltura.


Pero a pesar de todo eso, el Mazda MX-5 nos hará sentirnos mejor con nosotros mismos, nos hará un poquito más triunfadores y sobre todo, nos dibujará una sonrisa estúpida en nuestro rostro cada vez que nos pongamos a sus mandos. !Bendita estupidez...!

Mantiene las pautas del primer MX-5; motor delantero de escasa cilindrada y potencia, un peso contenido, un chasis ejemplar, tracción trasera y un diseño sin parangón. Pero es que en esta cuarta generación han echado el resto...

Su diseño llama poderosamente la atención allá por donde pasa y su motor comprimido de 131cv con tecnología Skyactive y una relación de compresión elevada, es suficiente para mover con soltura y diligencia al pequeño roadster japones, además de mantener unas prestaciones muy dignas y unos parcos consumos.

El chasis es casi perfecto y junto con unas suspensiones muy firmes y una dirección de tacto quirúrgico, hacen que el MX-5 resulte inamovible y 100% efectivo en curvas de todo tipo y cambios bruscos de dirección.


Es un coche realmente equilibrado en una conducción deportiva, que además añade el aliciente de ser descapotable, para aumentar exponencialmente nuestras sensaciones al volante. ¿Y qué me decís del sonido? ¿Y del tacto de la palanca de cambios?. Vale; sé que no lo habéis probado... pero os invito a que por lo menos visitéis vuestra concesión más cercana y lo comprobéis por vosotros mismos. Os aseguro que si tenéis la pasta, os lo lleváis puesto...


Nuestra amiga Estefanía, a la que agradezco enormemente que nos prestase su MX-5 del 98 para completar este reportaje y con la que pasamos un fin de semana realmente divertido, quedó profundamente entusiasmada y enamorada del nuevo Mazda MX-5 y aún debe estar echando números para cambiarle por el suyo. No se si se animará al fin, pero mientras tanto, ella podrá seguir disfrutando de las cálidas tardes de verano a cielo abierto con el "abuelo" Mazda, mientras los pobres mortales como nosotros seguiremos abriendo la ventanilla de nuestros utilitarios para que la brisa apenas nos roce la oreja...



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