Prueba: Renault Megane 1.5 dCi GT Line



El Renault Megane siempre ha sido la piedra filosofal de la gama Renault en la última era. Ha pasado por varias fases a lo largo de su vida comercial, desde que entró en nuestras vidas para sustituir al R19 en el segmento de los compactos.

Desde la primera generación, siempre se ha vanagloriado su seguridad activa y pasiva y yo, por suerte o por desgracia, puedo dar fe de ello, ya que hace años me salvó la vida el conducir un Megane Classic de esa primera generación en una colisión múltiple, de la que salí totalmente indemne.

De que es un vehículo seguro, por lo menos yo, no tengo ningún tipo de duda, ahora bien, que su evolución y diseño han creado controversia a lo largo de todos estos años, tampoco tengo ninguna duda.

Pasó de un diseño más o menos convencional, aunque atractivo para su época, de la primera generación, a una especie de experimento que pretendía romper la tendencia natural del resto de las marcas, con aristas y formas imposibles en la segunda, alcanzando cierta madurez en la tercera generación.

Una evolución con altibajos, pero que sea como fuere, siempre ha alcanzado los puestos de honor de las ventas en nuestro país. ¿Cuál es la fórmula del éxito del Megane?. Da igual que a lo largo de su carrera haya sido un coche con unos acabados dudosos, con unos revestimientos que soportan a duras penas el paso del tiempo, que su diseño haya sido un auténtico dolor para la vista y el buen gusto... La gente reclamaba un coche seguro, cómodo, práctico, con unas mecánicas fiables y parco en consumos y eso; es lo que siempre nos a ofrecido el Renault Megane.

Hoy vamos a probar su cuarta generación y la verdad; olvidaros de todos los fallos y críticas de las generaciones anteriores, porque en esta generación viene con la lección aprendida y sinceramente, voy a tenerlo complicado para poder quejarme de algo...

Empezamos por su diseño, que gracias a la mano de Mr Van Der Acker, jefe de diseño de la marca del rombo y que está revolucionando para bien, la imagen de la marca francesa; nos encontramos ante uno de los Megane más bonitos hasta la fecha.


Lo mires por donde lo mires, su diseño es realmente espectacular y las proporciones de sus líneas son una mezcla de vanguardismo, dinamismo, aplomo y solidez. El frontal lo hereda directamente de otra de las joyas de la corona al que pronto echaremos el guante, como es el nuevo Renault Talisman. Cuenta con una parrilla frontal en la que, sobre todas las cosas, destaca el enorme logo de la marca en el centro, pero rápidamente, sus grupos ópticos (en nuestro caso, de tecnología LED), con una luz diurna en forma de C que se prolonga hasta el paragolpes delantero, harán que desviemos nuestra mirada para contemplarlos más detenidamente.


Es un frontal poderoso, que adquiere un mayor protagonismo en cuanto cae la luz solar y las efectivas luces iluminan lo que ocurra delante de nosotros con la misma claridad que si aun no hubiese oscurecido. El capó delantero también cuenta con nuevas nervaduras que le aportan un toque más dinámico. Nervaduras y formas, que se trasladan también a la vista lateral, con unos pasos de ruedas bastante marcados (los delanteros delimitados por el embellecedor del intermitente lateral) y una línea de cintura ascendente hacia la zaga.


En la trasera, nos encontramos con un prominente alerón que favorece una excelente aerodinámica del conjunto y llaman la atención, los preciosos grupos ópticos, que se prolongan en una fina línea iluminada hacia el centro del portón del maletero, señalándonos con orgullo, la marca a la que pertenece el Megane, que no es otra que Renault.


En nuestro caso concreto, también contábamos con ciertos aditamentos estéticos que enfatizaban aún más si cabe, el carácter dinámico que han querido aportar a esta nueva generación del superventas español, puesto que teníamos entre manos a la versión GT Line, con complementos exclusivos que lo asemejan a la versión deportiva GT. Aunque ese es otro cantar, puesto que ese acabado, va asociado a las mecánicas más enérgicas y cuenta con la posibilidad de montar un equipo de serie superior, con elementos con el eje trasero direccional, por poner un ejemplo.


Nuestra unidad con el acabado GT Line, además de tener ese azul exclusivo de la marca denominado Azul Rayo, algunos embellecedores del paragolpes delantero, los retrovisores exteriores y el embellecedor del paragolpes trasero a modo de difusor, estaban pintados de color gris, además de las preciosas llantas específicas de 17 pulgadas también en color gris grafito, que aportaban una pequeña chispa de contraste y deportividad a la carrocería del atractivo francés.


Bueno, lo de francés, es por la marca, ya que el Megane se fabrica en exclusiva en la planta que tiene la marca en Palencia, los motores se ensamblan en Sevilla y prácticamente todos los paneles interiores proceden de diferentes firmas nacionales, entre las que se encuentra el famoso Grupo Antolín de nuestra localidad.

Y hablando del interior; tuvimos a nuestra disposición un Megane de la tercera generación con la misma mecánica, para poder comparar hasta que punto ha cambiado el nuevo respecto al vehículo precedente. No hay color...


Los materiales, el ensamblado de los mismos, el diseño, la tecnología disponible y el ambiente interior; ha dado un salto enorme en cuanto a calidad y cantidad y eso se nota en hechos tan simples, como abrir y cerrar la puerta. El sonido que produce nos traslada a un mundo mucho más premium que a lo que nos tienen acostumbrados las marcas generalistas.

Una vez sentados en el puesto de mando, lo primero que nos llama la atención y que también es, y será a partir de ahora, la seña de identidad de los habitáculos de la marca, es la pantalla central tipo tablet en el centro del salpicadero de 7 pulgadas desde la que podremos acceder a los diferentes sistemas del vehículo. Depende de acabados, existen tres tipos de pantalla, una monocrómica en los acabados más bajos, la nuestra, que venía de serie y a todo color y otra de 8,7 pulgadas, también a color y que ya incorpora el sistema R-Link 2, de serie a partir del acabado Bose.
También nos llamó la atención, que con este acabado GT Line, nos encontramos con ciertos detalles en el mismo Azul Rayo de la carrocería, como las costuras del fuelle de la palanca de cambios, las costuras del volante, el tapizado del interior, molduras en el lado del copiloto, en el pomo de la palanca de cambios... Todas esas cosas que nos indican que a pesar de conducir una versión diésel "normal", implica que también estamos conduciendo un compacto con una cierta deportividad.

La pantalla táctil aglutina la mayoría de los parámetros del vehículo, desde la información básica del equipo de audio, pasando por el navegador, el ordenador de a bordo, los asientos con masaje, en el caso de que los monte..., e incluso, tiene una función que nos indica la pureza del aire en el habitáculo y programa el climatizador para eliminar esas posibles poluciones y tener un aire más limpio. Increíble...


Por otra parte; nuestra unidad también disponía del sistema Multisense, que ya probamos en el Renault Espace. Este sistema varía la respuesta del motor, las grafías del marcador digital y la configuración del coche en general en cinco modos: Eco, Confort, Neutral, Sport y Personalizado, en el cual, podremos "trastear" de manera individual uno por uno esos parámetros.

Con cada modo de funcionamiento, la tonalidad de la iluminación ambiental interior cambia, así que sin quererlo (o queriendo...), el propio vehículo nos manda señales subliminales a nuestra región occipital para según qué modo de conducción hayamos elegido. La verdad es que el ambiente interior es muy agradable, sobre todo por la noche.

Es un habitáculo confortable, con una gran tecnología a nuestra disposición y con todos los mandos muy a mano. Además; la "tablet" central táctil nos ayuda mucho y nos da toda la información que deseemos de una forma clara y concisa, al igual que el marcador digital que varía de grafías en según que modo de conducción estemos activos en cada momento.

Tampoco nos podemos quejar de equipamiento de serie, porque además de las llantas de aleación de 17 pulgadas, el sistema Multisense o la iluminación ambiente del interior, además de todos los apliques estéticos del acabado GT Line, también disponíamos de ordenador de a bordo, volante multifunción, luces Led, sensores de lluvia y luces, asistente de cambio involuntario de carril, asientos deportivos, asistente de arranque en cuesta, sensores de aparcamiento con cámara trasera y visión 360º heredada de los Nissan, asistente de aparcamiento autónomo, climatizador bi-zona, navegador, control de velocidad de crucero con limitador... Por cierto; tampoco me hace mucho la ubicación en donde se encuentran los mandos, puesto que parecen puestos a última hora entre los dos asientos delanteros, aunque están en esa situación en toda la gama Renault.
A estos sistemas les podemos añadir cosas como el sistema de masaje en los asientos delanteros, un equipo de sonido Bose o techo panorámico entre las muchas opciones disponibles.


Como hemos dicho, el habitáculo es realmente excepcional, aunque no destaque por tener una amplitud mucho mayor que el Megane precedente y se sitúa dentro de la media en cuanto a vehículos compactos se refiere, pero sin excesos. Solo hay una cuestión criticable en este aspecto y es que en este Megane, no se si es por que la luna delantera está demasiado inclinada o porque la carrocería nos queda muy baja o porque los asientos son extremadamente deportivos y las "orejas" que sujetan nuestro cuerpo son muy voluminosas; pero hay que tener cierto cuidado a la hora de entrar si no queremos darnos un cabezazo con el techo. Una vez sentados, la distancia es la correcta y gracias a esos asientos un tanto desproporcionados para esta versión, no nos moveremos de nuestro sitio ni un ápice.


Si hablamos de capacidad de maletero, también nos encontramos dentro de la media del segmento con 384 litros, 12 más que la edición que dejamos atrás, aunque cuenta con un espacio muy cúbico y aprovechable.

El motor que nos tocó probar, es una mecánica conocida. Se trata del 1.5 dCi que genera 110cv y un par máximo de 260 Nm. Sus prestaciones máximas, no son espectaculares, pero sí muy aceptables, con un paso de 0-100 Km/h en 11,3 segundos y una punta de 190 Km/h. Ahora bien; si nos metemos con el tema consumos, es un coche muy parco, ya que se conforma con tan solo 3,7 l/100 Km homologados por la marca, por lo que la autonomía es una razón de peso para adquirir este motor.


A pesar de lo que podáis pensar por sus discretas prestaciones, en ningún momento nos pareció una mecánica a la que le faltase fuerza o brío, sobre todo, haciendo una conducción normal e incluso, un poco "alegre". Sube de vueltas desde muy bajas revoluciones con cierta rabia, aunque una vez superadas las 3.500 rpm, el motor se relaja y en sexta le cuesta seguir ascendiendo con la misma energía con que lo hace desde las escasas 1.500 rpm.


Es un motor muy coherente, que nos ofrece una buena respuesta si lo llevamos en la zona alegre y que también es capaz de proporcionarnos una suavidad de marcha y un gran confort a velocidades legales en vías en buen estado. Es silencioso y aunque un poco de par más no le vendría mal, en general, ofrece una muy buena respuesta en casi cualquier situación, de una manera casi instantánea, que colmará más que de sobra, las expectativas de cualquier usuario medio.

También nos sorprendió en el orden de marcha, ya que si por ciudad y en el modo Eco, nos brinda una conducción de lo más placentera y parca en consumos, con una respuesta muy suave del motor, en carretera abierta es un coche también muy confortable y neutro de reacciones cuando circulamos por autovías y autopistas en condiciones favorables.

Eso nos invita a pensar, que al ser tan cómodo, si realizamos una conducción deportiva por un puerto de montaña el coche no va a responder como nosotros queremos. Pues la verdad es que eso fue lo que me sorprendió...

El Megane es muy cómodo en cualquier circunstancia, pero en una conducción deportiva por carreteras de montaña, también es muy efectivo. Su dirección es bastante precisa y las suspensiones aguantan bastante bien las derivas del coche. Es muy divertido de conducir y se nota que los chicos de la marca francesa han hecho un gran trabajo con el chasis de este nuevo compacto. Al ir más bajo, las suspensiones cuentan con un menor recorrido, por lo que a pesar de ofrecernos un confort general muy bueno, también nos puede ofrecer un gran aplomo si queremos divertirnos en alguna ocasión.

La cuestión es que si es así un Megane "normal" con una estética GT, cómo será el auténtico GT... Pero ahí no queda la cosa, porque ahora me pregunto; ¿cómo será de buena la previsible versión RS?. No puedo esperar para verlo...

Conclusión final:

El Renault Megane siempre ha sido un coche que se ha comprado con la cabeza. Fuese la versión que fuese o fuese la generación que fuese, los consumidores lo han elegido una y otra vez por su condición de coche racional, con excepción de los más "quemados", que para ellos existían las versiones "irracionales" RS.


Pues el nuevo Megane, tiene ya muchas papeletas para ser un coche que además de con la cabeza, se compra también con el corazón. Como os he comentado al principio, en el seno de Renault han aprendido de errores pasados y les a salido un coche, que para mí; es redondo.

Su diseño es realmente atractivo. No hay más. Es atractivo por los cuatro costados y además; sus líneas le aportan un grado visual de tecnología, belleza, pureza, modernidad y dinamismo, aplicado a un vehículo. Realmente y a pesar de ser un coche que nos hartaremos de ver por nuestras calles, atrae muchas miradas.

El salto cualitativo y cuantitativo de Renault en materia de tecnología, acabados y detalles específicos, lo acerca muchísimo más a los compactos premium de las conocidas marcas alemanas que hasta ahora, parecían intocables.

No es especialmente amplio, ni en su habitáculo, ni por maletero, pero cumple lo que se espera de una carrocería compacta. Eso sí; es cómodo a rabiar y en cualquiera de sus plazas el grado de confortabilidad es realmente destacable.


Su mecánica diésel de 110cv cumplirá las expectativas de cualquier usuario medio, con una muy buena respuesta en bajas y medias revoluciones y un rodar algo más perezoso, pero no exento de fuerza, cuando circulamos pasadas las 3.500 rpm. Destaca por tener unos consumos frugales y unas prestaciones y recuperaciones solventes.


El equipo de serie es una de sus mejores bazas, ya que además de contar con elementos en materia de seguridad y confort de última hornada, podemos redondearlo con otros gadgets más propios de berlinas de segmentos superiores.


La versión GT Line, suma muchos puntos respecto a la berlina "normal" y cuenta con aditamentos específicos con los que solo podemos "vestir" a la versión GT auténtica, más prestacional. Es muy apropiado para los que deseen una estética con tintes más deportivos y que no se tengan que gastar los cuartos, ni lo necesiten, para adquirir un alto de gama.

Por último; su comportamiento en general ha ganado muchos enteros respecto a las versiones pasadas. Es más dócil de reacciones, es más cómodo y seguro en una conducción relajada y es mucho más efectivo y divertido en una conducción más "al ataque". He probado varias generaciones del Megane y sinceramente; la última está a años luz de la tercera...


A partir de los 23.400 euros, podemos adquirir una versión como la que hemos probado, lo cual, es un precio bastante equitativo por todo lo que nos es capaz de ofrecer, tanto por equipamiento, como por sensaciones.

Los Ford Focus, los Honda Civic, los Peugeot 308..., tienen un nuevo rival del qué preocuparse. Pero ahora también los Audi A3, los Mercedes Clase A o los Volkswagen Golf, este último en un limbo a caballo entre los dos mundos; tienen un motivo por el qué preocuparse, que seguramente no contaban con él...

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