Prueba: Abarth 595 Turismo.




Hace exactamente un año, recuerdo que estábamos probando el increíble Abarth 500, que nos encantó, ya no solo por su imagen "chic" y con esos componentes racing que embrutecían la simpática silueta del 500, sino por su mecánica adictiva y sus buenas maneras y reacciones a la hora de conducirlo. De hecho; recuerdo que sobre asfalto mojado, ya que llovió bastante el día del Parral de 2015, era una auténtica bomba, con reacciones muy previsibles y con un aplomo espectacular.

Un auténtico "juguete" para mayores, muy apropiado para disfrutar haciendo rutas de fin de semana en puertos de montaña y en menor medida; también en nuestro día a día, puesto que a pesar de ser un auténtico urbano, su esquema de suspensiones es bastante firme y nos dejará sentir directamente en nuestra espina dorsal cualquier irregularidad del asfalto.

Poco más tarde; Abarth reposicionó a todos sus modelos y los denominó de otra manera, también; ofreciéndonos mejoras mecánicas y potenciando aun más, su carácter meramente deportivo. La versión que probamos hoy se denomina 595 Turismo y se diferencia de aquella que probamos hace un año en varios puntos.


Para empezar, se trata de una versión superior, con una escala más de potencia en su mecánica 1.4 T.Jet, que ahora eroga 160cv, en vez de los 135cv de los que disfrutamos con el 500 "básico" dentro de la gama.

Esta potencia permite al pequeño "alacrán" acelerar de 0-100 Km/h en tan solo 7,4 segundos y alcanzar una máxima de 210 Km/h. Por lo tanto; lo convierte en una auténtico "mini-deportivo" capaz de mojarle la oreja a muchos coches del mercado, aunque sean de segmentos superiores y a priori, mucho más capaces.

Su contenido peso, también nos permite unos consumos relativamente bajos si nos fijamos en sus prestaciones, ya que se conforma con 6,5 litros a los 100 Km en ciclo mixto, aunque bien es cierto, que en una conducción ciudadana se dispara un poco.

Y es que es bastante complicado mantener la cordura con un coche así. De hecho; es una situación adictiva, y algunas veces provocada, el salir de los semáforos como si fuese la parrilla de salida de un gran premio de F1. Digo lo de provocada porque es un coche que instiga a los "jovenzuelos" con compactos potentes de segunda mano y ansias de ser los más "duros", a competir con el pequeño Abarth. Abusones...

El problema es que gracias a su compacta y sorprendente mecánica, el cambio automático con levas detrás del volante, del que os hablaremos más tarde, y un comportamiento instantáneo y aplomado bajo casi cualquier circunstancia; los pobres chicos no tenían nada que hacer y tenían que desistir en su intento de alcanzar la meta antes que el pequeño Fiat "tuneado".


No obstante; si el Abarth que probamos hace un año era realmente bueno, debido al aumento de potencia para esta versión, también se han incorporado mejoras a nivel de suspensiones, frenos y chasis.

Para empezar, delante monta unos amortiguadores FSD y detrás, del especialista Koni, que mejoran muchísimo la conducción deportiva, aunque si antes nos quejábamos de los duros que estaban los amortiguadores del 500 de acceso, imaginaros en este... Creo que se me saltaron dos empastes...

Esto os puede resultar contraproducente para una conducción habitual, pero es que el Abarth no está pensado para realizar una conducción habitual, sino para disfrutar conduciéndolo y a la vez; ofrecernos unos niveles de seguridad acordes a ese tipo de conducción deportiva que nos "vende" esta sección del Grupo Fiat.


Los frenos también son algo más grandes  que en la versión de acceso, pero a pesar de tener una gran mordida y frenar en condiciones, por alguna extraña razón, en las frenadas más enérgicas se nos pueden mostrar un tanto descompensados y tienden a inestabilizar algo la trayectoria. No es algo preocupante, pero sí que percibimos ese pequeño matiz en un par de frenadas fuertes antes de afrontar sendas curvas dentro de nuestra ruta habitual de pruebas.

En cuestiones meramente estéticas, básicamente no percibimos muchas diferencias respecto a lo que ya conocíamos, tan solo unas llantas multirradio muy atractivas de 17 pulgadas, la posibilidad de elegir pintura bitono y el tapón de combustible de acero.


En el interior, unos asientos de cuero con el reposacabezas integrado nos recogen el cuerpo a la perfección y son muy cómodos, aunque no tienen regulación en altura. También nos encontramos con un volante muy grueso, achatado en su parte inferior y que nos da la impresión que es demasiado grande, aunque yo creo que es más la sensación visual, que realmente el tamaño en sí.

Los pedales y las alfombrillas son específicos para esta versión y mantienen el símbolo Abarth, para que no se nos olvide lo que estamos conduciendo, y pocos más cambios... Bueno; en nuestro caso la palanca de cambios con el pomo redondo y grande como una bola de billar; se sustituye por un cambio automático robotizado de 5 relaciones, que prescinde totalmente de cualquier tipo de selector y lo que nos encontramos son unos botones.

Es extraño, pero muy sencillo de activar. En condiciones normales, actúa como un cambio automático normal. Cambia de manera inteligente por si mismo, tanto en las reducciones como en las aceleraciones, aunque podemos seleccionar el modo "manual" con el que seleccionaremos las marchas a nuestro antojo con las levas que tenemos detrás del grueso volante. Después están los botones para activar la marcha atrás (R), para engranar tan solo la primera (1) y para dejarlo en punto muerto (N).

Si le exigimos algo más de "chicha", aunque el cambio esté en modo automático, nos permite escalar en revoluciones hasta casi el corte de inyección, así que las aceleraciones y las sensaciones son espectaculares. No obstante; no es un cambio de doble embrague, por lo que percibimos con una enorme claridad la transición entre una marcha y otra y lo mismo nos pasa con las reducciones.


Es como estar en un coche de competición, pero matriculado para ir a comprar el pan... Estas grandes sensaciones, que a muchos de nosotros  nos ponen los pelos de punta de placer; vienen aumentadas por el espectacular sonido de escape, que también es específico y que de vez en cuando, nos regala algún que otro "petardeo", algo que agradecerán mucho los conductores más "racing".

En esta ocasión; también contábamos con el botón "mágico" con la inscripción Sport. Si pulsamos este botón el coche se transforma. El sonido se hace más bronco, las aceleraciones más enérgicas y el reloj adicional con la indicación de la presión del turbo se despierta y comienza a "bailar". Una vez pulsado ya no hay vuelta a atrás. El turbo aumenta de presión y si la comprimida mecánica del Abarth ya era increíblemente capaz; se convierte así en un auténtico cohete...

En este coche tampoco nos vamos a entretener mucho con el tema del equipamiento de serie, ya que cuenta con tan solo lo suficiente para disfrutar y concentrarse al volante y con excepción del aspecto de urbano "bruto", con el motor potente, con esas llantas, los asientos específicos y deportivos, y algún que otro aditamento estético, no cuenta con muchas diferencias con un Fiat 500 como tal.

Su comportamiento es muy serio y radical. Es un vehículo "amable" con el conductor que perdona algún que otro error, pero en general, estamos hablando de un coche en el que tendremos que participar de una manera activa en su conducción.


Si la pureza existe; Abarth debería ser su sinónimo. En una conducción deportiva, nos hace sentir como en un kart y sus contenidas medidas nos permiten realizar maniobras de una manera muy ágil y en general aplomada. Como hemos dicho; los frenos son muy potentes aunque en las frenadas más fuertes, notamos como el conjunto se descoloca un poco en la zaga y nos hace concentrarnos en dosificar un poco más nuestras fuerzas a la hora de pisarlo.

Por otra parte, a pesar de su gran configuración, con una distancia entre ejes máxima dentro de su tamaño, debemos tener en cuenta su altura, ya que no mantenemos una posición ideal como la que podríamos tener en una carrocería coupé y con un habitáculo más cercano al suelo, además de tener un centro de gravedad más bajo. Esas inercias debemos de tenerlas en cuenta al conducir al pequeño Abarth.

El excelente esquema de suspensiones, palían mucho esta sensación y nos generan una gran confianza, aunque claro; si no estamos realizando esa conducción deportiva, son unas suspensiones muy secas y duras para nuestro día a día...


Conclusión final.

Pronto veremos la nueva imagen del Abarth 595 que se actualiza al igual que lo hizo la base en la que se realiza, que es el Fiat 500. Ese es uno de los motivos por lo que ahora es un buen momento para adquirir a este pequeño deportivo, ya que las últimas unidades de esta serie suponemos, que tendrán un precio de auténtico derribo.


De esta manera; obtendremos un gran deportivo simpático, capaz de rivalizar con vehículos de segmentos superiores y que nos proporcionará horas y horas de auténtico placer al volante. El Abarth 595 Turismo es un "juguete" para mayores, con el que disfrutaremos como auténticos niños en las carreteras más reviradas de nuestros puertos de montaña preferidos.

Es un coche muy exigente, ya que hay que tener ciertas manos para lograr conducirlo realmente rápido, pero hará que su afortunado propietario se sienta como un auténtico piloto de carreras. Gracias a su estudiado esquema de suspensiones, de tarado firme, el Abarth va realmente aplomado en cualquier tipo de vía, aunque su estructura de urbano en la que vamos sentados un poco más altos de lo que deberíamos, no nos inspire mayor confianza y nos haga ser algo más cuidadosos con el pedal del acelerador.


Con una dirección muy directa e incisiva, se nos muestra como un coche muy ágil a la hora de enlazar esas curvas y poco a poco, perderemos ese miedo inicial para disfrutar plenamente con un coche que se mueve en bloque por donde le indiquemos con el aro del volante.

El sistema de frenos se ha reforzado debido al potencial de la mecánica y tienen un mordiente espectacular, aunque en las frenadas más extremas, pueden llegar a descolocar un poco a la zaga, debido a que las inercias y el peso del vehículo en ese momento, se desplaza todo hacia la parte delantera. A pesar de que no es preocupante y nos enseñará a "jugar" con el reparto de masas, en este punto tendremos que mantener la mente fría y no asustarnos manteniendo la marcha por donde queramos ir, ya que el coche seguirá al pié de la letra nuestras instrucciones.

La mecánica comprimida 1.4 M-Jet, arroja 160cv al asfalto, una potencia muy seria para un coche tan pequeño y liviano, por lo que las aceleraciones son realmente espectaculares y se vuelven hasta adictivas, gracias a su sistema de escape deportivo que nos regala algún que otro petardeo de vez en cuando.

El botón Sport nos proporciona unas reacciones mucho más vivas y aumenta ligeramente las prestaciones del pequeño "escorpión", gracias a una mayor presión de soplado del turbo, algo que aumenta superlativamente, las sensaciones que nos produce un coche tan puro como este.

En nuestra unidad de prueba; tuvimos la ocasión de comprobar el funcionamiento del peculiar cambio automático, que sustituye el típico selector por botones. Es fácil de accionar y funciona bastante bien, interpretando perfectamente las señales que le mandamos desde el pedal del acelerador y que nos permite, si así lo deseamos, apurar las marchas hasta la zona roja del cuenta vueltas.

En este caso no es de doble embrague, por lo que la transición de marchas tanto en plena aceleración, como en las reducciones, se perciben con total nitidez, algo que se agradece en un vehículo como Abarth, en el que las sensaciones deportivas deben ser el denominador común.


El equipo de serie es similar al de un Fiat 500, solo que con aditamentos "racing" en la carrocería, la incorporación de unas llantas de 17 pulgadas y un interior específico en el que se incluyen los asientos deportivos revestidos en cuero, pedales específicos, el indicador de la presión del turbo y algún distintivo más que lo diferencian como la versión deportiva Abarth. Bueno; y lógicamente, el trabajo realizado en el chasis, esquema de suspensiones, escape, frenos y demás que os hemos ido comentando en todo el post.

En definitiva; tenemos ante nosotros a un Fiat 500 "tuneado", pero tuneado por el especialista Abarth, por lo que convertimos al coche urbanita por excelencia, en un auténtico devorador de curvas en los puertos de montaña más complicados.


Es increíble el trabajo que se ha realizado sobre la base de un coche de "chicas" para convertirlo en un coche de macho "alfa". Potente, atractivo y adictivo. Si hay muchas personas que se compran una moto para realizar sus rutas de fin de semana, me parece genial, pero yo; yo me quedo con el Abarth 595 Turismo...

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