Prueba: Honda CR-V 1.6 i-DTEC Elegance




Nuestra prueba de hoy, nos lleva a lidiar con un SUV que a priori, ni es un superventas, ni tiene un atractivo especial, ni cuenta con motores especialmente potentes, ni tiene un carácter determinado. Hoy conducimos un SUV que no tiene un mayor aliciente que no sea ese; el de ser un SUV.


Pero esa afirmación, no es nada despectiva, sino todo lo contrario. Es un SUV con letras mayúsculas, que sin ser el chico más destacado de la clase y pasando desapercibido, saca muy buenas notas en todas las materias, así que como es lógico; sus "padres" están muy orgullosos de él.

El Honda CR-V no es ya ninguna novedad y hace poco tiempo ha sido ligeramente renovado para mantener una cierta frescura respecto a la, cada vez más, feroz competencia. Su primera generación, nació en 1997 y en 2002, apareció la segunda generación, que supuso una gran revolución, ya que sus líneas maestras no han cambiado en exceso hasta el día de hoy, aunque eso sí; poco a poco se han ido suavizando y actualizando, además de que la carrocería ha ido cogiendo "cuerpo" para convertirse en un SUV con muy buenas actitudes.


El frontal es lo que más se ha visto actualizado con el paso del tiempo, con la incorporación de unos faros afilados con unas características luces diurnas LED que los bordean y detalles cromados sobre la parrilla delantera y los faros antiniebla que remarcan una visión poderosa. También cuenta con una protección de los bajos de diferente color de la carrocería tanto delante como detrás, porque no obstante, no deja de ser un todo-camino e igual; pero solo igual, nos da por meterlo en algún compromiso en forma de trialera o camino en mal estado.

La visión lateral y trasera, no han cambiado tanto, tan solo digamos, que se ha ido adaptando a los tiempos y ha ido cogiendo forma y aumentado el tamaño. Es original la manera que los paneles laterales parece que se funden con los pilotos traseros, que por cierto, están en una gran posición elevada para favorecer la visión de los coches precedentes.

En la zaga, nos encanta el gran portón trasero de acceso al maletero, ya que es realmente grande y nos permite una carga sencilla, puesto que la boca de carga está bastante cerca del suelo, algo que se agradece y mucho, en este tipo de vehículos, normalmente más altos.


Ese gran portón, puede accionarse de manera eléctrica según versiones, aunque no era en nuestro caso. Una vez abierto, nos descubre un amplísimo maletero de 589 litros, muy aprovechable y práctico, además de, como hemos dicho, tener una gran boca de carga cerca del suelo, que nos permitirá ubicar objetos muy voluminosos y no machacarnos la espalda a la hora de cargarlos. Si abatimos los asientos posteriores, esa capacidad de carga aumentaría hasta los 1.145 litros.


Ese gran espacio, también se traslada al interior, ya que el CR-V, cuenta con uno de los habitáculos más amplios entre todos los coches que hemos probado últimamente. Las plazas traseras pueden albergar hasta tres ocupantes sin muchos problemas, incluso en la plaza central, puesto que el túnel de transmisión no está muy sobre-elevado, por lo menos, en nuestra unidad de pruebas que tenía tracción delantera. Existe mucho espacio para las piernas y respecto a la altura del techo.

En las plazas delanteras, también nos encontramos muy holgados y el cuadro de mandos está diseñado para ofrecernos esa sensación de amplitud general. Los asientos sujetan el cuerpo de una manera correcta y son grandes y cómodos, además que gracias a sus múltiples reglajes, encontraremos una posición de conducción perfecta bastante rápido.

Una vez acomodados, nos percatamos de un salpicadero con todos los mandos y controles a mano, incluso, la palanca de cambios se sitúa en una posición ideal muy cerca del volante. Bueno, tampoco es que tenga muchos mandos para accionar como tal, puesto que todo se reduce al climatizador bi-zona y a los botones de los asientos calefactados, que sí montaba nuestra unidad con el acabado Elegance. El resto, se aglutinan en el volante multifunción.

Desde ahí podemos controlar el sistema manos libres Bluetooth, el equipo de audio, el control de velocidad de crucero y limitador o el ordenador de a bordo, cuya información la podremos ver o en el centro del cuadro de mandos, en una pantalla TFT situada en el centro del velocímetro, o bien; en otra pantalla central, algo más grande, situada encima de la pantalla principal del equipo de infoentretenimiento, táctil, de 7 pulgadas y con una gran calidad de imagen.

En esa pantalla del equipo Honda Connect, en la que no percibimos ningún atisbo de brillo provocado por el sol, podemos visionar la información del sistema de navegación, además de la vista de la cámara de asistencia al accionar la marcha atrás y la información procedente del equipo de audio, con la emisora o la canción que hayamos grabado en nuestro USB, que por cierto, tiene hasta dos puertos de entrada. También podemos conectar nuestro Smartphone a través del sistema Mirror Link y acceder a internet, siempre y cuando, el vehículo no esté en movimiento.


Para completar el equipo de serie, nos encontramos con sensores de aparcamiento delanteros y traseros, asistente de arranque en cuesta, llantas de 17 pulgadas, sensores de lluvia y luces, asiento del conductor con ajuste lumbar eléctrico, lavafaros a presión, Start/Stop o sistema ECO Assist, que es un botón verde situado en el lateral izquierdo, que nos permite una conducción responsable en el ámbito ciudadano y nos alienta y orienta para que conduzcamos de una manera ecológica.

Opcionalmente, podemos contar con elementos como aviso de cambio involuntario de carril, aviso de colisión frontal o sistema de reconocimiento de señales de tráfico, entre otras cosas.


La mecánica que montaba nuestra unidad de pruebas, era la misma que probamos hace unas semanas con el Honda Civic. Se trata de un 1.6 i-DTEC con 120cv y 300 Nm de par máximo. En nuestro caso, estaba asociada a una transmisión manual de 6 relaciones, con un accionamiento muy propio y unas inserciones de marchas muy acertadas y precisas. Podemos optar, no obstante, por una novedosa transmisión automática de 9 marchas, aunque siempre relacionada con la tracción total.


Es una mecánica que ya nos sorprendió en el Civic por su respuesta y su empuje, pero en el CR-V, al ser un vehículo más voluminoso y pesado, teníamos nuestras dudas de que ese motor se comportase igual.

Error. A pesar de todo, esa mecánica sigue fiel a sus principios y casa muy bien con el esquema del CR-V. Mantiene una respuesta considerable desde muy bajas revoluciones, que si bien, no te pega la espalda al respaldo del asiento, sí que notas como ganas velocidad de una manera rápida. Otra cosa son las prestaciones finales, ya que 180 Km/h o una aceleración de 0-100 Km/h en 11,2 segundos, pueden pareceros poca cosa, pero es que el CR-V es un SUV de 4,60 metros y casi 1.600 Kg, así que no es un vehículo para correr o hacer tramos.


A cambio, nos ofrece unos consumos realmente ajustados de 4,4 l/100Km y un funcionamiento silencioso y solvente. Pero no os preocupéis, porque los 300 Nm de par, nos ayudan a no tener que acudir demasiado a la ayuda de la caja de cambios para afrontar un repecho del terreno o un adelantamiento.


No obstante; la mecánica y el vehículo, es un tandem ideal para realizar largos recorridos sin fatiga ni estrés por cualquier tipo de vía y a un buen ritmo si nos lo proponemos. El esquema de suspensiones filtra muy bien las imperfecciones del asfalto y de terrenos, más o menos, en buen estado. Es tirando a blando, aunque soporta muy bien los cambios de apoyo sin hacer que el conjunto balancee en exceso.

Como viene siendo habitual, aunque tengamos la posibilidad de montar una tracción total, el CR-V no es precisamente un todo-terreno puro y ni las ruedas, ni su configuración general, son apropiadas para realizar ejercicios muy complicados fuera del asfalto, aunque sí que se permite ciertas licencias por caminos un poco rotos, ya que según versiones, también podemos montar el control de descensos. Pero mejor utilizarlo para viajar...


Conclusión final.

El Honda CR-V es un gran SUV, que sin hacer un ruido excesivo, tiene muchas virtudes con las que no cuentan sus rivales directos y se confirma como uno de los SUV más acertados de su segmento.


Probablemente no sea ni el más bonito, ni el más tecnológico ni el más nada, pero sin destacar en nada; el CR-V es un gran SUV con todo lo que un usuario desea en un vehículo de estas características.

Mantiene un tamaño compacto que lo hace muy utilizable a diario. Pero a pesar de ese tamaño contenido, su habitabilidad interior es una de las mejores que existen en la actualidad dentro de este segmento, además de contar con un enorme maletero en el que se agradece esa enorme boca de carga muy cerca del suelo, algo que no todas las marcas tienen en cuenta.


Esa habitabilidad se complementa con un gran confort de marcha, gracias a una mecánica solvente y de bajo consumo, que es suficiente para mover al conjunto y obtener unas prestaciones más que aceptables. Con 120cv se nos presenta un motor muy frugal en consumos y los 300 Nm nos ayudarán a mantener una velocidad contenida sin la necesidad imperiosa de que la transmisión tenga que trabajar más de lo debido.

Continuando con el interior, la calidad de los materiales empleados es notable, porque a pesar de que visualmente no llamen mucho la atención, los ajustes y el tacto, son especialmente buenos. Por otra parte; el equipo de serie en nuestro acabado Elegance es notable y contamos con varias opciones para completarlo y dejarlo a nuestro gusto.

Por último, su comportamiento también es bastante agradable. La mecánica diésel no se percibe apenas en un un interior bien insonorizado y el confort de marcha es la tónica general del conjunto. Las suspensiones nos ofrecen un filtrado estupendo de las imperfecciones del piso, pero a su vez, contienen muy bien las posibles derivas de un conjunto alto y pesado. La dirección es también bastante directa y comunicativa con lo que ocurre debajo de las ruedas.

Por otra parte, las posibilidades de elección son varias y además de un buen abanico de mecánicas, podemos elegir a nuestro CR-V con tracción delantera o total, con transmisión manual o automática de 5 o 9 velocidades y la posibilidad de hasta 4 acabados según el equipamiento que deseemos.

Tiene muchas virtudes, pero hay algo que a mí no me acaba de convencer y, probablemente a muchos de los potenciales clientes tampoco. Eso es su diseño anodino y discreto, que ocultan las capacidades reales de un todo-camino que por lo demás; es redondo en todos los aspectos.

Sería muy pretencioso decir que es el SUV definitivo, pero en Honda, tienen en cuenta al conductor y pasajeros al 100% y ese es uno de los motivos por los que el CR-V se postularía como uno de los mejores SUV del mercado. Pero ese diseño..., hay que darlo otra vuelta.




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