Prueba: Ford Edge 2.0 TDCi Titanium.



Esto de la globalización es un auténtico quebradero de cabeza para todo y para todos. Todo el entramado económico, social y productivo está conectado entre sí y cuando una de las potencias mundiales "estornuda", los demás países del globo sufren las consecuencias. Este fue uno de los motivos por lo que la crisis que nos lleva azotando desde el 2008, surgió para quedarse. Pero no todo lo referente a la globalización es malo. Existen muchos niveles.

La crisis económica comenzó con el mercado inmobiliario y poco a poco hizo desplomarse, cual fichas de dominó, al resto de los pilares donde se sostenía el modelo económico del capitalismo; la banca, la industria, el turismo, el sector primario... Todos vieron como el consumo descendía de una manera imparable y en pocos meses, las mayores empresas de casi cualquier sector, se vieron en una situación muy comprometida e incluso; llegaron a desaparecer.

El mundo del automóvil es uno de los sectores que más sufrió las consecuencias de la intensa recesión económica y algunas marcas, con una larga trayectoria y con modelos que crearon tendencias en los años dulces del sector, fueron absorbidas por grupos automovilísticos más potentes a precios irrisorios o por empresas (generalmente asiáticas) que nunca habían tenido ninguna referencia dentro del sector, pero que sí tenían mucho dinero en efectivo, gracias a que su economía gozaba de un crecimiento inusitado sin parangón.

Marcas como Hummer o Saab, desaparecieron directamente. Volvo estuvo a punto de hacerlo, pero un grupo automovilístico chino se hizo con las riendas y parece que están reflotando de nuevo a la marca sueca. Land Rover y Jaguar fueron adquiridas por el magnate indio Ratan Tata (sí, el dueño de la marca Tata), y han conseguido tener una nueva época dorada, pero también las pasaron canutas. Aston Martin, Lancia, Pontiac..., y así; innumerables firmas de automóviles tuvieron una mala racha y estuvieron a punto de extinguirse o terminaron por hacerlo.

Ford también tuvo su momento de crisis, pero gracias a que gozaba de buena salud económica y después de deshacerse de varias marcas y filiales que habían adquirido en época de bonanza, y unos ajustes productivos aquí y allá; pudieron recuperarse del batacazo mundial y volver por sus fueros.

Decidieron que no se podían permitir diferentes productos, con diferentes desarrollos y diferente ingeniería para según, qué tipo de países o continentes. De esa forma, utilizaron la globalización de una manera de la que nos beneficiamos la mayoría de los consumidores y gracias a ello; en la actualidad podemos adquirir productos como el increíble y mítico Ford Mustang o la nueva edición del laureado Ford GT, ambos modelos muy complicados de conseguir (y caros) en el continente europeo antes de que se acontecieran estos hechos.


No estaban homologados para nuestro mercado y por eso había que importarlos de los E.E.U.U. y pasar por una ITV especial para poder conseguir los permisos necesarios para que pudieran circular por nuestras latitudes, por lo que el precio se disparaba hasta límites insospechados. Hoy por hoy, están perfectamente testados y homologados para poder circular por cualquier continente y ya no es complicado hacerse con una unidad de coches que tan solo se vendían en exclusiva en el mercado norteamericano.

Es el caso del objeto de nuestra prueba de hoy. El Ford Edge se lleva vendiendo en el mercado estadounidense desde hace ya varios años, pero con la última generación, han decidido que se venda también a nivel mundial. Este modelo nos llega como el SUV más grande de la marca del óvalo, completando por la parte superior, el amplio elenco de SUV con los que cuenta en su gama Ford: Ecosport, Kuga y ahora; el nuevo Ford Edge.


No esconde su origen americano. Sus líneas son poderosas lo miremos desde donde lo miremos, pero es en su parrilla delantera donde nos transmite esa sensación de fortaleza con más ahínco, gracias a una enorme parrilla frontal con el gran logotipo en el centro que abarca casi todo el protagonismo y unos faros expresivos que mantienen el lenguaje de diseño del resto de la gama de Ford.

Su gran tamaño también influye en su imagen rotunda, con 4,80 metros de longitud, por 2,18 m de ancho y 1,69 m de alto. La vista lateral nos da buena cuenta de su distancia libre respecto al suelo, lo que, junto con su tracción total permanente, nos proporciona unas muy buenas capacidades también fuera del asfalto.


También nos percatamos de una imagen un tanto coupeizada debido a la caída suave del techo hacia la zaga y no truncada y vertical, como ocurre con la mayoría de los representantes de este segmento. Eso le da una presencia diferente y más original, además de que permite crear una zaga también bastante poderosa, con un gran portón de acceso al maletero y unos pilotos traseros con tecnología LED unidos entre sí por una línea iluminada, al más puro estilo de Porsche 911 Targa, que nos aporta una visión nocturna exclusiva y original. Una doble salida de escape y un alerón de grandes dimensiones, culminan una imagen que desprende cierto dinamismo, a pesar del gran tamaño del conjunto.


El portón de acceso al maletero queda muy bien situado bastante cerca del suelo y nos descubre una gran boca de carga para facilitarnos el acceso. En nuestra unidad de pruebas, contábamos con la apertura y cierre eléctrico con tan solo pasar un pie por debajo del paragolpes trasero, lo que es bastante cómodo si llevamos las dos manos ocupadas. El maletero es bastante grande y aprovechable, con una capacidad de 602 litros, que pueden alcanzar los increíbles 800 litros si lo cargamos hasta el techo y sin sacrificar ninguna de las plazas.


Pero si necesitamos más espacio en momentos puntuales, o vamos a transportar un objeto alargado, como una tabla de surf; la banqueta trasera se abate por secciones y lo hace por medio de un mecanismo desde el maletero de forma muy sencilla, ya que cuenta con dos botones para ese menester. Eso sí; después tendremos que devolver los asientos a su posición original de manera manual.

Entramos en el interior y lo hacemos en las plazas posteriores. El espacio disponible es excepcional y sus plazas son cómodas y amplias, siendo la tercera plaza central algo más angosta, como ocurre en la mayoría de los vehículos. Con nuestro equipo Titanium, el más alto de los disponibles, las dos plazas laterales eran calefactadas, por lo que aumenta el confort de esos pasajeros traseros en los inviernos más crudos. Para el verano o esos días en los que el sol hace estragos, teníamos los cristales tintados para preservarnos, en cierta medida, de los rayos UVA y mantener la intimidad en esas plazas. El techo también era de cristal, panorámico, oscurecido y practicable eléctricamente desde las plazas delanteras.


Los asientos delanteros en nuestra unidad de pruebas eran auténticos butacones de relax. Al abrir la puerta, nos reciben unos umbrales retroiluminados con el emblema EDGE y nos sentamos en el asiento de mando, en el que encontraremos una posición perfecta de una manera sencilla, gracias a sus múltiples reglajes, que en nuestro caso también eran eléctricos, tanto para nuestro asiento, como para el del acompañante.

Sujetan muy bien el cuerpo y estaban tapizados en un excelente cuero, tanto por tacto, como por apariencia. También en nuestro caso, estos asientos eran calefactados y refrigerados, con tres niveles de potencia, así que ese cuero nunca nos parecerá ni frío en invierno, ni nos quemará la espalda en verano. Y por si el conductor habitual, no es tan habitual; contábamos con hasta 3 memorias para grabar diferentes posiciones del asiento.

El cockpit, como siempre, estaba muy ordenado y orientado al conductor. Todos los mandos estaban al alcance de nuestra mano y todo era fácil y legible. Nuestro volante multifunción tenía los mandos específicos del ordenador de a bordo, el control de velocidad de crucero y limitador, Bluetooth, algunas funciones del equipo de infoentretenimiento y el control de comandos por voz. Al tener el cambio automático de doble embrague Powershift, también teníamos a nuestra disposición, levas detrás de ese volante, para poder cambiar de manera secuencial en esta deliciosa caja de cambios.


La capilla de relojes nos ofrecía una información clara y legible, con muchos parámetros indispensables para la conducción, algo que nos puede llegar a abrumar al principio, pero en seguida nos habituamos y en poco tiempo, sabemos donde mirar si queremos consultar algo concreto.

El sistema SYNC 2 con su pantalla táctil de 8 pulgadas cobra el protagonismo en el centro del salpicadero. En ella podremos visualizar diferentes opciones, como el ordenador de a bordo con informaciones varias, la imagen de la cámara de visión delantera, del sistema de aparcamiento trasero con cámara, el navegador...


No obstante; como hemos dicho, nuestra unidad de pruebas con el acabado Titanium venía "alicatada" hasta el techo, y entre el numeroso equipamiento de serie, nos encontramos con tapicería de cuero, asientos calefactados en todas sus plazas y los de delante también refrigerados, asientos con regulación eléctrica y tres memorias, asistente de aparcamiento automático con cámara trasera y sensores perimetrales, cámara de visión delantera, ordenador de a bordo, lector de señales de tráfico, asistente de arranque en pendientes, climatizador bi-zona, equipo de infoentretenimiento SYNC 2 con pantalla táctil de 8 pulgadas y navegador, techo solar panorámico practicable eléctricamente, llantas de 19 pulgadas, apertura y arranque Free key, Start/Stop, apertura eléctrica del portón trasero, sensores de luces y lluvia, faros delanteros de LED adaptativos y antideslumbramiento... Vamos; que nos quedarían muy pocas opciones a elegir con este acabado tan dotado de serie.


Las mecánicas elegidas para impulsar al nuevo Ford Edge tan solo son dos, pero son los dos bloques diésel más potentes. Por un lado tenemos al 2.0 TDCi con 180cv y el mismo bloque, pero potenciado hasta los 210cv. Esta es la mecánica que probamos nosotros.

Este motor tan potente, transmite su fuerza a las cuatro ruedas y la centralíta transmite el par necesario a cada eje según se necesite, proporcionándonos una gran sensación de control y seguridad en cada momento.


210cv es una potencia considerable, pero no debemos olvidar que estamos ante un SUV con un volumen y una masa, también considerable. El 2.0 TDCi genera un respetable par de 450 Nm gracias al cual, no tendremos ningún problema a la hora de realizar ningún adelantamiento ni en cuanto a recuperaciones se refiere. Tampoco existen muchas carencias cuando nos aventuramos por terrenos más agresivos y complicados.

Con esta mecánica, las prestaciones son bastante aceptables, con una velocidad máxima de 210 Km/h y una aceleración de 0-100 Km/h en tan solo 9,4 segundos. Como hemos dicho, esa potencia se transmite a las cuatro ruedas de manera permanente y una caja de doble embrague Powershift de 6 relaciones, se encarga de gestionar esta potencia. No existe la posibilidad de montar una caja manual en esta versión.

El tandem mecánica-transmisión está muy bien, con unas relaciones de cambio bastante acertadas y una gran suavidad en las inserciones de las marchas. El sistema Start/Stop, entre otros factores, nos permite unos consumos ajustados de 5,9 l/100 Km en ciclo combinado y no se disparan en exceso en una conducción real.

La respuesta del motor es bastante progresiva, así que sin darnos cuenta, ya estaríamos circulando por encima de los límites legales a poco que apretemos el pedal del acelerador. No existe ninguna "patada" espectacular, todo es suavidad y "buenos modales", pero acelera con una gran contundencia y de una manera que es casi imperceptible desde dentro del habitáculo, ya que está perfectamente aislado del exterior y todo queda muy filtrado antes de que nos percatemos que vamos realmente rápido.

Y hablando de la conducción; ¿cómo se conduce el nuevo Edge?. Pues la verdad es que de una manera sorprendente, ya que personalmente me esperaba un coche más orientado al mercado norteamericano, con unas suspensiones blandas y un coche con el que no podríamos mantener un buen ritmo de marcha en una carretera revirada, pero no fue así.


El esquema de suspensiones está muy trabajado y si bien, nos proporciona un confort interior muy conseguido filtrando a la perfección todo lo que ocurre debajo de los neumáticos; aguanta muy bien los cambios de dirección y los cambios de apoyo repentinos, sin hacer que la enorme carrocería cabecee en exceso. Esto puede ser debido también a la buena distancia entre ejes del Edge, lo que sumado a la tracción total inteligente, nos proporciona unas muy buenas sensaciones y unos niveles de seguridad muy altos a nuestro paso por curva.

La dirección es muy directa, aunque al ser eléctrica, no es del todo comunicativa, pero es bastante rápida y nos adaptamos perfectamente en muy poco tiempo. No obstante; está pensada para que el coche también sea manejable por ciudad y se endurece cuando nos desplazamos por carreteras convencionales, pero no es la más apropiada para realizar una conducción deportiva por un puerto de montaña. No es un coche para eso.


Ahora, que si estamos en una carretera de montaña y queremos, ya no ver el paisaje, sino sentirlo; con el Edge podemos hacer nuestros pinitos fuera del asfalto. No cuenta ni con control de descensos, ni con ningún programa específico orientado al off road, pero gracias a su elevada altura respecto al suelo y su tracción total, podremos realizar incursiones camperas sin mucha dificultad, pero un poco más, que ir tan solo por caminos en buen estado.

En carretera convencional, el Ford Edge se comporta como lo que es, un enorme SUV. Es muy apropiado para realizar largos recorridos y viajes con el mayor confort posible y con un silencio de rodadura excepcional, ya que el habitáculo, como hemos dicho anteriormente, está muy bien aislado del exterior. Tampoco le asustan las carreteras con muchas curvas, pero hay que tener siempre presente el tipo de vehículo que conducimos y a pesar de no sentirse incómodo, ni hacernos sentir incómodos, mejor tomárselo con calma y disfrutar de la conducción.


Conclusión final.

El nuevo Ford Edge nos ha sorprendido muy gratamente, puesto que nuestras expectativas eran las de encontrarnos con un enorme vehículo muy adaptado al mercado de donde procede. Un vehículo enorme, con unos acabados tan solo pasables, una amortiguación muy blanda y un motor potente sin más.


Pero lo que nos hemos encontrado sí que es un vehículo muy grande, aunque con unos acabados y ajustes de primera calidad, un excelso equipo de serie que muy pocos coches pueden igualar ni juntando todas las opciones del catálogo, un grandioso habitáculo, muy confortable y silencioso, una mecánica poderosa y un rodar adaptado a nuestras carreteras europeas, con un esquema de suspensiones que mantienen un gran compromiso entre confort y agilidad, una dirección muy rápida de reacciones y un equipo de frenos acorde con el conjunto.

Lo más llamativo en sí, es su imagen, ya que a pesar de mantener una visión rotunda y poderosa, sobre todo en su parte frontal, rompe con el clasicismo de este tipo de vehículos en la zaga, puesto que no acaba con la cola truncada, sino que la luneta posterior, cae suavemente sobre los cuartos traseros, que también poseen una imagen diferenciadora gracias a su original firma lumínica.


Pero la inclinación de la luneta trasera, no implica a que la capacidad del maletero se haya visto afectada, ya que con 601 litros hasta la bandeja y 800 litros de carga hasta el techo, lo postulan como uno de los más capaces de la categoría.

Posee muchas soluciones que suman versatilidad y confort de uso al Edge. El portón trasero se abre de manera eléctrica con tan solo pasar un pie debajo del paragolpes, los asientos traseros se abaten a golpe de un solo botón y sin esfuerzo, cuenta con varias tomas de 12V repartidas por todo el coche y además, cuenta con una gran selección de huecos portaobjetos que vienen muy bien en los viajes más largos.


Los materiales utilizados para el salpicadero y los ajustes de los mismos, son de primera calidad y en nuestro caso, además contábamos con tapicería de cuero de tacto agradable y también con una buena calidad visual.

El equipo de serie de nuestra unidad con el acabado Titanium era simplemente abrumador. Muy pocos coches del mercado son capaces de ofrecernos tantos sistemas y gadgets sin pasar por la lista de opciones y eso es de agradecer. Nosotros contábamos con algunos elementos con sobreprecio, pero en general; el Edge nos ofrecerá más equipo de serie que sus competidores directos.


Las mecánicas elegidas para el Edge no podían haber sido más acertadas. Un bloque 2.0 TDCi con 180 y 210cv, ya que necesitan de cierto poderío para mover un vehículo como este. Nuestra unidad era la más potente y nos ofrecía un funcionamiento muy satisfactorio, una aceleración progresiva pero contundente y unas muy buenas recuperaciones gracias a su gran par. Los consumos tampoco se disparaban en exceso a pesar de realizar una conducción bastante dinámica, lo cual, es un gran punto a favor.

Es un vehículo ideal para viajar por cualquier tipo de vía, ya que el confort y el aplomo que nos brinda, además de una gran nobleza de reacciones, es bastante reseñable a pesar de contar con una masa considerable. Se podría decir que mantiene una cierta agilidad a pesar de su tamaño y concepto. También podemos realizar alguna incursión en el campo gracias a su altura y a su tracción total permanente, sin temor a dañar los bajos del vehículo y con ciertas garantías de éxito. Pero eso sí; sin meternos en camisas de 11 varas...


Los únicos inconvenientes que podría considerar en este coche son, una dirección poco comunicativa, aunque bastante directa y una rumorosidad excesiva del motor cuando está frío, además de que el cambio de doble embrague Powershift de 6 relaciones con un gran funcionamiento, podría tener alguna marcha más para desahogar un poco más a la mecánica en velocidades constantes por autovías.


Mira que yo soy reacio a los coches que se comercializan en los Estados Unidos, ya que la valoración y los requerimientos de los conductores de allí, además de sus infraestructuras y carreteras, no son los mismos que en Europa y esos coches suelen ser más apropiados para esas latitudes. Pero si hay algo en lo que la globalización nos ha hecho un favor, es en este tipo de cosas. El Edge ya es un producto global y por lo tanto, es apropiado para todo el mundo, así que mientras se pueda; disfrutemos de las únicas mieles que por de pronto, nos deja esta globalización. Bienvenido Mr Edge.

Si queréis ver el resto de nuestra pruebas dinámicas, pulsad en este ENLACE. Si queréis saber más sobre el mundo de los SUV, pulsad en este otro ENLACE. Pero si lo que queréis es saber más sobre los últimos modelos de Ford, pulsad en este ENLACE.


Entradas populares de este blog

¿Cual es el mejor neumático?

Prueba Mitsubishi ASX 160 DI-D Motion 4WD

Prueba: Seat Ateca 1.0 TSI Style