sábado, 9 de junio de 2018

Prueba: Citroën C4 Cactus 1.6 BlueHDI Feel


Cuando nació el C4 Cactus, lo hizo como una alternativa al boyante segmento de los SUV compactos, aunque con un enfoque muy diferente. Las premisas fundamentales eran las de ofrecer un gran producto, con un diseño original, pero sin perder el lenguaje propuesto en el resto de la gama, con soluciones innovadoras en materia de diseño y practicidad, algo que también va con el ADN de la marca francesa y un precio muy ajustado, a base de prescindir de ciertos elementos decorativos o poco utilizados.


El C4 Cactus de la anterior generación, no dejó indiferente a nadie y era un vehículo que o lo amabas, o lo odiabas. Llamaban poderosamente la atención las "hueveras" que cubrían todo el lateral del vehículo y algunas zonas del paragolpes frontal y trasero y que condicionaban en mayor parte, una visión a la que no estábamos acostumbrados.


La verdad es que ese elemento, denominado Airbumps, tenía una efectividad sobresaliente, aunque fue un invento un tanto incomprendido. Se trataba de unos paneles de plástico con diferentes celdas infladas con aire, que evitaban que los pequeños golpes que pueden surgir en cualquier momento, como los provocados por los "torpes" que aparcan al lado y abren la puerta de su coche como si no hubiera un mañana o incluso, pequeños toques que podemos dar nosotros mismos a la hora de aparcar;  dañaran la pintura de la carrocería, absorbiendo el impacto y volviendo otra vez a su ser.


Este sistema estaba estudiado para pequeños golpes en parado o casi, aunque su efectividad era tal, que podía soportar impactos más rotundos sin dañarse. De hecho; en una ocasión vi un test en el que lanzaban una pesa de 10 Kg desde cierta altura y con efecto péndulo contra los Airbumps y tan solo así, se generaba una pequeña muesca. En el resto de las puertas de chapa, con 3 o 5 Kg y el mismo sistema, ya tenían un boquete considerable.


Pues bien; esos paneles, como hemos dicho, condicionaban un diseño que por otra parte, destacaba en materia de practicidad y habitabilidad, además de ser bastante original.

La nueva generación del C4 Cactus no difiere en exceso de lo conocido y si realmente no estáis muy metidos en este mundillo, es probable que en un principio pase totalmente desapercibido. Pero si nos detenemos un poco más, comprobaremos que los cambios son muchos y muy sustanciales, además de incluir ciertos elementos que no se ven, pero que también cuentan con el carácter innovador con el que siempre a convivido una marca como Citroën.



Pero primero; vayamos con el diseño exterior. Mantiene su figura conocida pero con unos trazos más estilizados que lo hacen parecer más bajo y alargado que la anterior generación. De hecho es 13mm más largo y 19mm más bajo, pero son dos cotas prácticamente inapreciables y es más una sensación patente provocada por la eliminación de las barras del techo y los nuevos pilotos, tanto delanteros como traseros, además de la eliminación de los Airbumps que ocupaban casi todo el lateral, y que dan paso a una fina línea en la zona baja, aunque eso sí; con el mismo sistema de celdillas hinchadas.


Su imagen en general, se nos muestra un tanto más sobria y madura, pero sin perder ese punto "divertido" de la generación precedente. En el frontal, destacamos un nuevo diseño de los pilotos delanteros, un tanto más alargados y grandes, que favorecen una visión algo más destacable y poderosa. También influye un paragolpes rediseñado y con sendas aberturas laterales en pos de una mejor aerodinámica, además de sutiles cambios y nuevos perfilados en la parrilla delantera.


En el lateral, como habíamos dicho, perdemos los voluminosos paneles de los Airbumps, que se sustituyen por una línea baja que deja al descubierto una mayor superficie de chapa, y destacamos una línea de cintura elevada con trazos neutros y limpios, sin ningún tipo de alarde estéticos fuera de lugar.


La marca francesa nos quiere condicionar a pensar que el C4 Cactus se ha reconvertido en una berlina, aunque todavía le quedan esas pequeñas reminiscencias de todo-camino, con las protecciones de plástico que rodean toda la carrocería. No sé yo si ese cambio de enfoque, al estilo de lo que le funcionó a Nissan en su momento con el superventas Qashqai, tendrá el mismo efecto con el C4 Cactus, pero por intentarlo, que no sea.


También nos gustan (en nuestro caso) las llantas de 16 pulgadas en tono gris, muy originales, que combinan a la perfección con el negro de la carrocería y pequeños toques diferenciadores, como el pilar C con efecto de aleta de tiburón y un aditamento en contraste con la nomenclatura Cactus.



En la zaga, también nos encontramos con un nuevo diseño de varios elementos que aumentan esa visión de un conjunto más estilizado. Los nuevos pilotos traseros son más alargados y tienen una iluminación con efecto 3D. También el paragolpes tiene un aspecto más envolvente y profuso.


Pasamos al interior y lo hacemos desde el maletero. Al abrir el portón descubrimos un espacio suficiente de 348 litros, bastante diáfano y aprovechable. La boca de carga es amplia, aunque nos queda un poco elevada respecto al suelo, lo que nos dificultará la tarea si tenemos que cargar algo pesado. Por lo demás; nos ofrece un maletero correcto dentro del segmento.


Las plazas traseras son cómodas y muy amplias y desde ahí, descubrimos una de las novedades que nos ofrece esta nueva generación. Se ha estudiado el mullido de los asientos y ahora incorpora una nueva espuma que favorece un acomodo perfecto y un compromiso justo entre dureza y confort, algo que agradeceremos en los trayectos más largos.

Una de las curiosidades que se han mantenido desde la generación anterior, son las ventanillas traseras abatibles en forma de libro. Es un sistema utilizado hace años en los vehículos con carrocería coupé de tres puertas, que los chicos de Citroën han recuperado para el C4 Cactus. Han prescindido de un sistema eléctrico o manual con motivo de ahorrar costes de producción. Tiene un cierre muy sólido y no permite ruidos aerodinámicos intrusivos.

En las plazas delanteras también nos encontramos con unas butacas muy grandes y confortables, pero con poca sujeción lateral, algo que en un vehículo como este Cactus no nos preocupa, porque no está destinado a realizar un tramo de montaña a "tumba abierta".


Delante de nosotros nos encontramos con un cuadro de mandos espartano, muy simple y básico; sin ningún tipo de artificio que no sirva en exclusiva para facilitarnos la conducción. Todo este salpicadero está orientado a ofrecernos la mayor practicidad posible y a que todo sea especialmente legible y fácil de activar.


La capilla de relojes, por ejemplo, se sustituye por un display digital en el que se nos ofrece toda la información indispensable referente a nuestra conducción y al vehículo, como la velocidad, la autonomía, los kilómetros recorridos, el cuadro de luces y testigos de aviso.


El volante multifunción, tiene un buen tamaño y aglomera los mandos de los sistemas más utilizados para que no tengamos que soltar las manos, como los correspondientes al sistema Bluetooth, el equipo de audio, el ordenador de a bordo o el control de velocidad de crucero. Son unos pulsadores grandes y muy sencillos de interpretar.

El resto de cuadro de instrumentos se ve reducido a una pantalla central de 7 pulgadas. Y cuando digo reducido, es reducido; porque realmente no cuenta con ningún elemento más que sirva para activar cualquier gadget del que disponga el vehículo. De hecho; el espacio libre se aprovecha para colocar numerosos huecos portaobjetos de diferentes capacidades que están repartidos también por el
habitáculo.



Desde esa pantalla podremos acceder a todos los sistemas y toda la información de la que disponga el vehículo. El ordenador de a bordo, la cámara de visión trasera en el caso de montarla, el navegador e incluso el climatizador; todo es táctil y se maneja de forma muy intuitiva, ya que cuenta con botones en el lateral de la pantalla que simplifican la tarea de movernos por los diferentes menús. Tiene buena calidad de imagen, aunque no acabo de acostumbrarme a buscar un equipamiento como el climatizador sobre una pantalla. Seguramente nos acabemos acostumbrando, pero de origen, la verdad es que se nos hace un poco raro.

La imagen principal del salpicadero, culmina con una original guantera de gran tamaño enfrente del copiloto, que se asemeja a una maleta de viaje. De esta manera, el airbag frontal queda desplazado al perfil del techo, otra de las innovaciones de la marca, que ya estrenaron con el Cactus precedente.


Nuestro acabado Feel es una terminación intermedia y entre otros elementos, disponíamos de climatizador automático, navegador, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas y compatible con Android Auto y Apple Car Play, control de velocidad de crucero con limitador, sensores de aparcamiento delanteros y traseros, sensores de luces, asistente de arranque en pendiente, asistente de frenada de emergencia, asistente de presión de neumáticos, Citroën Connect Box de llamada de asistencia y emergencia, Start/Stop o llantas de 16 pulgadas, entre otros elementos de seguridad y confort.


En cuanto a la mecánica, nuestra versión era un BlueHDI 1.6 de 100cv y 254 Nm de par máximo con el que conseguimos unas prestaciones discretas, pero suficientes; con una aceleración de 0-100 Km/h en 11,8 segundos y una velocidad máxima de 185 Km/h. Pero lo más interesante, quizás, de esta versión, son sus consumos homologados, que se plantan en tan solo 3,6 l/100 Km en ciclo mixto, homologados por la marca.



Es un motor bastante silencioso que no se nos muestra intrusivo en el habitáculo, que por otra parte, está muy bien aislado, algo en lo que también han empleado su tiempo los ingenieros de la marca, en esta segunda generación.

Nos entrega la potencia de una manera muy progresiva y escala revoluciones de una forma pausada, algo que repercute en un confort interior muy mejorado. No obstante; el C4 Cactus es un coche para desplazarnos de una manera tranquila y disfrutando de la conducción, que no deja de sorprendernos por su suavidad.


Pero aquí estamos para probar coches, incluso; cuando se trata de un vehículo tranquilo como este. Y es que la marca también quiere destacar con un nuevo sistema que montan todos los nuevos C4 Cactus de serie, menos la versión más básica de 84cv.


Se trata de unos nuevos amortiguadores progresivos hidráulicos. Constan de unos topes en los amortiguadores que suavizan los movimientos de compresión y de extensión por medio de unos canales de líquido, que se llenan o vacían según la necesidad, para hacer del conjunto mucho más confortable.


Lo comprobamos en un tramo especialmente bacheado y roto y la verdad es que sí que se nota una mejor filtración de las imperfecciones del asfalto. No se neutralizan del todo, pero no nos transmiten la sacudidas típicas que obtendríamos con cualquier otro vehículo.


Por otra parte, lo que me sorprendió sobremanera, fue su comportamiento con este tipo de amortiguación. Afrontamos un tramo muy revirado, con muchos cambios de apoyo y curvas de diferentes grados y adoptamos un estilo de conducción deportiva; un tipo de conducción que ningún cliente objetivo del C4 Cactus es probable que practique nunca.

Comprobamos de primera mano como esta nueva amortiguación progresiva hacía que el conjunto fuera muy asentado a su paso por curva, anulando en un mayor grado los balanceos de la carrocería y procurándonos una sensación de seguridad muy elevada. Nunca pensé que un coche como el C4 Cactus fuera especialmente dinámico, pero el trabajo de esos topes en una conducción relativamente deportiva, me agradó mucho.


Es un punto favorable en un vehículo que mucha gente comprará por su simplicidad de uso, su configuración y su postura de conducción; y que probablemente, lo utilicen en mayor medida, para desplazamientos de fin de semana por carreteras rotas y reviradas, por lo que agradecerán que el C4 Cactus mantenga un comportamiento tan neutro y confortable.


La dirección se nos mostraba correcta y el equipo de frenos suficientes para detener un vehículo de estas características.

Este modelo de Citroën en su segunda generación, nos llega con un halo más sobrio y con una apariencia de ser más coche, pero sin perder ese ligero toque diferenciador y divertido que ya caracterizó al modelo al que sustituye.


El carácter innovador de la marca se ve en elementos como la configuración del salpicadero, en el que prima la funcionalidad y la simplicidad sobre todas las cosas y también, en su nuevo sistema de amortiguación, impensable en un vehículo con estas características, que mejora sus reacciones en carretera y favorece un gran confort de rodadura


Es un vehículo muy cómodo, amplio, silencioso, con un equipamiento suficiente, un aspecto divertido y práctico, con una mecánica correcta, unos frugales consumos y sorprendentemente dinámico. Digamos que es un vehículo en el que la simplicidad y la facilidad de uso atraerá a muchos clientes que busquen un coche con los grandes valores que nos ofrece una carrocería como el C4 Cactus.


¿Quieres un coche cómodo, seguro, sencillo y con un precio ajustado?. El C4 Cactus puede ser tu coche.



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sábado, 9 de junio de 2018

Prueba: Citroën C4 Cactus 1.6 BlueHDI Feel


Cuando nació el C4 Cactus, lo hizo como una alternativa al boyante segmento de los SUV compactos, aunque con un enfoque muy diferente. Las premisas fundamentales eran las de ofrecer un gran producto, con un diseño original, pero sin perder el lenguaje propuesto en el resto de la gama, con soluciones innovadoras en materia de diseño y practicidad, algo que también va con el ADN de la marca francesa y un precio muy ajustado, a base de prescindir de ciertos elementos decorativos o poco utilizados.


El C4 Cactus de la anterior generación, no dejó indiferente a nadie y era un vehículo que o lo amabas, o lo odiabas. Llamaban poderosamente la atención las "hueveras" que cubrían todo el lateral del vehículo y algunas zonas del paragolpes frontal y trasero y que condicionaban en mayor parte, una visión a la que no estábamos acostumbrados.


La verdad es que ese elemento, denominado Airbumps, tenía una efectividad sobresaliente, aunque fue un invento un tanto incomprendido. Se trataba de unos paneles de plástico con diferentes celdas infladas con aire, que evitaban que los pequeños golpes que pueden surgir en cualquier momento, como los provocados por los "torpes" que aparcan al lado y abren la puerta de su coche como si no hubiera un mañana o incluso, pequeños toques que podemos dar nosotros mismos a la hora de aparcar;  dañaran la pintura de la carrocería, absorbiendo el impacto y volviendo otra vez a su ser.


Este sistema estaba estudiado para pequeños golpes en parado o casi, aunque su efectividad era tal, que podía soportar impactos más rotundos sin dañarse. De hecho; en una ocasión vi un test en el que lanzaban una pesa de 10 Kg desde cierta altura y con efecto péndulo contra los Airbumps y tan solo así, se generaba una pequeña muesca. En el resto de las puertas de chapa, con 3 o 5 Kg y el mismo sistema, ya tenían un boquete considerable.


Pues bien; esos paneles, como hemos dicho, condicionaban un diseño que por otra parte, destacaba en materia de practicidad y habitabilidad, además de ser bastante original.

La nueva generación del C4 Cactus no difiere en exceso de lo conocido y si realmente no estáis muy metidos en este mundillo, es probable que en un principio pase totalmente desapercibido. Pero si nos detenemos un poco más, comprobaremos que los cambios son muchos y muy sustanciales, además de incluir ciertos elementos que no se ven, pero que también cuentan con el carácter innovador con el que siempre a convivido una marca como Citroën.



Pero primero; vayamos con el diseño exterior. Mantiene su figura conocida pero con unos trazos más estilizados que lo hacen parecer más bajo y alargado que la anterior generación. De hecho es 13mm más largo y 19mm más bajo, pero son dos cotas prácticamente inapreciables y es más una sensación patente provocada por la eliminación de las barras del techo y los nuevos pilotos, tanto delanteros como traseros, además de la eliminación de los Airbumps que ocupaban casi todo el lateral, y que dan paso a una fina línea en la zona baja, aunque eso sí; con el mismo sistema de celdillas hinchadas.


Su imagen en general, se nos muestra un tanto más sobria y madura, pero sin perder ese punto "divertido" de la generación precedente. En el frontal, destacamos un nuevo diseño de los pilotos delanteros, un tanto más alargados y grandes, que favorecen una visión algo más destacable y poderosa. También influye un paragolpes rediseñado y con sendas aberturas laterales en pos de una mejor aerodinámica, además de sutiles cambios y nuevos perfilados en la parrilla delantera.


En el lateral, como habíamos dicho, perdemos los voluminosos paneles de los Airbumps, que se sustituyen por una línea baja que deja al descubierto una mayor superficie de chapa, y destacamos una línea de cintura elevada con trazos neutros y limpios, sin ningún tipo de alarde estéticos fuera de lugar.


La marca francesa nos quiere condicionar a pensar que el C4 Cactus se ha reconvertido en una berlina, aunque todavía le quedan esas pequeñas reminiscencias de todo-camino, con las protecciones de plástico que rodean toda la carrocería. No sé yo si ese cambio de enfoque, al estilo de lo que le funcionó a Nissan en su momento con el superventas Qashqai, tendrá el mismo efecto con el C4 Cactus, pero por intentarlo, que no sea.


También nos gustan (en nuestro caso) las llantas de 16 pulgadas en tono gris, muy originales, que combinan a la perfección con el negro de la carrocería y pequeños toques diferenciadores, como el pilar C con efecto de aleta de tiburón y un aditamento en contraste con la nomenclatura Cactus.



En la zaga, también nos encontramos con un nuevo diseño de varios elementos que aumentan esa visión de un conjunto más estilizado. Los nuevos pilotos traseros son más alargados y tienen una iluminación con efecto 3D. También el paragolpes tiene un aspecto más envolvente y profuso.


Pasamos al interior y lo hacemos desde el maletero. Al abrir el portón descubrimos un espacio suficiente de 348 litros, bastante diáfano y aprovechable. La boca de carga es amplia, aunque nos queda un poco elevada respecto al suelo, lo que nos dificultará la tarea si tenemos que cargar algo pesado. Por lo demás; nos ofrece un maletero correcto dentro del segmento.


Las plazas traseras son cómodas y muy amplias y desde ahí, descubrimos una de las novedades que nos ofrece esta nueva generación. Se ha estudiado el mullido de los asientos y ahora incorpora una nueva espuma que favorece un acomodo perfecto y un compromiso justo entre dureza y confort, algo que agradeceremos en los trayectos más largos.

Una de las curiosidades que se han mantenido desde la generación anterior, son las ventanillas traseras abatibles en forma de libro. Es un sistema utilizado hace años en los vehículos con carrocería coupé de tres puertas, que los chicos de Citroën han recuperado para el C4 Cactus. Han prescindido de un sistema eléctrico o manual con motivo de ahorrar costes de producción. Tiene un cierre muy sólido y no permite ruidos aerodinámicos intrusivos.

En las plazas delanteras también nos encontramos con unas butacas muy grandes y confortables, pero con poca sujeción lateral, algo que en un vehículo como este Cactus no nos preocupa, porque no está destinado a realizar un tramo de montaña a "tumba abierta".


Delante de nosotros nos encontramos con un cuadro de mandos espartano, muy simple y básico; sin ningún tipo de artificio que no sirva en exclusiva para facilitarnos la conducción. Todo este salpicadero está orientado a ofrecernos la mayor practicidad posible y a que todo sea especialmente legible y fácil de activar.


La capilla de relojes, por ejemplo, se sustituye por un display digital en el que se nos ofrece toda la información indispensable referente a nuestra conducción y al vehículo, como la velocidad, la autonomía, los kilómetros recorridos, el cuadro de luces y testigos de aviso.


El volante multifunción, tiene un buen tamaño y aglomera los mandos de los sistemas más utilizados para que no tengamos que soltar las manos, como los correspondientes al sistema Bluetooth, el equipo de audio, el ordenador de a bordo o el control de velocidad de crucero. Son unos pulsadores grandes y muy sencillos de interpretar.

El resto de cuadro de instrumentos se ve reducido a una pantalla central de 7 pulgadas. Y cuando digo reducido, es reducido; porque realmente no cuenta con ningún elemento más que sirva para activar cualquier gadget del que disponga el vehículo. De hecho; el espacio libre se aprovecha para colocar numerosos huecos portaobjetos de diferentes capacidades que están repartidos también por el
habitáculo.



Desde esa pantalla podremos acceder a todos los sistemas y toda la información de la que disponga el vehículo. El ordenador de a bordo, la cámara de visión trasera en el caso de montarla, el navegador e incluso el climatizador; todo es táctil y se maneja de forma muy intuitiva, ya que cuenta con botones en el lateral de la pantalla que simplifican la tarea de movernos por los diferentes menús. Tiene buena calidad de imagen, aunque no acabo de acostumbrarme a buscar un equipamiento como el climatizador sobre una pantalla. Seguramente nos acabemos acostumbrando, pero de origen, la verdad es que se nos hace un poco raro.

La imagen principal del salpicadero, culmina con una original guantera de gran tamaño enfrente del copiloto, que se asemeja a una maleta de viaje. De esta manera, el airbag frontal queda desplazado al perfil del techo, otra de las innovaciones de la marca, que ya estrenaron con el Cactus precedente.


Nuestro acabado Feel es una terminación intermedia y entre otros elementos, disponíamos de climatizador automático, navegador, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas y compatible con Android Auto y Apple Car Play, control de velocidad de crucero con limitador, sensores de aparcamiento delanteros y traseros, sensores de luces, asistente de arranque en pendiente, asistente de frenada de emergencia, asistente de presión de neumáticos, Citroën Connect Box de llamada de asistencia y emergencia, Start/Stop o llantas de 16 pulgadas, entre otros elementos de seguridad y confort.


En cuanto a la mecánica, nuestra versión era un BlueHDI 1.6 de 100cv y 254 Nm de par máximo con el que conseguimos unas prestaciones discretas, pero suficientes; con una aceleración de 0-100 Km/h en 11,8 segundos y una velocidad máxima de 185 Km/h. Pero lo más interesante, quizás, de esta versión, son sus consumos homologados, que se plantan en tan solo 3,6 l/100 Km en ciclo mixto, homologados por la marca.



Es un motor bastante silencioso que no se nos muestra intrusivo en el habitáculo, que por otra parte, está muy bien aislado, algo en lo que también han empleado su tiempo los ingenieros de la marca, en esta segunda generación.

Nos entrega la potencia de una manera muy progresiva y escala revoluciones de una forma pausada, algo que repercute en un confort interior muy mejorado. No obstante; el C4 Cactus es un coche para desplazarnos de una manera tranquila y disfrutando de la conducción, que no deja de sorprendernos por su suavidad.


Pero aquí estamos para probar coches, incluso; cuando se trata de un vehículo tranquilo como este. Y es que la marca también quiere destacar con un nuevo sistema que montan todos los nuevos C4 Cactus de serie, menos la versión más básica de 84cv.


Se trata de unos nuevos amortiguadores progresivos hidráulicos. Constan de unos topes en los amortiguadores que suavizan los movimientos de compresión y de extensión por medio de unos canales de líquido, que se llenan o vacían según la necesidad, para hacer del conjunto mucho más confortable.


Lo comprobamos en un tramo especialmente bacheado y roto y la verdad es que sí que se nota una mejor filtración de las imperfecciones del asfalto. No se neutralizan del todo, pero no nos transmiten la sacudidas típicas que obtendríamos con cualquier otro vehículo.


Por otra parte, lo que me sorprendió sobremanera, fue su comportamiento con este tipo de amortiguación. Afrontamos un tramo muy revirado, con muchos cambios de apoyo y curvas de diferentes grados y adoptamos un estilo de conducción deportiva; un tipo de conducción que ningún cliente objetivo del C4 Cactus es probable que practique nunca.

Comprobamos de primera mano como esta nueva amortiguación progresiva hacía que el conjunto fuera muy asentado a su paso por curva, anulando en un mayor grado los balanceos de la carrocería y procurándonos una sensación de seguridad muy elevada. Nunca pensé que un coche como el C4 Cactus fuera especialmente dinámico, pero el trabajo de esos topes en una conducción relativamente deportiva, me agradó mucho.


Es un punto favorable en un vehículo que mucha gente comprará por su simplicidad de uso, su configuración y su postura de conducción; y que probablemente, lo utilicen en mayor medida, para desplazamientos de fin de semana por carreteras rotas y reviradas, por lo que agradecerán que el C4 Cactus mantenga un comportamiento tan neutro y confortable.


La dirección se nos mostraba correcta y el equipo de frenos suficientes para detener un vehículo de estas características.

Este modelo de Citroën en su segunda generación, nos llega con un halo más sobrio y con una apariencia de ser más coche, pero sin perder ese ligero toque diferenciador y divertido que ya caracterizó al modelo al que sustituye.


El carácter innovador de la marca se ve en elementos como la configuración del salpicadero, en el que prima la funcionalidad y la simplicidad sobre todas las cosas y también, en su nuevo sistema de amortiguación, impensable en un vehículo con estas características, que mejora sus reacciones en carretera y favorece un gran confort de rodadura


Es un vehículo muy cómodo, amplio, silencioso, con un equipamiento suficiente, un aspecto divertido y práctico, con una mecánica correcta, unos frugales consumos y sorprendentemente dinámico. Digamos que es un vehículo en el que la simplicidad y la facilidad de uso atraerá a muchos clientes que busquen un coche con los grandes valores que nos ofrece una carrocería como el C4 Cactus.


¿Quieres un coche cómodo, seguro, sencillo y con un precio ajustado?. El C4 Cactus puede ser tu coche.



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