sábado, 9 de junio de 2018

Prueba: Ford Mustang GT.



Dicen que los clásicos nunca mueren; y es cierto. Después de 54 años en el mercado, el modelo que nos ocupa en nuestra prueba de hoy sigue en plena forma y se ha ganado a pulso su merecida fama, convirtiéndose en objeto de deseo de varias generaciones y en una pasión que se traslada de padres a hijos hasta nuestros días.
Probamos uno de esos clásicos que nunca mueren y uno de los automóviles más icónicos, reconocidos y famosos que existen, y existirán, sobre la faz de la tierra. Hoy hacemos un "test drive" con el auténtico y genuino Ford Mustang.


El Ford Mustang nació en 1964 y con él, nació una estirpe de modelos denominados "Pony Cars", que se trataban de coupés deportivos, con el capó muy alargado y una zaga más corta, con motores muy potentes y económicamente accesibles para un mercado como el norteamericano. Y digo norteamericano, porque hasta la generación actual, cualquier residente de Europa, Asia, África u Oceanía, que quisiera un Ford Mustang, debía importarlo; con los consiguientes gastos de transporte, aranceles, homologaciones e impuestos varios, lo que aumentaba muchísimo su ajustado precio original.

Por suerte, en la actualidad el Mustang es un modelo global y se vende con especificaciones concretas y perfectamente homologado de fábrica para según qué tipo de mercado, por lo que por fin; podremos adquirir un pedacito de la historia reciente del automóvil a un precio normalizado.




Y es que si hablamos de los vehículos más influyentes de la historia, probablemente este modelo sea uno de los que ocupen los primeros puestos. Su imagen diferenciadora, sus potentes e increíbles mecánicas y su fiabilidad, a un precio asequible; han hecho tan popular al Mustang, que lo conocemos en todo el mundo. Bueno; eso y las innumerables películas que ha protagonizado siendo "Bullitt", con Steve McQueen a la cabeza y aquella persecución por las calles de San Francisco, la más famosa e importante aparición del Ford Mustang en el cine. De hecho; con motivo del aniversario de aquella película, se comercializará una edición especial del Mustang denominada "Bullitt", partiendo de la misma versión de la que os hablaremos hoy, pero potenciada y con características comunes con aquel icónico modelo que conducía McQueen.


Pero vamos al lío, porqué hay mucho que contaros y comenzamos con su escultural diseño. La verdad es que su figura original, poco o nada ha cambiado desde sus orígenes y hablamos de una carrocería coupé de tipo "hatchback" de tres volúmenes, con el capó muy alargado, el habitáculo muy retrasado y una zaga muy corta.


El frontal es muy reconocible y nos proyecta una imagen evocadora, con una sensación de ceño fruncido inspirada por sus grupos ópticos, que han recibido una ligera actualización hace poco tiempo, aunque nuestra unidad de pruebas pertenece a la generación de 2015. Son unos faros rasgados de xenón para la iluminación, y que cuentan con unas pequeñas lamas luminosas decorativas, pero que no son las luces diurnas, sino que intentan emular a las tres tiras de los pilotos traseros, firma original de Mustang.


En nuestra unidad de pruebas la enorme parrilla delantera, junto con el logo del caballo al trote (el caballo es de una raza autóctona denominada Mustang, de ahí el nombre), estaban pintadas en un negro mate, que nos daba pistas de la versión mecánica que escondía en sus entrañas y que nos ofrecía una imagen muy amenazante. Todo ese conjunto lo forma la misma pieza del paragolpes delantero ( también actualizado en la última generación), que también incluía las luces antiniebla y los intermitentes. En la parte más baja, teníamos un "splitter" que mejoraba las capacidades dinámicas del conjunto.


El capó también debe tener una reseña aparte ya que, además de su enorme longitud, contaba con un abultamiento en el centro, algo que nos daba alguna pista más sobre que lo que ubicaba debajo, tenía un tamaño descomunal. Ese abultamiento disponía de unos vinilos embellecedores en los laterales, que remarcaban aún más, la imagen poderosa que desprendía esa visión frontal en todo su conjunto.


La visión lateral, es posiblemente la más clásica y la que reconocemos todos al primer golpe de vista. Su color blanco perlado, en combinación con unas llantas negras de 19 pulgadas, le sentaban muy bien a nuestro deportivo americano y los neumáticos que montaba, eran acordes con sus prestaciones finales, siendo los traseros un poco más grandes que los delanteros.

Detrás de las llantas delanteras, observamos unos enormes discos de freno mordidos por unas impresionantes pinzas de seis pistones firmadas por el especialista Brembo, lo cual tiene mucha lógica, habida cuenta de las capacidades de este modelo y de alguna que otra cosilla que os contaremos más adelante. También tenemos unas taloneras en la base lateral de la carrocería y llama la atención su escasa altura respecto al suelo, típico de un vehículo deportivo.


En la zaga, lo que indiscutiblemente nos hace reconocer a un Mustang, y es un rasgo estético que lleva manteniendo desde sus orígenes, son sus pilotos compuestos por tres lamas independientes, que en esta ocasión, son de tecnología LED y tienen un aspecto tridimensional. Ambos pilotos forman parte de un conjunto de color negro piano que remata la tapa del maletero y que porta el enorme distintivo GT en el centro, lo que nos indica de qué versión se trata. Ese "trozo" de la tapa del maletero nos pareció que tenía una composición bastante endeble, ya que en realidad estaba hecha de un tipo de material plástico.



Por su parte; el enorme paragolpes trasero enfatiza el carácter agresivo del conjunto, puesto que en su base, contaba con un gran difusor, que aumentaba el efecto suelo en altas velocidades, con la doble salida de escape flanqueando los extremos y en el centro del mismo, es donde estaban ubicadas la luz antiniebla y las correspondientes a la marcha atrás.



Abrimos esa tapa "endeble" del maletero y en este tipo de coches coupés pasa lo de siempre; nos encontramos ante una boca de carga angosta, pero nos descubre una enorme capacidad de 408 litros con un espacio que tiene mucho fondo y es bastante aprovechable. En uno de los laterales, también nos encontraremos el subwoofer del equipo de audio firmado por el especialista Shaker.




Llegamos al interior. Al abrir las puertas del coche sin marco, el caballo que da nombre a la saga se proyecta sobre el suelo y observamos en el perfil la palabra Mustang retroiluminada en color rojo. Eso es para que no se nos olvide que estamos ante una leyenda. ¿¿¿En serio creéis que se nos va a olvidar???.


Nos sentamos en una posición baja, aunque no se percibe tan baja como en la mayoría de los vehículos deportivos ya que no obstante; sigue siendo un coupé. Nos acogen unos asientos realmente amplios, revestidos en cuero, con ajustes eléctricos, una buena sujeción lateral y en nuestro caso, también eran calefactados y ventilados en tres intensidades. Es una posición realmente curiosa a la que nos tendremos que acostumbrar, ya que nos pongamos como nos pongamos; no veremos el final del morro y el abultamiento del capó destacará sobre todas las cosas. Tampoco ayuda el hecho de que la luna delantera esté bastante inclinada. Pero no importa, ya que mientras veamos lo justo para no "merendarnos" a los vehículos que nos preceden, es suficiente. Detrás contamos con dos asientos independientes que tan solo son aprovechables para emergencias, puesto que son muy pequeños para dos adultos, además de tener un acceso muy complicado.


Ante nosotros se nos presenta un cuadro de mandos en una posición bastante vertical, con un precioso volante multifunción de tres radios y el omnipresente caballo en el centro. Los acabados en general son realmente sólidos y resistentes al uso diario, pero hay que reconocer que no existe ningún tipo de concesión al lujo o a cierto carácter premium.

Todo tiene una explicación lógica, puesto que en un país extremadamente consumista como Estados Unidos, que es de donde realmente procede el coche; no interesan unos acabados suntuosos, ni lujosos ni nada de eso, puesto que suelen mantener un coche alrededor de unos 5 años de media. En el caso de tener un aparato como este Mustang, igual lo conservan como parte de una colección y por eso los materiales son solidos y resistentes, pero nunca veréis que se hace referencia alguna al lujo.


De esta manera, lo que observamos son plásticos de buena calidad y con unos ajustes muy aceptables, pero de tacto y aspecto básicos, que puede no llamaros la atención en un principio, aunque si lo pensáis; cuando queréis adquirir un coche como este, sabéis lo que compráis y no esperáis tampoco un acabado premium. Lo que quieres comprar es otra cosa... No obstante; en la nueva edición para 2018 han mejorado de una manera sustancial estos acabados, que siguen siendo básicos, pero obtienen una mayor calidad visual y sensitiva.


El cuadro de mandos nos ofrece una información correcta, con cuenta-revoluciones y velocímetro (con la escala principal en kilómetros por hora y millas por hora en pequeño) y una pantalla en el centro donde podemos observar la información del "cerebro" de este Mustang. Y esa información es mucha, puesto que la pantalla de infoocio situada en la consola central, tan solo nos sirve para ofrecernos la información del navegador, las diferentes aplicaciones con las que cuenta el vehículo, la cámara de visión trasera y poco más. El resto de la información, que incluye hasta presiones del aceite, del agua etc.. y de los menús disponibles (y apetecibles) que intervienen en el vehículo, los veremos desde esa pequeña pantalla situada en el cuadro de mandos.


Pero antes de meternos en esa materia, sigamos con el puesto de conducción, ya que al resto de mandos de la consola central, accederemos de una manera simple y fácil, puesto que están todos muy a mano. Debajo de la pantalla táctil de 8 pulgadas, nos encontramos con los mandos de la radio, de la climatización, los de los asientos calefactados y ventilados..., y en la parte más baja, observamos el botón de arranque y varias teclas.


Una de ellas sirve para activar las luces de emergencia, otra para desactivar el ESP, otra para seleccionar la dureza de la dirección en tres niveles y otra, para seleccionar los diferentes modos de conducción disponibles. Estas teclas tienen un aspecto metálico (aunque sean de plástico), visualmente son muy atractivas y le dan otro tono al interior del Mustang, pero acordaros de donde está situada cada una, porque es bastante sencillo desconectar el ESP cuando lo que queremos es activar las luces de emergencia o cambiar el tacto de la dirección. Eso en una "bestia" como esta, nos puede dar algún disgusto...


Empecemos con la tecla de la dirección con tres niveles de asistencia. Con una pulsación, obtenemos una dureza estándar, con dos, se desmultiplica un poco, para cuando circulemos en modo confort y a velocidad de crucero y con una tercera pulsación, obtenemos una dirección más firme, para cuando queramos hacer una conducción más deportiva. Es un botón del cual podría prescindir, ya que el tacto no varía de una forma sustancial y la dirección se nos muestra siempre bastante firme y sobre todo muy directa y comunicativa.


El pulsador más interesante es quizás el concerniente a los modos de conducción. Existe el modo normal, que se activa por defecto y cuando circulamos con el selector de la caja de cambios en la D; el modo Sport y Sport+, que radicalizan de una manera tangible la respuesta de la mecánica y nos permite apurar la gama de revoluciones hasta la zona roja, un par de posiciones que adquieren todo su sentido tan solo, cuando seleccionamos la S del cambio automático. Con la S seleccionada, también nos brinda un sonido superior del motor y nos regala un efecto punta-tacón con cada reducción de marcha, sin que nosotros tengamos que hacer nada. También tenemos disponible un modo más amable, para cuando tengamos que lidiar con condiciones climáticas más adversas, como la lluvia o la nieve y que en un coche con tanto potencial en el eje posterior, es casi imprescindible.


Por último; tenemos a nuestra disposición el modo Circuito, que directamente desconecta el ESP y el control de tracción y deja nuestra suerte en nuestras manos. Cuando activamos este modo; permanentemente hay un indicador que nos recuerda que sólo lo debemos activar en circuito, ya que es un programa específico para estos menesteres. El motor se radicaliza aún más y la respuesta es realmente algo que no parece de este mundo.


Ya que lo tenemos activado; vamos a "jugar" un poco con los diferentes programas orientados a hacer un poco de ruido y que nos demuestran que estamos ante una de las bestias americanas más reputadas. En el ordenador de a bordo encontramos un menú denominado Track Apps, con diferentes opciones a cada cual, más disparatada y adictiva.

Cuenta con un cronómetro para medir el tiempo por vuelta, en el caso de que realmente estemos en un circuito. También dispone de diferentes modos en los que mide y optimiza la aceleración de 0-50, de 0-100 o de 0-200 Km/h, además de otros dos programas que miden la distancia de frenado de 200-0 y de 100-0 Km/h. Y realmente lo controla, ya que probamos un par de ellos y nos marcó los segundos que tardamos en acelerar, una vez superada la velocidad y los metros que recorrimos en una frenada a tope.


En las pruebas de aceleración, el mismo programa limita las revoluciones necesarias para que el Mustang sea efectivo y no se "entretenga" quemando neumático a la salida. De hecho; existe una opción que hasta te marca un semáforo virtual al más puro estilo de la F1. Es realmente brutal y nunca antes habíamos probado un modelo de coche tan extremadamente capacitado y poderoso en línea recta.


Y ya que hemos hecho una reseña a lo de quemar neumáticos; he de decir que realmente hay que tener mucha sangre fría para poder manejar este Mustang con delicadeza, y es bastante fácil que chillemos ruedas cuando nos dispongamos a salir de los semáforos, aunque realmente no queramos hacerlo...


Pero vamos; que si lo que os va es dar la nota, nos os preocupéis, porque el Mustang tiene también un modo "macarra" (obviamente no se llama así), para los que deseen cambiar las ruedas traseras y no vean el momento de gastarlas del todo. Este modo "macarra" nos ayuda a frenar las ruedas del eje delantero y nos invita a acelerar hasta la moqueta, con la única finalidad de eso; de quemar rueda y despedir una auténtica cortina de humo y trocitos de caucho hacia los coches que estén detrás de nosotros. Muy americano todo...

Ahora pensaréis que para hacer eso, se necesita tracción trasera y muchos caballos de potencia. Pues claro..., y de eso también íbamos sobrados.

La versión de nuestra montura era la denominada GT. ¿Qué implica eso?. Pues que nos dejamos de "mariconadas" de turbos y cosas así y nos vamos a un motor también muy americano: un V8 de 5.0 litros atmosférico y 420cv de fuerza bruta, con un descomunal par máximo de 530 Nm, capaz de alcanzar una velocidad punta de 250 Km/h y hacer un 0-100 Km/h en tan solo 4,8 segundos. (esto último, verificado por nosotros). También verificamos que su consumo en ciclo mixto y sin hacer mucho el tonto, superaba en 3 litros los 12,3 l/100 Km homologados por la marca. El ligero restyling sufrido este último año aumenta la potencia hasta los 450cv y mejora el 0-100 en 5 décimas (4,3 segundos), aunque todos los demás valores son perfectamente equiparables.


Y es que como buena mecánica americana que es, el sonido del V8 es especialmente embaucador. Nada más arrancar el Mustang y al ralentí ya percibimos un sonido..., no sabría cómo definirlo; ¿gutural?. Es una especie de, glo, glo, glo (que creo que es el sonido normal al tragar tantos litros de gasolina por minuto...). Cuando aceleramos ese sonido se nos torna mucho más intenso y notamos a la perfección como aumentan todas y cada una de las revoluciones del motor (a la vez que aumentan todas y cada una de nuestras pulsaciones), haciendo que se nos ericen hasta los vellos de la nuca. Y el caso es que para sentir la poderosidad de semejante corazón atmosférico, no es necesario ir a velocidades ilegales, sino que su banda sonora es espectacular siempre, aunque no resulta especialmente escandalosa.


La transmisión de nuestra unidad de pruebas era automática de 5 relaciones, con la posibilidad de cambiar con levas detrás del volante, que no era precisamente un prodigio de suavidad, pero es una caja automática a la antigua usanza que forma parte del encanto personal del Mustang. No obstante; en la nueva edición montará una caja automática de 10 relaciones, que no sirve para disminuir los consumos, pero que a buen seguro, tendrá un funcionamiento más suave.

El esquema de suspensiones también era un punto que favorecía sobremanera a la deportividad del coupé americano y que influía en su comportamiento general, ya que era extremadamente firme y no daba ninguna concesión al confort de marcha, sino que están preparadas para ir siempre al ataque.


Para descubrir las sensaciones de conducción, debemos cambiar el chip predeterminado en nuestras cabezas. El Mustang no es un coupé europeo, ni lleva un motor europeo, ni su forma de conducir es a la europea. Es un vehículo nacido en un país de rectas interminables, con el precio de la gasolina mucho más asumible y cuya competencia directa cuenta con las mismas o mayores aptitudes en materia de aceleración e imagen de leyenda.


En vías perfectamente asfaltadas y con doble carril, el Mustang es un vehículo capaz de levantar el piso con un solo toque del acelerador, pero bastante aburrido si tenemos que mantener la compostura y no queremos que nos llegue un talonario de multas directamente con nuestro nombre.


Si nos metemos en carreteras reviradas y con curvas de diferentes grados, es un coche que nos provoca muchísimo respeto, ya no por su tamaño, sino porque tampoco es que sea un especialista en materia de agilidad. Es un vehículo con un aplomo considerable y un paso por curva extremadamente rápido, pero que no soporta muy bien los cambios de apoyo continuados. Realmente es una tabla y es difícil descolocar al conjunto a golpe de volante, pero es muy fácil, hacerlo si lo ayudamos con un golpe de acelerador, gracias al impresionante caballaje que tienen que lidiar las ruedas traseras.


Por lo tanto; el Mustang no es precisamente el coupé más cómodo del mercado, ni el mejor terminado, ni el más premium, ni el más efectivo, ni el más frugal, ni el más tecnológico. El Mustang es otra cosa. Es potencia, es fuerza bruta, es imagen, es divertido y sobre todo; es espectáculo en el más amplio sentido de la palabra.


De hecho es el deportivo más vendido del mundo, y no porque en Norteamérica ver un Mustang es como ver aquí un Ford Focus y su público sea auténtica legión; sino porque no existe en el mercado mundial ningún otro vehículo que tenga un motor tan extremadamente potente a un precio tan extremadamente ajustado. Y es que por algo menos de 50.000 Euros tendremos en nuestras manos la versión más potente de uno de los vehículos más deseados de la tierra, pero sobre todo; adquirimos un pedazo de historia del automóvil y una genuina leyenda. !Bienvenido Mr Mustang!




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sábado, 9 de junio de 2018

Prueba: Ford Mustang GT.



Dicen que los clásicos nunca mueren; y es cierto. Después de 54 años en el mercado, el modelo que nos ocupa en nuestra prueba de hoy sigue en plena forma y se ha ganado a pulso su merecida fama, convirtiéndose en objeto de deseo de varias generaciones y en una pasión que se traslada de padres a hijos hasta nuestros días.
Probamos uno de esos clásicos que nunca mueren y uno de los automóviles más icónicos, reconocidos y famosos que existen, y existirán, sobre la faz de la tierra. Hoy hacemos un "test drive" con el auténtico y genuino Ford Mustang.


El Ford Mustang nació en 1964 y con él, nació una estirpe de modelos denominados "Pony Cars", que se trataban de coupés deportivos, con el capó muy alargado y una zaga más corta, con motores muy potentes y económicamente accesibles para un mercado como el norteamericano. Y digo norteamericano, porque hasta la generación actual, cualquier residente de Europa, Asia, África u Oceanía, que quisiera un Ford Mustang, debía importarlo; con los consiguientes gastos de transporte, aranceles, homologaciones e impuestos varios, lo que aumentaba muchísimo su ajustado precio original.

Por suerte, en la actualidad el Mustang es un modelo global y se vende con especificaciones concretas y perfectamente homologado de fábrica para según qué tipo de mercado, por lo que por fin; podremos adquirir un pedacito de la historia reciente del automóvil a un precio normalizado.




Y es que si hablamos de los vehículos más influyentes de la historia, probablemente este modelo sea uno de los que ocupen los primeros puestos. Su imagen diferenciadora, sus potentes e increíbles mecánicas y su fiabilidad, a un precio asequible; han hecho tan popular al Mustang, que lo conocemos en todo el mundo. Bueno; eso y las innumerables películas que ha protagonizado siendo "Bullitt", con Steve McQueen a la cabeza y aquella persecución por las calles de San Francisco, la más famosa e importante aparición del Ford Mustang en el cine. De hecho; con motivo del aniversario de aquella película, se comercializará una edición especial del Mustang denominada "Bullitt", partiendo de la misma versión de la que os hablaremos hoy, pero potenciada y con características comunes con aquel icónico modelo que conducía McQueen.


Pero vamos al lío, porqué hay mucho que contaros y comenzamos con su escultural diseño. La verdad es que su figura original, poco o nada ha cambiado desde sus orígenes y hablamos de una carrocería coupé de tipo "hatchback" de tres volúmenes, con el capó muy alargado, el habitáculo muy retrasado y una zaga muy corta.


El frontal es muy reconocible y nos proyecta una imagen evocadora, con una sensación de ceño fruncido inspirada por sus grupos ópticos, que han recibido una ligera actualización hace poco tiempo, aunque nuestra unidad de pruebas pertenece a la generación de 2015. Son unos faros rasgados de xenón para la iluminación, y que cuentan con unas pequeñas lamas luminosas decorativas, pero que no son las luces diurnas, sino que intentan emular a las tres tiras de los pilotos traseros, firma original de Mustang.


En nuestra unidad de pruebas la enorme parrilla delantera, junto con el logo del caballo al trote (el caballo es de una raza autóctona denominada Mustang, de ahí el nombre), estaban pintadas en un negro mate, que nos daba pistas de la versión mecánica que escondía en sus entrañas y que nos ofrecía una imagen muy amenazante. Todo ese conjunto lo forma la misma pieza del paragolpes delantero ( también actualizado en la última generación), que también incluía las luces antiniebla y los intermitentes. En la parte más baja, teníamos un "splitter" que mejoraba las capacidades dinámicas del conjunto.


El capó también debe tener una reseña aparte ya que, además de su enorme longitud, contaba con un abultamiento en el centro, algo que nos daba alguna pista más sobre que lo que ubicaba debajo, tenía un tamaño descomunal. Ese abultamiento disponía de unos vinilos embellecedores en los laterales, que remarcaban aún más, la imagen poderosa que desprendía esa visión frontal en todo su conjunto.


La visión lateral, es posiblemente la más clásica y la que reconocemos todos al primer golpe de vista. Su color blanco perlado, en combinación con unas llantas negras de 19 pulgadas, le sentaban muy bien a nuestro deportivo americano y los neumáticos que montaba, eran acordes con sus prestaciones finales, siendo los traseros un poco más grandes que los delanteros.

Detrás de las llantas delanteras, observamos unos enormes discos de freno mordidos por unas impresionantes pinzas de seis pistones firmadas por el especialista Brembo, lo cual tiene mucha lógica, habida cuenta de las capacidades de este modelo y de alguna que otra cosilla que os contaremos más adelante. También tenemos unas taloneras en la base lateral de la carrocería y llama la atención su escasa altura respecto al suelo, típico de un vehículo deportivo.


En la zaga, lo que indiscutiblemente nos hace reconocer a un Mustang, y es un rasgo estético que lleva manteniendo desde sus orígenes, son sus pilotos compuestos por tres lamas independientes, que en esta ocasión, son de tecnología LED y tienen un aspecto tridimensional. Ambos pilotos forman parte de un conjunto de color negro piano que remata la tapa del maletero y que porta el enorme distintivo GT en el centro, lo que nos indica de qué versión se trata. Ese "trozo" de la tapa del maletero nos pareció que tenía una composición bastante endeble, ya que en realidad estaba hecha de un tipo de material plástico.



Por su parte; el enorme paragolpes trasero enfatiza el carácter agresivo del conjunto, puesto que en su base, contaba con un gran difusor, que aumentaba el efecto suelo en altas velocidades, con la doble salida de escape flanqueando los extremos y en el centro del mismo, es donde estaban ubicadas la luz antiniebla y las correspondientes a la marcha atrás.



Abrimos esa tapa "endeble" del maletero y en este tipo de coches coupés pasa lo de siempre; nos encontramos ante una boca de carga angosta, pero nos descubre una enorme capacidad de 408 litros con un espacio que tiene mucho fondo y es bastante aprovechable. En uno de los laterales, también nos encontraremos el subwoofer del equipo de audio firmado por el especialista Shaker.




Llegamos al interior. Al abrir las puertas del coche sin marco, el caballo que da nombre a la saga se proyecta sobre el suelo y observamos en el perfil la palabra Mustang retroiluminada en color rojo. Eso es para que no se nos olvide que estamos ante una leyenda. ¿¿¿En serio creéis que se nos va a olvidar???.


Nos sentamos en una posición baja, aunque no se percibe tan baja como en la mayoría de los vehículos deportivos ya que no obstante; sigue siendo un coupé. Nos acogen unos asientos realmente amplios, revestidos en cuero, con ajustes eléctricos, una buena sujeción lateral y en nuestro caso, también eran calefactados y ventilados en tres intensidades. Es una posición realmente curiosa a la que nos tendremos que acostumbrar, ya que nos pongamos como nos pongamos; no veremos el final del morro y el abultamiento del capó destacará sobre todas las cosas. Tampoco ayuda el hecho de que la luna delantera esté bastante inclinada. Pero no importa, ya que mientras veamos lo justo para no "merendarnos" a los vehículos que nos preceden, es suficiente. Detrás contamos con dos asientos independientes que tan solo son aprovechables para emergencias, puesto que son muy pequeños para dos adultos, además de tener un acceso muy complicado.


Ante nosotros se nos presenta un cuadro de mandos en una posición bastante vertical, con un precioso volante multifunción de tres radios y el omnipresente caballo en el centro. Los acabados en general son realmente sólidos y resistentes al uso diario, pero hay que reconocer que no existe ningún tipo de concesión al lujo o a cierto carácter premium.

Todo tiene una explicación lógica, puesto que en un país extremadamente consumista como Estados Unidos, que es de donde realmente procede el coche; no interesan unos acabados suntuosos, ni lujosos ni nada de eso, puesto que suelen mantener un coche alrededor de unos 5 años de media. En el caso de tener un aparato como este Mustang, igual lo conservan como parte de una colección y por eso los materiales son solidos y resistentes, pero nunca veréis que se hace referencia alguna al lujo.


De esta manera, lo que observamos son plásticos de buena calidad y con unos ajustes muy aceptables, pero de tacto y aspecto básicos, que puede no llamaros la atención en un principio, aunque si lo pensáis; cuando queréis adquirir un coche como este, sabéis lo que compráis y no esperáis tampoco un acabado premium. Lo que quieres comprar es otra cosa... No obstante; en la nueva edición para 2018 han mejorado de una manera sustancial estos acabados, que siguen siendo básicos, pero obtienen una mayor calidad visual y sensitiva.


El cuadro de mandos nos ofrece una información correcta, con cuenta-revoluciones y velocímetro (con la escala principal en kilómetros por hora y millas por hora en pequeño) y una pantalla en el centro donde podemos observar la información del "cerebro" de este Mustang. Y esa información es mucha, puesto que la pantalla de infoocio situada en la consola central, tan solo nos sirve para ofrecernos la información del navegador, las diferentes aplicaciones con las que cuenta el vehículo, la cámara de visión trasera y poco más. El resto de la información, que incluye hasta presiones del aceite, del agua etc.. y de los menús disponibles (y apetecibles) que intervienen en el vehículo, los veremos desde esa pequeña pantalla situada en el cuadro de mandos.


Pero antes de meternos en esa materia, sigamos con el puesto de conducción, ya que al resto de mandos de la consola central, accederemos de una manera simple y fácil, puesto que están todos muy a mano. Debajo de la pantalla táctil de 8 pulgadas, nos encontramos con los mandos de la radio, de la climatización, los de los asientos calefactados y ventilados..., y en la parte más baja, observamos el botón de arranque y varias teclas.


Una de ellas sirve para activar las luces de emergencia, otra para desactivar el ESP, otra para seleccionar la dureza de la dirección en tres niveles y otra, para seleccionar los diferentes modos de conducción disponibles. Estas teclas tienen un aspecto metálico (aunque sean de plástico), visualmente son muy atractivas y le dan otro tono al interior del Mustang, pero acordaros de donde está situada cada una, porque es bastante sencillo desconectar el ESP cuando lo que queremos es activar las luces de emergencia o cambiar el tacto de la dirección. Eso en una "bestia" como esta, nos puede dar algún disgusto...


Empecemos con la tecla de la dirección con tres niveles de asistencia. Con una pulsación, obtenemos una dureza estándar, con dos, se desmultiplica un poco, para cuando circulemos en modo confort y a velocidad de crucero y con una tercera pulsación, obtenemos una dirección más firme, para cuando queramos hacer una conducción más deportiva. Es un botón del cual podría prescindir, ya que el tacto no varía de una forma sustancial y la dirección se nos muestra siempre bastante firme y sobre todo muy directa y comunicativa.


El pulsador más interesante es quizás el concerniente a los modos de conducción. Existe el modo normal, que se activa por defecto y cuando circulamos con el selector de la caja de cambios en la D; el modo Sport y Sport+, que radicalizan de una manera tangible la respuesta de la mecánica y nos permite apurar la gama de revoluciones hasta la zona roja, un par de posiciones que adquieren todo su sentido tan solo, cuando seleccionamos la S del cambio automático. Con la S seleccionada, también nos brinda un sonido superior del motor y nos regala un efecto punta-tacón con cada reducción de marcha, sin que nosotros tengamos que hacer nada. También tenemos disponible un modo más amable, para cuando tengamos que lidiar con condiciones climáticas más adversas, como la lluvia o la nieve y que en un coche con tanto potencial en el eje posterior, es casi imprescindible.


Por último; tenemos a nuestra disposición el modo Circuito, que directamente desconecta el ESP y el control de tracción y deja nuestra suerte en nuestras manos. Cuando activamos este modo; permanentemente hay un indicador que nos recuerda que sólo lo debemos activar en circuito, ya que es un programa específico para estos menesteres. El motor se radicaliza aún más y la respuesta es realmente algo que no parece de este mundo.


Ya que lo tenemos activado; vamos a "jugar" un poco con los diferentes programas orientados a hacer un poco de ruido y que nos demuestran que estamos ante una de las bestias americanas más reputadas. En el ordenador de a bordo encontramos un menú denominado Track Apps, con diferentes opciones a cada cual, más disparatada y adictiva.

Cuenta con un cronómetro para medir el tiempo por vuelta, en el caso de que realmente estemos en un circuito. También dispone de diferentes modos en los que mide y optimiza la aceleración de 0-50, de 0-100 o de 0-200 Km/h, además de otros dos programas que miden la distancia de frenado de 200-0 y de 100-0 Km/h. Y realmente lo controla, ya que probamos un par de ellos y nos marcó los segundos que tardamos en acelerar, una vez superada la velocidad y los metros que recorrimos en una frenada a tope.


En las pruebas de aceleración, el mismo programa limita las revoluciones necesarias para que el Mustang sea efectivo y no se "entretenga" quemando neumático a la salida. De hecho; existe una opción que hasta te marca un semáforo virtual al más puro estilo de la F1. Es realmente brutal y nunca antes habíamos probado un modelo de coche tan extremadamente capacitado y poderoso en línea recta.


Y ya que hemos hecho una reseña a lo de quemar neumáticos; he de decir que realmente hay que tener mucha sangre fría para poder manejar este Mustang con delicadeza, y es bastante fácil que chillemos ruedas cuando nos dispongamos a salir de los semáforos, aunque realmente no queramos hacerlo...


Pero vamos; que si lo que os va es dar la nota, nos os preocupéis, porque el Mustang tiene también un modo "macarra" (obviamente no se llama así), para los que deseen cambiar las ruedas traseras y no vean el momento de gastarlas del todo. Este modo "macarra" nos ayuda a frenar las ruedas del eje delantero y nos invita a acelerar hasta la moqueta, con la única finalidad de eso; de quemar rueda y despedir una auténtica cortina de humo y trocitos de caucho hacia los coches que estén detrás de nosotros. Muy americano todo...

Ahora pensaréis que para hacer eso, se necesita tracción trasera y muchos caballos de potencia. Pues claro..., y de eso también íbamos sobrados.

La versión de nuestra montura era la denominada GT. ¿Qué implica eso?. Pues que nos dejamos de "mariconadas" de turbos y cosas así y nos vamos a un motor también muy americano: un V8 de 5.0 litros atmosférico y 420cv de fuerza bruta, con un descomunal par máximo de 530 Nm, capaz de alcanzar una velocidad punta de 250 Km/h y hacer un 0-100 Km/h en tan solo 4,8 segundos. (esto último, verificado por nosotros). También verificamos que su consumo en ciclo mixto y sin hacer mucho el tonto, superaba en 3 litros los 12,3 l/100 Km homologados por la marca. El ligero restyling sufrido este último año aumenta la potencia hasta los 450cv y mejora el 0-100 en 5 décimas (4,3 segundos), aunque todos los demás valores son perfectamente equiparables.


Y es que como buena mecánica americana que es, el sonido del V8 es especialmente embaucador. Nada más arrancar el Mustang y al ralentí ya percibimos un sonido..., no sabría cómo definirlo; ¿gutural?. Es una especie de, glo, glo, glo (que creo que es el sonido normal al tragar tantos litros de gasolina por minuto...). Cuando aceleramos ese sonido se nos torna mucho más intenso y notamos a la perfección como aumentan todas y cada una de las revoluciones del motor (a la vez que aumentan todas y cada una de nuestras pulsaciones), haciendo que se nos ericen hasta los vellos de la nuca. Y el caso es que para sentir la poderosidad de semejante corazón atmosférico, no es necesario ir a velocidades ilegales, sino que su banda sonora es espectacular siempre, aunque no resulta especialmente escandalosa.


La transmisión de nuestra unidad de pruebas era automática de 5 relaciones, con la posibilidad de cambiar con levas detrás del volante, que no era precisamente un prodigio de suavidad, pero es una caja automática a la antigua usanza que forma parte del encanto personal del Mustang. No obstante; en la nueva edición montará una caja automática de 10 relaciones, que no sirve para disminuir los consumos, pero que a buen seguro, tendrá un funcionamiento más suave.

El esquema de suspensiones también era un punto que favorecía sobremanera a la deportividad del coupé americano y que influía en su comportamiento general, ya que era extremadamente firme y no daba ninguna concesión al confort de marcha, sino que están preparadas para ir siempre al ataque.


Para descubrir las sensaciones de conducción, debemos cambiar el chip predeterminado en nuestras cabezas. El Mustang no es un coupé europeo, ni lleva un motor europeo, ni su forma de conducir es a la europea. Es un vehículo nacido en un país de rectas interminables, con el precio de la gasolina mucho más asumible y cuya competencia directa cuenta con las mismas o mayores aptitudes en materia de aceleración e imagen de leyenda.


En vías perfectamente asfaltadas y con doble carril, el Mustang es un vehículo capaz de levantar el piso con un solo toque del acelerador, pero bastante aburrido si tenemos que mantener la compostura y no queremos que nos llegue un talonario de multas directamente con nuestro nombre.


Si nos metemos en carreteras reviradas y con curvas de diferentes grados, es un coche que nos provoca muchísimo respeto, ya no por su tamaño, sino porque tampoco es que sea un especialista en materia de agilidad. Es un vehículo con un aplomo considerable y un paso por curva extremadamente rápido, pero que no soporta muy bien los cambios de apoyo continuados. Realmente es una tabla y es difícil descolocar al conjunto a golpe de volante, pero es muy fácil, hacerlo si lo ayudamos con un golpe de acelerador, gracias al impresionante caballaje que tienen que lidiar las ruedas traseras.


Por lo tanto; el Mustang no es precisamente el coupé más cómodo del mercado, ni el mejor terminado, ni el más premium, ni el más efectivo, ni el más frugal, ni el más tecnológico. El Mustang es otra cosa. Es potencia, es fuerza bruta, es imagen, es divertido y sobre todo; es espectáculo en el más amplio sentido de la palabra.


De hecho es el deportivo más vendido del mundo, y no porque en Norteamérica ver un Mustang es como ver aquí un Ford Focus y su público sea auténtica legión; sino porque no existe en el mercado mundial ningún otro vehículo que tenga un motor tan extremadamente potente a un precio tan extremadamente ajustado. Y es que por algo menos de 50.000 Euros tendremos en nuestras manos la versión más potente de uno de los vehículos más deseados de la tierra, pero sobre todo; adquirimos un pedazo de historia del automóvil y una genuina leyenda. !Bienvenido Mr Mustang!




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