jueves, 23 de agosto de 2018

Prueba: Mazda CX5 2.0 Skyactive-G Zenith


El Mazda CX5 es todo un superventas. Quizás es uno de los que más se han aprovechado del tirón del fenómeno SUV, ya que a su atractiva figura, muy poderosa y afilada; debemos sumar una gama mecánica muy apropiada, una gran versatilidad de uso y unas características dinámicas en materia de conducción, que muy pocos elementos del mismo tamaño y segmento pueden igualar.


En su momento, y al poco tiempo de la puesta en escena de su última generación, probamos la versión con mecánica diésel y esta misma terminación Zenith, que corresponde a la dotación de serie más extensa de la gama CX5. 


Nos pareció una auténtica maravilla y no nos extraña que sea uno de los SUV de tamaño medio más deseados. De hecho; no hay nada más que pararse a observar durante unos minutos, para ver la cantidad de CX5 que hay circulando por nuestras carreteras, bien sean de mecánica diésel (como la que probamos en su día) como gasolina (versión que probamos en esta ocasión) o bien, con tracción delantera o integral.


Mazda siempre ha sido una de mis marcas preferidas porque, además de tener una cierta autonomía en materia de organización, lo que les permite poder investigar y desarrollar tecnologías propias sin tener que dar explicaciones a nadie; fabrica unos vehículos muy atractivos y consecuentes con lo que demanda el público en cada segmento en el que compite, además de tener un cierto toque premium, pero sin llegar a la ostentosidad y, como hemos indicado siempre, una gran conducción dinámica intrínseca en todos los representantes de su gama.


El Mazda CX5 que ocupa nuestra prueba dinámica de hoy es, quizás, la versión más demandada en los últimos tiempos, ya que sin quererlo, nos están metiendo mucho miedo en el cuerpo con esto de los impuestos sobre las mecánicas y combustibles diésel. No hay que temer nada de momento, pero la verdad es que el CX5 de gasolina está obteniendo un gran repunte de ventas en los últimos meses y casi alcanza en la cuota de mercado a las versiones alimentadas por gasóleo, lo cual llama la atención en un vehículo de este tamaño y peso.


La última actualización, sufrida en 2017, no varió apenas sus medidas respecto a la generación de 2015, por lo que hablamos de un SUV con 4,55 metros de longitud, 1,8 de anchura y 1,68 metros de altura. Compite directamente con modelos como el Ford Kuga, el Volkswagen Tiguan o el Renault Kadgar, por poner unos pocos ejemplos, así que entra de lleno en el segmento más "duro" para arañar ventas a estos "cocos" del mercado. 


¿Qué nos ofrece el Mazda CX5?. Pues para empezar, tenemos una imagen muy característica y afilada, propia de todos los últimos productos de la marca japonesa. El lenguaje de diseño, al que ellos denominan "Kodo", da un paso más allá y depura sus líneas con trazos más sibilinos y con un aporte visual más tecnológico, en donde el frontal, es el que acapara la mayor parte del protagonismo.


Una parrilla frontal muy poderosa, flanqueada por abajo por un perfil cromado que une visualmente los finos, y rasgados, grupos ópticos delanteros, en nuestro caso con tecnología de iluminación LED y que parecen hundidos respecto al largo capó que a su vez, cuenta con sendas nervaduras de personalidad muy marcadas; es la nueva carta de presentación de los futuros modelos de la marca, como el futuro Mazda 3, y que comparte en la actualidad con el SUV del segmento inferior CX3


En el lateral; llaman la atención sus atractivas llantas de aleación de 19 pulgadas y sus proporcionadas dimensiones que nos aseguran un mayor grado de versatilidad de uso. Cuenta con ciertas líneas de tensión ascendentes, que aportan esa sensación dinámica que debe tener como buen Mazda y que nos inspiran movimiento, aún estado el vehículo parado.


En la zaga, un gran portón de acceso al maletero, con unos trazos muy marcados y ancho de hombros y una doble salida de escape, junto con unas nuevas ópticas más minimalistas; completan un conjunto que en definitiva, marca las pautas y es el máximo exponente de la filosofía de diseño de Mazda. 


Abrimos ese portón, en nuestro caso de accionamiento eléctrico, y descubrimos una gran boca de carga pero con un perfil bastante alto, lo que nos incordiará un poco a la hora de ubicar objetos voluminosos o pesados. Ante nosotros un gran maletero muy aprovechable con 477 litros de capacidad, que no es precisamente uno de los Top en cuanto a volumen, pero más que suficiente para albergar el equipaje de 4 o 5 pasajeros.


Ya en el interior, obtenemos una buena habitabilidad en todas sus medidas y cotas, por lo que, seamos del tamaño que seamos, estaremos muy a gusto en cualquiera de sus cómodas plazas. Los asientos delanteros ofrecen un buen mullido y una gran sujeción en desplazamiento lateral y es bastante fácil encontrar la posición de conducción correcta gracias a los múltiples reglajes.

El puesto de mando es minimalista y se libra de cualquier artificio que no sirva para conducir y proporcionar confort a los ocupantes. Los materiales utilizados son muy agradables a la vista y al tacto y la sensación de calidad está un poco por encima de la media sobre lo que se estila en este segmento. También son dignos de mención los ajustes entre los diferentes paneles del interior.


Los cambios respecto a la versión de 2015 son muchos, pero prácticamente imperceptibles. Por ejemplo la situación de algunos mandos de manera más ergonómica, como la palanca de cambios, que ahora está situada más cerca del volante, el doble acristalamiento y doble aislamiento para las puertas, que minimiza los ruidos procedentes del exterior y nos ofrece una gran calidad de rodadura desde el habitáculo o los mandos de la climatización, que los han reubicado para mayor comodidad a la hora de acceder a ellos.



Desde el volante multifunción, de un tamaño perfecto, podemos acceder a diferentes sistemas con los que venía equipada nuestra unidad de pruebas, entre los que se incluían el Bluetooth, el control de velocidad de crucero con limitador, algunas funciones del ordenador de a bordo o los mandos del equipo de audio, siendo del especialista Bose en nuestro acabado más dotado Zenith.



La información percibida desde el cuadro es bastante clara y disponemos de todo lo necesario a consultar al primer golpe de vista. Además, disponíamos del sistema HUD, que en este caso, proyectaba la información sobre una placa de metacrilato emergente ante nuestros ojos. El resto del cuadro de mandos lo completa una pantalla de 7 pulgadas sobre el salpicadero, táctil y con un funcionamiento correcto, aunque muy expuesta a los reflejos solares y con una definición de imagen, tan solo suficiente.


Debajo están los mandos del climatizador bi-zona y entre los dos asientos delanteros, disponemos del mando giratorio MZD Connect, que simplifica cualquier búsqueda en el equipo de infoocio y es bastante intuitivo de utilizar mientras vamos conduciendo.

Nuestro acabado Zenith es el más dotado de serie, aunque se puede completar hasta un equipamiento de bandera con la lista de opcionales disponible. La unidad de nuestra prueba contaba con navegador, luces inteligentes de tipo LED e iluminación automática, climatizador bi-zona, asistente de arranque en pendientes, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas, aviso de vehículo en ángulo muerto, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara de visión trasera, apertura y arranque Free Key, sensores de luces y lluvia, llantas de 19 pulgadas ordenador de a bordo, apertura eléctrica de portón del maletero, asistente de mantenimiento de carril, lunas traseras tintadas, asistente de frenada de emergencia con detección de peatones, alerta de tráfico trasero, detector de fatiga, HUD (Head Up Display), control de presión de neumáticos o equipo de audio Bose, entre otros elementos.


Pero realmente, todo esto que os he contado hasta ahora, es la parte que ya conocíamos del excelente CX5, así que vamos a su mecánica que realmente, en este caso es lo que más nos interesaba probar. 


Para esta ocasión, montamos un 2.0 con tecnología Skyactive de gasolina con 165cv y 210 Nm de par máximo, asociado a una caja de cambios manual de 6 relaciones, que destaca sobremanera por sus bien escalonadas inserciones y sus cortos y precisos recorridos. Existe también un motor más potente de gasolina de 195cv, por si esta versión os parece poco.


Con esta configuración, el CX5 alcanza los 200 Km/h de velocidad máxima, acelerando de 0-100 Km/h en 10,4 segundos y atesorando unos consumos de 6,4 l/100 Km homologados por la marca, que se tornan en unos 8 l/100 Km en una conducción real.


Es un motor voluntarioso, pero bastante "perezoso" en bajas revoluciones. La verdad es que es a partir de las 2.000 vueltas cuando podemos extraer algo más de vida a la mecánica, aunque nunca nos brindará una aceleración fulgurante, sino que irá escalando revoluciones de una manera progresiva.


165cv son más que suficientes para mover con cierto brío a un conjunto de casi tonelada y media, pero parece ser que no lo suficientes para ofrecernos un rendimiento superior, así que podemos decir que es una mecánica más apropiada para personas que se tomen la conducción de una manera más relajada y busquen la finura de funcionamiento de un motor de gasolina, con unos consumos justos. 


En ciudad debemos utilizar bastante la caja de cambios manual y si salimos a carretera, también deberemos mantener activo el motor, ya que si lo dejamos morir y tenemos que afrontar un repecho o una maniobra de adelantamiento; esta mecánica no nos puede ofrecer una elasticidad y unas recuperaciones tan correctas y también deberemos acudir a la ayuda de la caja de cambios, insertando una e incluso, dos marchas menos, según las circunstancias.


Por otra parte; el comportamiento del SUV japonés es de lo mejorcito que hemos probado en este segmento. El aplomo es considerable y su paso por curva, netamente superior a la mayoría de sus rivales.


No obstante, cuenta con la ayuda del sistema electrónico G-Vectoring Control, que mejora la precisión del guiado y suaviza los cambios de aceleración transversal y longitudinal que sufre la carrocería, aportando una gran sensación de seguridad, incluso si hemos comenzado la trazada un poco "pasados". 

Si la mayoría de las ocasiones, circulamos por autopista o realizamos viajes largos, el esquema de suspensiones también está muy bien calibrado, ya que mantiene un tarado ciertamente firme, pero absorbe muy bien las imperfecciones del asfalto. Este factor, sumado a una gran insonorización interior del habitáculo, no procura una alta calidad de rodadura en todo momento.


Si nos aventuramos fuera del asfalto, el CX5 también es capaz de realizar algún "pinito" en caminos un poco rotos dada su mayor altura y si disponemos de la tracción total, podemos exigirle un poco más, aunque tampoco es precisamente el mejor representante por terrenos muy complicados.


El CX5 nunca nos defrauda. Es un gran SUV en todos los aspectos. Es atractivo, es cómodo, es amplio, está bastante bien equipado, con unos acabados de carácter premium, es muy seguro y sobre todo; destaca por su gran dinamismo en carretera. 


Lástima que esta mecánica 2.0 de gasolina con 165cv no haga del todo justicia a un producto con un potencial tan elevado como este. No me malinterpretéis. Es un buen motor con un funcionamiento muy correcto. Pero que si lo que os esperáis es que tenga la fuerza, la garra y las prestaciones que el chasis del CX5 es capaz de gestionar; creo que se queda un poco corto y en este caso, me resultó más satisfactoria la mecánica diésel de 150cv que probamos en la anterior ocasión (quién me ha visto y quién me ve...yo eligiendo un diésel.). 



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Prueba: Mazda CX5 2.0 Skyactive-G Zenith


El Mazda CX5 es todo un superventas. Quizás es uno de los que más se han aprovechado del tirón del fenómeno SUV, ya que a su atractiva figura, muy poderosa y afilada; debemos sumar una gama mecánica muy apropiada, una gran versatilidad de uso y unas características dinámicas en materia de conducción, que muy pocos elementos del mismo tamaño y segmento pueden igualar.


En su momento, y al poco tiempo de la puesta en escena de su última generación, probamos la versión con mecánica diésel y esta misma terminación Zenith, que corresponde a la dotación de serie más extensa de la gama CX5. 


Nos pareció una auténtica maravilla y no nos extraña que sea uno de los SUV de tamaño medio más deseados. De hecho; no hay nada más que pararse a observar durante unos minutos, para ver la cantidad de CX5 que hay circulando por nuestras carreteras, bien sean de mecánica diésel (como la que probamos en su día) como gasolina (versión que probamos en esta ocasión) o bien, con tracción delantera o integral.


Mazda siempre ha sido una de mis marcas preferidas porque, además de tener una cierta autonomía en materia de organización, lo que les permite poder investigar y desarrollar tecnologías propias sin tener que dar explicaciones a nadie; fabrica unos vehículos muy atractivos y consecuentes con lo que demanda el público en cada segmento en el que compite, además de tener un cierto toque premium, pero sin llegar a la ostentosidad y, como hemos indicado siempre, una gran conducción dinámica intrínseca en todos los representantes de su gama.


El Mazda CX5 que ocupa nuestra prueba dinámica de hoy es, quizás, la versión más demandada en los últimos tiempos, ya que sin quererlo, nos están metiendo mucho miedo en el cuerpo con esto de los impuestos sobre las mecánicas y combustibles diésel. No hay que temer nada de momento, pero la verdad es que el CX5 de gasolina está obteniendo un gran repunte de ventas en los últimos meses y casi alcanza en la cuota de mercado a las versiones alimentadas por gasóleo, lo cual llama la atención en un vehículo de este tamaño y peso.


La última actualización, sufrida en 2017, no varió apenas sus medidas respecto a la generación de 2015, por lo que hablamos de un SUV con 4,55 metros de longitud, 1,8 de anchura y 1,68 metros de altura. Compite directamente con modelos como el Ford Kuga, el Volkswagen Tiguan o el Renault Kadgar, por poner unos pocos ejemplos, así que entra de lleno en el segmento más "duro" para arañar ventas a estos "cocos" del mercado. 


¿Qué nos ofrece el Mazda CX5?. Pues para empezar, tenemos una imagen muy característica y afilada, propia de todos los últimos productos de la marca japonesa. El lenguaje de diseño, al que ellos denominan "Kodo", da un paso más allá y depura sus líneas con trazos más sibilinos y con un aporte visual más tecnológico, en donde el frontal, es el que acapara la mayor parte del protagonismo.


Una parrilla frontal muy poderosa, flanqueada por abajo por un perfil cromado que une visualmente los finos, y rasgados, grupos ópticos delanteros, en nuestro caso con tecnología de iluminación LED y que parecen hundidos respecto al largo capó que a su vez, cuenta con sendas nervaduras de personalidad muy marcadas; es la nueva carta de presentación de los futuros modelos de la marca, como el futuro Mazda 3, y que comparte en la actualidad con el SUV del segmento inferior CX3


En el lateral; llaman la atención sus atractivas llantas de aleación de 19 pulgadas y sus proporcionadas dimensiones que nos aseguran un mayor grado de versatilidad de uso. Cuenta con ciertas líneas de tensión ascendentes, que aportan esa sensación dinámica que debe tener como buen Mazda y que nos inspiran movimiento, aún estado el vehículo parado.


En la zaga, un gran portón de acceso al maletero, con unos trazos muy marcados y ancho de hombros y una doble salida de escape, junto con unas nuevas ópticas más minimalistas; completan un conjunto que en definitiva, marca las pautas y es el máximo exponente de la filosofía de diseño de Mazda. 


Abrimos ese portón, en nuestro caso de accionamiento eléctrico, y descubrimos una gran boca de carga pero con un perfil bastante alto, lo que nos incordiará un poco a la hora de ubicar objetos voluminosos o pesados. Ante nosotros un gran maletero muy aprovechable con 477 litros de capacidad, que no es precisamente uno de los Top en cuanto a volumen, pero más que suficiente para albergar el equipaje de 4 o 5 pasajeros.


Ya en el interior, obtenemos una buena habitabilidad en todas sus medidas y cotas, por lo que, seamos del tamaño que seamos, estaremos muy a gusto en cualquiera de sus cómodas plazas. Los asientos delanteros ofrecen un buen mullido y una gran sujeción en desplazamiento lateral y es bastante fácil encontrar la posición de conducción correcta gracias a los múltiples reglajes.

El puesto de mando es minimalista y se libra de cualquier artificio que no sirva para conducir y proporcionar confort a los ocupantes. Los materiales utilizados son muy agradables a la vista y al tacto y la sensación de calidad está un poco por encima de la media sobre lo que se estila en este segmento. También son dignos de mención los ajustes entre los diferentes paneles del interior.


Los cambios respecto a la versión de 2015 son muchos, pero prácticamente imperceptibles. Por ejemplo la situación de algunos mandos de manera más ergonómica, como la palanca de cambios, que ahora está situada más cerca del volante, el doble acristalamiento y doble aislamiento para las puertas, que minimiza los ruidos procedentes del exterior y nos ofrece una gran calidad de rodadura desde el habitáculo o los mandos de la climatización, que los han reubicado para mayor comodidad a la hora de acceder a ellos.



Desde el volante multifunción, de un tamaño perfecto, podemos acceder a diferentes sistemas con los que venía equipada nuestra unidad de pruebas, entre los que se incluían el Bluetooth, el control de velocidad de crucero con limitador, algunas funciones del ordenador de a bordo o los mandos del equipo de audio, siendo del especialista Bose en nuestro acabado más dotado Zenith.



La información percibida desde el cuadro es bastante clara y disponemos de todo lo necesario a consultar al primer golpe de vista. Además, disponíamos del sistema HUD, que en este caso, proyectaba la información sobre una placa de metacrilato emergente ante nuestros ojos. El resto del cuadro de mandos lo completa una pantalla de 7 pulgadas sobre el salpicadero, táctil y con un funcionamiento correcto, aunque muy expuesta a los reflejos solares y con una definición de imagen, tan solo suficiente.


Debajo están los mandos del climatizador bi-zona y entre los dos asientos delanteros, disponemos del mando giratorio MZD Connect, que simplifica cualquier búsqueda en el equipo de infoocio y es bastante intuitivo de utilizar mientras vamos conduciendo.

Nuestro acabado Zenith es el más dotado de serie, aunque se puede completar hasta un equipamiento de bandera con la lista de opcionales disponible. La unidad de nuestra prueba contaba con navegador, luces inteligentes de tipo LED e iluminación automática, climatizador bi-zona, asistente de arranque en pendientes, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas, aviso de vehículo en ángulo muerto, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara de visión trasera, apertura y arranque Free Key, sensores de luces y lluvia, llantas de 19 pulgadas ordenador de a bordo, apertura eléctrica de portón del maletero, asistente de mantenimiento de carril, lunas traseras tintadas, asistente de frenada de emergencia con detección de peatones, alerta de tráfico trasero, detector de fatiga, HUD (Head Up Display), control de presión de neumáticos o equipo de audio Bose, entre otros elementos.


Pero realmente, todo esto que os he contado hasta ahora, es la parte que ya conocíamos del excelente CX5, así que vamos a su mecánica que realmente, en este caso es lo que más nos interesaba probar. 


Para esta ocasión, montamos un 2.0 con tecnología Skyactive de gasolina con 165cv y 210 Nm de par máximo, asociado a una caja de cambios manual de 6 relaciones, que destaca sobremanera por sus bien escalonadas inserciones y sus cortos y precisos recorridos. Existe también un motor más potente de gasolina de 195cv, por si esta versión os parece poco.


Con esta configuración, el CX5 alcanza los 200 Km/h de velocidad máxima, acelerando de 0-100 Km/h en 10,4 segundos y atesorando unos consumos de 6,4 l/100 Km homologados por la marca, que se tornan en unos 8 l/100 Km en una conducción real.


Es un motor voluntarioso, pero bastante "perezoso" en bajas revoluciones. La verdad es que es a partir de las 2.000 vueltas cuando podemos extraer algo más de vida a la mecánica, aunque nunca nos brindará una aceleración fulgurante, sino que irá escalando revoluciones de una manera progresiva.


165cv son más que suficientes para mover con cierto brío a un conjunto de casi tonelada y media, pero parece ser que no lo suficientes para ofrecernos un rendimiento superior, así que podemos decir que es una mecánica más apropiada para personas que se tomen la conducción de una manera más relajada y busquen la finura de funcionamiento de un motor de gasolina, con unos consumos justos. 


En ciudad debemos utilizar bastante la caja de cambios manual y si salimos a carretera, también deberemos mantener activo el motor, ya que si lo dejamos morir y tenemos que afrontar un repecho o una maniobra de adelantamiento; esta mecánica no nos puede ofrecer una elasticidad y unas recuperaciones tan correctas y también deberemos acudir a la ayuda de la caja de cambios, insertando una e incluso, dos marchas menos, según las circunstancias.


Por otra parte; el comportamiento del SUV japonés es de lo mejorcito que hemos probado en este segmento. El aplomo es considerable y su paso por curva, netamente superior a la mayoría de sus rivales.


No obstante, cuenta con la ayuda del sistema electrónico G-Vectoring Control, que mejora la precisión del guiado y suaviza los cambios de aceleración transversal y longitudinal que sufre la carrocería, aportando una gran sensación de seguridad, incluso si hemos comenzado la trazada un poco "pasados". 

Si la mayoría de las ocasiones, circulamos por autopista o realizamos viajes largos, el esquema de suspensiones también está muy bien calibrado, ya que mantiene un tarado ciertamente firme, pero absorbe muy bien las imperfecciones del asfalto. Este factor, sumado a una gran insonorización interior del habitáculo, no procura una alta calidad de rodadura en todo momento.


Si nos aventuramos fuera del asfalto, el CX5 también es capaz de realizar algún "pinito" en caminos un poco rotos dada su mayor altura y si disponemos de la tracción total, podemos exigirle un poco más, aunque tampoco es precisamente el mejor representante por terrenos muy complicados.


El CX5 nunca nos defrauda. Es un gran SUV en todos los aspectos. Es atractivo, es cómodo, es amplio, está bastante bien equipado, con unos acabados de carácter premium, es muy seguro y sobre todo; destaca por su gran dinamismo en carretera. 


Lástima que esta mecánica 2.0 de gasolina con 165cv no haga del todo justicia a un producto con un potencial tan elevado como este. No me malinterpretéis. Es un buen motor con un funcionamiento muy correcto. Pero que si lo que os esperáis es que tenga la fuerza, la garra y las prestaciones que el chasis del CX5 es capaz de gestionar; creo que se queda un poco corto y en este caso, me resultó más satisfactoria la mecánica diésel de 150cv que probamos en la anterior ocasión (quién me ha visto y quién me ve...yo eligiendo un diésel.).