miércoles, 19 de diciembre de 2018

Prueba: Kia Sportage 1.6 GDI Drive


El Kia Sportage siempre ha sido un gran éxito de ventas desde su nacimiento. Vale que el mundo SUV es el segmento de moda y que con esa carrocería tiene mucho ganado, pero indudablemente, no es sólo su concepto, ya que se encuentra en medio de una auténtica guerra de modelos y marcas en la que todos quieren llevarse el trozo de pastel más grande.


Los mayores valores que nos ha brindado el Kia Sportage son una gran versatilidad de uso, un extenso equipamiento de serie, unos motores solventes y coherentes, posibilidad de tracción delantera o total, un confort muy valorable o un diseño atractivo y diferente, todo ello, a un precio muy ajustado.


Estas y varias razones más, han sido las "culpables" de que el modelo que os vamos ha mostrar en nuestra prueba de hoy haya sido, mes tras mes y año tras año, uno de los modelos superventas del segmento más disputado del momento, que no es otro que el de los SUV de tamaño medio.


Recientemente se ha visto remozado con un lavado de cara y la incorporación de motores ya conocidos (las versiones diésel son nuevas), pero recalibrados para cumplir con creces las duras normativas vigentes anticontaminación.


Los cambios más visibles y sustanciales, se observan en sus nuevos paragolpes delanteros y traseros o los nuevos grupos ópticos que incorpora tanto delante como detrás. Entre lo que no se ve nos encontramos con que el equipo de infoocio y multimedia, ahora es compatible con los protocolos de Apple Car Play y Android Auto.


Pero como siempre, vamos ha comenzar haciendo un repaso a la imagen exterior. El reestilizado Kia Sportage, mantiene la misma plataforma que ya conocemos de su versión 2016, pero contamos con una nueva imagen más fresca y con un halo más poderoso, gracias a sus nuevos paragolpes sobre todo.



En ésta ocasión observamos una imagen frontal algo más agresiva, con un paragolpes rediseñado mucho más potente y elaborado, con algún nuevo aplique y embellecedor cromado y en donde se le da un protagonismo mayor a la zona de las luces antiniebla, con piezas en tono negro brillante. Combinan con una nueva parrilla delantera, de nuevo diseño y aspecto cromado, la cual; enfatiza aún más el lenguaje característico de diseño en el seno de la marca coreana y que como ya sabéis de otras ocasiones, se denomina "Tiger Noise". Los pilotos delanteros mantienen también ese diseño característico y diferenciado, aunque en los modelos más altos de gama, que cuentan con iluminación LED para todas las funciones, incorporan cuatro puntos de luz que comienzan a ser firma esencial de Kia. En nuestro caso eran halógenos.



Su visión lateral no cambia de aspecto en ningún sentido, con excepción de poder contar con una nueva colección de llantas a elegir entre 16, 17 y 19 pulgadas (las nuestras de 17" muy atractivas y visuales, por cierto). Mantiene su planta de 4,48 metros de longitud, con una altura respecto a suelo de 17cm, apropiada para salirse un poco de la norma del asfalto y aventurarnos por caminos y pistas, aunque con baja dificultad.


En la zaga, también nos encontramos con unos nuevos paragolpes más profusos y en los que nos encontramos con las luces principales de los intermitentes, la marcha atrás o las luces antiniebla. Las luces de posición se sitúan en la zona superior y son de tecnología LED, además de que para esta ocasión, están unidas entre sí por un perfil que da continuidad a una visión bastante atractiva en horas nocturnas. Esa imagen trasera culmina con un alerón en la zona superior de la luneta térmica y el gran portón de acceso al maletero nos ofrece una buena boca de carga y su perfil está bastante cerca del suelo, algo de agradecer si lo que debemos cargar son objetos pesados o voluminosos. Una vez abierto, descubrimos un gran maletero de 503 litros de capacidad, bastante aprovechable y con un par de huecos laterales en los que ubicar algún tipo de objeto pequeño.



Si nos incorporamos al habitáculo, vemos que poco o nada ha cambiado respecto a la generación de 2016. Las plazas traseras son muy buenas y cómodas, con muchísimo espacio en todas las cotas incluso si los usuarios son altos o corpulentos. Tienen la posibilidad de reclinar hacia atrás ligeramente el respaldo, aunque no se pueden desplazar los asientos de forma longitudinal.



En el puesto de mando, nos reciben unos asientos muy confortables y con un buen mullido, aunque la sujeción del cuerpo en desplazamiento lateral podría ser mejorable. Ante nosotros, disponemos de un cuadro de mandos muy bien estructurado y muy bien rematado a todos los niveles, ya que se utilizan plásticos de buena calidad, agradables al tacto y visualmente, además de contar con muy buenos ajustes de los paneles entre si.



El volante multifunción dispone de todos los mandos esenciales para activar y controlar los sistemas más habituales sin tener que soltar las manos. Detrás, en la capilla de relojes, observamos una información muy clara y sencilla, además de contar con la pantalla central del ordenador de a bordo, que completa esas informaciones relevantes con varios menús entre los que elegir, también de una manera clara y muy simple.



Situada de manera muy visible y cobrando todo el protagonismo, tenemos la pantalla táctil del equipo de infoocio, que en nuestro caso, era de 7 pulgadas (en las versiones más altas de gama es de 8 pulgadas). Es fácil moverse entre menús disponibles y la rapidez de reacciones es correcta, aunque por la posición de la pantalla, cabe la posibilidad de estar algo expuesta a los reflejos incómodos de la luz solar. 



Justo debajo, tenemos el sistema de climatización bi-zona, con pulsadores y mandos muy grandes y bien ordenados, muy al alcance de la mano, además de los correspondientes mandos del equipo de audio. Más abajo, un pequeño hueco vacía bolsillos con puerto USB y toma de 12V.



Nuestra unidad de prueba disponía de cambio manual de 6 relaciones, con un recorrido perfecto y unas inserciones de marcha suaves y precisas. Pero no sólo esa palanca de cambios está situada entre los dos asientos, sino que a su alrededor, contamos con otros mandos adicionales como el freno de mano eléctrico, la desconexión del sistema de ayuda de arranque en pendientes y la desconexión de la alerta sonora de los sensores de aparcamiento además del botón del asistente de descenso de pendientes. Sí; nuestra unidad no disponía de tracción total, pero contaba con este sistema que nos hará la vida más fácil si alguna vez nos adentramos por terrenos un tanto más complicados.



Y es que, como os habíamos indicado al principio, y a pesar de que estamos hablando de un acabado con un equipamiento intermedio, el Kia Sportage disponía de una gran dotación de serie. Entre otros muchos elementos, teníamos navegador, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas, ordenador de a bordo, control de descensos, aviso de cambio involuntario de carril, Start/Stop, climatizador bi-zona, asistente de arranque en pendiente, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara de marcha atrás, llantas de 17 pulgadas, control de velocidad de crucero, control de presión de neumáticos, reconocimiento de señales de tráfico, sensores de lluvia y de luces o detección de fatiga del conductor.


La mecánica era de gasolina, un 1.6 de 132cv con un par máximo de 160 Nm. Es un motor silencioso y muy activo en bajas revoluciones, aunque de carácter muy progresivo, que nos invitará a realizar una conducción relajada en todo momento, por lo que cuenta con unas prestaciones finales aceptables para tratarse de un SUV medio. Su velocidad máxima es de 180 Km/h, acelera de 0-100 Km/h en 11,5 segundos y sus consumos en ciclo medio, homologados por la marca, se quedan en 7,1 l/100 Km.



En orden de marcha, se adivina un motor muy nervioso y que cumpliría y colmaría todas nuestras expectativas, además de disponer de un ratio de potencia bastante importante con el que no deberíamos tener ningún problema en materia de prestaciones. Y en realidad no lo hay, pero bien es cierto que hay que tener en cuenta algunas peculiaridades para sacar el máximo provecho a la mecánica. 


El motor es el mismo que montaba la versión 2016, aunque con ciertas limitaciones que permiten unas emisiones homologadas y testadas de 162 gr de CO2 por Kilómetro, por lo que cumple, de ésta manera, con la normativa vigente. 


¿Cuál es el efecto del cambio?. Pues que por este hecho, y al ser una mecánica atmosférica, parece que esos caballos de potencia no son todo lo "fuertes" que podríamos esperar y nos da la impresión de que estamos conduciendo un vehículo que podría dar mucho más de si, pero que está un tanto "capado". Si a bajas revoluciones se nos muestra como un motor con cierto poderío, en materia de recuperaciones se nos antoja un poco justo y debemos acudir en la ayuda de la excelente caja de cambios manual más de lo necesario. 


De esta manera; a la hora de conducir esta versión del Kia Sportage, si queremos exprimir al máximo todas sus cualidades, deberemos ir siempre altos de vueltas, si no queremos tener ningún ademán de falta de respuesta. 


Por lo demás; hablamos de un motor muy silencioso, que nos proporciona un confort de rodadura muy propio, acompañado por un esquema de suspensiones efectivo en varios rangos de utilización. 


En autopistas y autovías con un firme en buen estado, su comportamiento general es muy diligente y absorbe las posibles irregularidades del asfalto sin transmitir ningún tipo de percepción a sus ocupantes. Si por el contrario estamos circulando por una carretera de montaña, con el firme en peor estado de conservación; el Kia Sportage mantiene la compostura y filtra a la perfección los desperfectos con los que nos vamos encontrando, además de contener, de una manera notable, los cambios de apoyo y el peso de la voluminosa carrocería, por lo que se nos muestra siempre con unas reacciones muy nobles y carentes de ninguna sensación de peligro evidente.



Por último, la dirección se nos presenta muy directa, aunque un poco artificial en el sentido de que no transmite del todo lo que ocurre debajo de los neumáticos y el equipo de frenos tiene un rendimiento muy reseñable, deteniendo sin problema a todo el conjunto sin aparente síntoma de desgaste prematuro. 


Es una lástima que el rendimiento final de un motor fiable y relativamente potente, lastrado y "capado" en cierta medida por las duras normativas de polución, empañen la brillantez de un conjunto y un concepto muy bien solucionado por la marca coreana. 


No debemos olvidar nunca, que el Kia Sportage ha sido (y será) siempre un superventas, gracias a su distintivo diseño, su gran equipo de serie, sus buenas maneras de conducción y su precio ajustado de adquisición. 


Todos estos valores son los que le han hecho triunfar en un segmento con tan dura competencia y con tantos y tantos rivales a batir. Con esta nueva actualización, adquiere un tanto más de prestancia e imagen y seguirá en sus trece de seguir "comiéndose" el mercado como lo ha venido haciendo hasta ahora. El Kia Sportage es un valor seguro y lo seguirá siendo. 



miércoles, 19 de diciembre de 2018

Prueba: Kia Sportage 1.6 GDI Drive


El Kia Sportage siempre ha sido un gran éxito de ventas desde su nacimiento. Vale que el mundo SUV es el segmento de moda y que con esa carrocería tiene mucho ganado, pero indudablemente, no es sólo su concepto, ya que se encuentra en medio de una auténtica guerra de modelos y marcas en la que todos quieren llevarse el trozo de pastel más grande.


Los mayores valores que nos ha brindado el Kia Sportage son una gran versatilidad de uso, un extenso equipamiento de serie, unos motores solventes y coherentes, posibilidad de tracción delantera o total, un confort muy valorable o un diseño atractivo y diferente, todo ello, a un precio muy ajustado.


Estas y varias razones más, han sido las "culpables" de que el modelo que os vamos ha mostrar en nuestra prueba de hoy haya sido, mes tras mes y año tras año, uno de los modelos superventas del segmento más disputado del momento, que no es otro que el de los SUV de tamaño medio.


Recientemente se ha visto remozado con un lavado de cara y la incorporación de motores ya conocidos (las versiones diésel son nuevas), pero recalibrados para cumplir con creces las duras normativas vigentes anticontaminación.


Los cambios más visibles y sustanciales, se observan en sus nuevos paragolpes delanteros y traseros o los nuevos grupos ópticos que incorpora tanto delante como detrás. Entre lo que no se ve nos encontramos con que el equipo de infoocio y multimedia, ahora es compatible con los protocolos de Apple Car Play y Android Auto.


Pero como siempre, vamos ha comenzar haciendo un repaso a la imagen exterior. El reestilizado Kia Sportage, mantiene la misma plataforma que ya conocemos de su versión 2016, pero contamos con una nueva imagen más fresca y con un halo más poderoso, gracias a sus nuevos paragolpes sobre todo.



En ésta ocasión observamos una imagen frontal algo más agresiva, con un paragolpes rediseñado mucho más potente y elaborado, con algún nuevo aplique y embellecedor cromado y en donde se le da un protagonismo mayor a la zona de las luces antiniebla, con piezas en tono negro brillante. Combinan con una nueva parrilla delantera, de nuevo diseño y aspecto cromado, la cual; enfatiza aún más el lenguaje característico de diseño en el seno de la marca coreana y que como ya sabéis de otras ocasiones, se denomina "Tiger Noise". Los pilotos delanteros mantienen también ese diseño característico y diferenciado, aunque en los modelos más altos de gama, que cuentan con iluminación LED para todas las funciones, incorporan cuatro puntos de luz que comienzan a ser firma esencial de Kia. En nuestro caso eran halógenos.



Su visión lateral no cambia de aspecto en ningún sentido, con excepción de poder contar con una nueva colección de llantas a elegir entre 16, 17 y 19 pulgadas (las nuestras de 17" muy atractivas y visuales, por cierto). Mantiene su planta de 4,48 metros de longitud, con una altura respecto a suelo de 17cm, apropiada para salirse un poco de la norma del asfalto y aventurarnos por caminos y pistas, aunque con baja dificultad.


En la zaga, también nos encontramos con unos nuevos paragolpes más profusos y en los que nos encontramos con las luces principales de los intermitentes, la marcha atrás o las luces antiniebla. Las luces de posición se sitúan en la zona superior y son de tecnología LED, además de que para esta ocasión, están unidas entre sí por un perfil que da continuidad a una visión bastante atractiva en horas nocturnas. Esa imagen trasera culmina con un alerón en la zona superior de la luneta térmica y el gran portón de acceso al maletero nos ofrece una buena boca de carga y su perfil está bastante cerca del suelo, algo de agradecer si lo que debemos cargar son objetos pesados o voluminosos. Una vez abierto, descubrimos un gran maletero de 503 litros de capacidad, bastante aprovechable y con un par de huecos laterales en los que ubicar algún tipo de objeto pequeño.



Si nos incorporamos al habitáculo, vemos que poco o nada ha cambiado respecto a la generación de 2016. Las plazas traseras son muy buenas y cómodas, con muchísimo espacio en todas las cotas incluso si los usuarios son altos o corpulentos. Tienen la posibilidad de reclinar hacia atrás ligeramente el respaldo, aunque no se pueden desplazar los asientos de forma longitudinal.



En el puesto de mando, nos reciben unos asientos muy confortables y con un buen mullido, aunque la sujeción del cuerpo en desplazamiento lateral podría ser mejorable. Ante nosotros, disponemos de un cuadro de mandos muy bien estructurado y muy bien rematado a todos los niveles, ya que se utilizan plásticos de buena calidad, agradables al tacto y visualmente, además de contar con muy buenos ajustes de los paneles entre si.



El volante multifunción dispone de todos los mandos esenciales para activar y controlar los sistemas más habituales sin tener que soltar las manos. Detrás, en la capilla de relojes, observamos una información muy clara y sencilla, además de contar con la pantalla central del ordenador de a bordo, que completa esas informaciones relevantes con varios menús entre los que elegir, también de una manera clara y muy simple.



Situada de manera muy visible y cobrando todo el protagonismo, tenemos la pantalla táctil del equipo de infoocio, que en nuestro caso, era de 7 pulgadas (en las versiones más altas de gama es de 8 pulgadas). Es fácil moverse entre menús disponibles y la rapidez de reacciones es correcta, aunque por la posición de la pantalla, cabe la posibilidad de estar algo expuesta a los reflejos incómodos de la luz solar. 



Justo debajo, tenemos el sistema de climatización bi-zona, con pulsadores y mandos muy grandes y bien ordenados, muy al alcance de la mano, además de los correspondientes mandos del equipo de audio. Más abajo, un pequeño hueco vacía bolsillos con puerto USB y toma de 12V.



Nuestra unidad de prueba disponía de cambio manual de 6 relaciones, con un recorrido perfecto y unas inserciones de marcha suaves y precisas. Pero no sólo esa palanca de cambios está situada entre los dos asientos, sino que a su alrededor, contamos con otros mandos adicionales como el freno de mano eléctrico, la desconexión del sistema de ayuda de arranque en pendientes y la desconexión de la alerta sonora de los sensores de aparcamiento además del botón del asistente de descenso de pendientes. Sí; nuestra unidad no disponía de tracción total, pero contaba con este sistema que nos hará la vida más fácil si alguna vez nos adentramos por terrenos un tanto más complicados.



Y es que, como os habíamos indicado al principio, y a pesar de que estamos hablando de un acabado con un equipamiento intermedio, el Kia Sportage disponía de una gran dotación de serie. Entre otros muchos elementos, teníamos navegador, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas, ordenador de a bordo, control de descensos, aviso de cambio involuntario de carril, Start/Stop, climatizador bi-zona, asistente de arranque en pendiente, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara de marcha atrás, llantas de 17 pulgadas, control de velocidad de crucero, control de presión de neumáticos, reconocimiento de señales de tráfico, sensores de lluvia y de luces o detección de fatiga del conductor.


La mecánica era de gasolina, un 1.6 de 132cv con un par máximo de 160 Nm. Es un motor silencioso y muy activo en bajas revoluciones, aunque de carácter muy progresivo, que nos invitará a realizar una conducción relajada en todo momento, por lo que cuenta con unas prestaciones finales aceptables para tratarse de un SUV medio. Su velocidad máxima es de 180 Km/h, acelera de 0-100 Km/h en 11,5 segundos y sus consumos en ciclo medio, homologados por la marca, se quedan en 7,1 l/100 Km.



En orden de marcha, se adivina un motor muy nervioso y que cumpliría y colmaría todas nuestras expectativas, además de disponer de un ratio de potencia bastante importante con el que no deberíamos tener ningún problema en materia de prestaciones. Y en realidad no lo hay, pero bien es cierto que hay que tener en cuenta algunas peculiaridades para sacar el máximo provecho a la mecánica. 


El motor es el mismo que montaba la versión 2016, aunque con ciertas limitaciones que permiten unas emisiones homologadas y testadas de 162 gr de CO2 por Kilómetro, por lo que cumple, de ésta manera, con la normativa vigente. 


¿Cuál es el efecto del cambio?. Pues que por este hecho, y al ser una mecánica atmosférica, parece que esos caballos de potencia no son todo lo "fuertes" que podríamos esperar y nos da la impresión de que estamos conduciendo un vehículo que podría dar mucho más de si, pero que está un tanto "capado". Si a bajas revoluciones se nos muestra como un motor con cierto poderío, en materia de recuperaciones se nos antoja un poco justo y debemos acudir en la ayuda de la excelente caja de cambios manual más de lo necesario. 


De esta manera; a la hora de conducir esta versión del Kia Sportage, si queremos exprimir al máximo todas sus cualidades, deberemos ir siempre altos de vueltas, si no queremos tener ningún ademán de falta de respuesta. 


Por lo demás; hablamos de un motor muy silencioso, que nos proporciona un confort de rodadura muy propio, acompañado por un esquema de suspensiones efectivo en varios rangos de utilización. 


En autopistas y autovías con un firme en buen estado, su comportamiento general es muy diligente y absorbe las posibles irregularidades del asfalto sin transmitir ningún tipo de percepción a sus ocupantes. Si por el contrario estamos circulando por una carretera de montaña, con el firme en peor estado de conservación; el Kia Sportage mantiene la compostura y filtra a la perfección los desperfectos con los que nos vamos encontrando, además de contener, de una manera notable, los cambios de apoyo y el peso de la voluminosa carrocería, por lo que se nos muestra siempre con unas reacciones muy nobles y carentes de ninguna sensación de peligro evidente.



Por último, la dirección se nos presenta muy directa, aunque un poco artificial en el sentido de que no transmite del todo lo que ocurre debajo de los neumáticos y el equipo de frenos tiene un rendimiento muy reseñable, deteniendo sin problema a todo el conjunto sin aparente síntoma de desgaste prematuro. 


Es una lástima que el rendimiento final de un motor fiable y relativamente potente, lastrado y "capado" en cierta medida por las duras normativas de polución, empañen la brillantez de un conjunto y un concepto muy bien solucionado por la marca coreana. 


No debemos olvidar nunca, que el Kia Sportage ha sido (y será) siempre un superventas, gracias a su distintivo diseño, su gran equipo de serie, sus buenas maneras de conducción y su precio ajustado de adquisición. 


Todos estos valores son los que le han hecho triunfar en un segmento con tan dura competencia y con tantos y tantos rivales a batir. Con esta nueva actualización, adquiere un tanto más de prestancia e imagen y seguirá en sus trece de seguir "comiéndose" el mercado como lo ha venido haciendo hasta ahora. El Kia Sportage es un valor seguro y lo seguirá siendo. 



Publicidad relacionada