martes, 2 de abril de 2019

Prueba: Mazda 3 2.0 Skyactive G Zenith


El Mazda 3 siempre me ha resultado un elemento muy atractivo en el segmento de los compactos. Durante su larga trayectoria y varias generaciones en su haber, ha suscitado un halo diferenciador respecto al resto de sus competidores directos y ese hecho, se magnifica y se multiplica con su última generación aparecida a finales del año pasado.



Su carácter dinámico, sus buenas maneras de conducción, su atractivo equipamiento y sus mecánicas fiables y parcas en consumos, siempre han sido las notas destacables de la saga 3, pero en este último componente de la familia de Hiroshima han echado el resto y han completado uno de los compactos más atractivos del panorama actual.


Cambian todos los paneles y cambian todos los parámetros conocidos hasta el momento, pero sin lugar a dudas, mantiene esa estética y ese carácter Mazda que tanto y a tantos, nos atrae.


Para la marca japonesa, eso de seguir al rebaño y seguir todas las normas conocidas y establecidas, es una auténtica utopía. Siempre han mantenido un excepcional carácter transgresor y mientras las demás marcas se "copian" entre ellas y pelean por ser las pioneras en materia de mecánicas, de tecnologías o de emisiones, comparten sinergias, se alían para copar y ser los más Top de cada segmento y ahorrar en costes; en Mazda van a su bola y con ideas propias, recursos limitados, una mentalidad diferente y su diferente forma de ver el mundo del automóvil, obtienen unos resultados que los grandes grupos automovilísticos envidian y miran siempre de reojo.


De hecho; son mundialmente conocidos por comercializar motores de tipo Wankel rotativos en vehículos de calle y ganar las 24 Horas de Le Mans con éste tipo de mecánica. Ninguna otra marca se ha atrevido a realizar nunca semejante experimento y a pesar de que este tipo de motores son extremadamente efectivos y generan un gran rendimiento, también generan unos problemas y un mantenimiento aún costoso, aunque no obstante, la marca no ceja en su empeño y sigue investigando en este campo para el futuro.


También llama la atención que, mientras las demás marcas están comercializando motores con menos cilindros, menos cilindrada, turbos de diferente tamaño y diversos elementos mecánicos que juntos, se denominan "Downsizing", en Mazda nadan a contracorriente y siguen con los motores atmosféricos de gran cilindrada y con una relación de compresión muy favorable, tanto en las versiones de gasolina como en las versiones de ciclo diésel.


¿Qué implica todo esto?. Pues básicamente se trata de motores con una gran eficiencia térmica y sencillos, con lo que de origen, eliminamos de la ecuación varios elementos que son proclives a estropearse o fallar, como por ejemplo los turbos. Por lo tanto, son motores muy fiables y soportan muy bien el desgaste y el paso de los kilómetros.


Pero de eso hablaremos más adelante y como siempre, comenzamos con hacer un repaso al diseño exterior.


Mantiene los rasgos conocidos en la anterior generación, con un frontal afilado y agresivo, nuevos pilotos más finos de tecnología LED que parece que se hunden hacia el interior de la calandra y aportan ese toque distintivo y original, pero sin perder esa personalidad adquirida y denominada "Kodo", que estrenó en su momento, la primera generación del Mazda CX5.



Bordeando la parrilla y haciendo que los faros delanteros tengan esa sensación de profundidad, nos encontramos con un embellecedor en negro piano con forma de ave en pleno vuelo. Y para rematar esa visión y actitud dinámica, observamos una especie de splitter delantero en la zona baja del paragolpes, al estilo de los mejores y más potentes deportivos del mercado.


En su vista lateral, lo primero que nos llamó la atención era la distancia entre ejes. Con 2,72 metros en un coche de 4,46 metros de longitud, consideramos que es una separación muy considerable que contribuye a que el compacto japonés vaya muy asentado sobre el asfalto. Corresponde a la nueva plataforma universal de Mazda que se estrena en este coche.



También es reseñable la fluidez y pureza de líneas, en las que predominan las formas redondeadas, quebradas, en mayor o menor medida, por lo afilado de su frontal. Es un compacto bajo, con tan sólo 1,43 metros de altura, por lo que la sensación deportiva queda latente en un simple vistazo. Para terminar, nos encontramos con unas llantas de aleación de 18 pulgadas opcionales, que en este caso, montaba nuestra unidad de pruebas.


En la zaga, destacamos los preciosos pilotos con tecnología LED de nuevo diseño, con un haz de luz muy atractivo en las horas nocturnas. También veremos un profuso paragolpes, que incluye un embellecedor, que remarca su figura, en color negro piano, con la doble salida de escape incorporada.


Abrimos el portón del maletero y nos encontramos con una boca de carga amplia, pero con una capacidad de 358 litros, que es suficiente para el equipaje de cuatro personas, pero tampoco es que sea el referente de la categoría en cuanto a espacio, ni mucho menos. De todas formas, el espacio que existe, es bastante diáfano y sin bordes o formas extrañas que puedan limitarnos a la hora de ubicar nuestra carga, pero no existen ni huecos laterales ni sistemas específicos para que se puedan sujetar nuestros enseres.



Nos adentramos en las plazas posteriores, no sin antes hacer un ejercicio de genuflexión, ya que como habíamos indicado, es un coche bastante bajito. Disponemos de tres cómodas plazas, aunque la del medio sea un poco más estrecha y dura. Ha mejorado en la mayoría de sus cotas respecto a la anterior generación y los pasajeros se acomodan en unos asientos bastante confortables, aunque por sus dimensiones y formas en el exterior, tampoco es uno de los mejores en habitabilidad en esa zona. De hecho; es tan sumamente grande el pilar C que nos limita bastante a la hora de acceder a esas plazas. También resulta un pequeño problema a la hora de echar la vista hacia atrás, ya que el Mazda 3 tiene bastante más chapa que cristal en esa zona.



En cambio, las plazas delanteras son muy cómodas y amplias. Nos reciben unas butacas con una gran sujeción lateral y un mullido perfecto para no cansarnos mientras conducimos en periodos largos. La posición la adquirimos enseguida, gracias a los múltiples reglajes del asiento y volante pero al ir tan cerca del suelo, nos obliga a mantener una posición muy deportiva, con las piernas bastante estiradas.


Ante nosotros, un cuadro de mandos muy austero, ya que prescinde de innumerables botones y gadgets que en los modelos de la competencia pueden llegar a abrumarnos. 



La calidad de construcción es una de las mejores que veremos en un coche generalista en la actualidad. Los materiales y plásticos utilizados son de una calidad sublime y en materia de ajustes, se adivinan las buenas maneras y el mimo con el que ensamblan los coches los chicos de Hiroshima.



Todo está muy ordenado, muy a mano y es muy sencillo de activar y de interpretar. De hecho; el volante multifunción aglutina la mayoría de los botones que nos hacen falta para no distraernos mientras conducimos, dejando de esta manera, la mayor parte del salpicadero libre de botones y artificios.


La capilla de relojes nos muestra una información simple e imprescindible en la que no falta de nada. La visión es analógica, con sendas esferas a los lados, que nos marcarían las revoluciones, la temperatura del motor y la capacidad del depósito. En el centro, y al igual que ocurre con los coches más deportivos, tenemos la enorme esfera del cuentakilómetros que en esta caso sí es digital y desde donde también podremos visionar diferentes parámetros del ordenador de a bordo, aunque está tan bien integrada, que la mayoría no se dará cuenta siquiera que es digital. Tiene sendos displays a su alrededor que nos indican el consumo medio a tiempo real y los kilómetros que nos quedarían de autonomía.


También disponemos en toda la gama, del sistema HUD, que en esta edición del compacto de Mazda, proyecta la información sobre la luna delantera y no sobre una pantalla de plástico emergente, como se venía haciendo hasta ahora.



En el centro y en una posición superior del salpicadero, veremos la pantalla del equipo de infoocio de 8 pulgadas y que no es táctil. Se maneja desde el mando rotativo situado entre los dos asientos y tiene un funcionamiento preciso e intuitivo, que nos permitirá movernos con cierta soltura entre los menús del sistema.


Su visión es suficiente, aunque puede estar un tanto expuesta a las incidencias de los rayos solares. Desde ahí podremos visionar el sistema de navegación (en el caso de que se adquiera) diferentes informaciones del ordenador de viaje o la visión de las cámaras situadas alrededor del vehículo. 



Estas cámaras nos proporcionan visión de 360º a la hora de aparcar y podemos elegir el visionado de la zona delantera o trasera por medio de un botón, además de que el vehículo cuenta con sensores delanteros y traseros. Por otra parte, nuestra unidad de pruebas con el acabado Zenith (el más dotado de serie), también disponía de aviso de tráfico cruzado y de frenada autónoma en el caso de que nos despistemos de más o hagamos caso omiso a las indicaciones.



Pero existía un menú que nos haría entender un poco más el funcionamiento del nuevo Mazda 3. En la versión que probamos, con el motor de gasolina de 122cv, contaba con un nuevo sistema de hibridación ligera. No tiene nada que ver con cualquier vehículo híbrido puro, ya que se trata de un pequeño generador que acumula energía en las frenadas y después ayuda a impulsar al conjunto en aceleración. No puede funcionar solo en modo eléctrico y siempre empujará junto con el motor térmico, pero gracias a este sistema, se permite entrar en el olimpo de los vehículos con denominación ECO de la DGT.


Otra de las soluciones empleadas en este modelo y que también podremos visionar desde la misma pantalla a tiempo real, es el sistema de desconexión de cilindros. Según nuestro ímpetu con el acelerador y cuando no demandemos un rendimiento superior a la mecánica, podremos circular tan sólo con dos cilindros reduciendo, junto al sistema de hibridación ligera, los consumos totales del compacto japonés.


Así, llama la atención que un vehículo 2.0 atmosférico, con 122cv y un par de 215 Nm, pueda consumir de media, homologado por la marca, 5,1 l/100 Km, por lo que supera a muchos rivales directos que cuentan con turbos y motores de cilindrada más baja. De esta manera, sus prestaciones son también bastante correctas, con 200 Km/h de velocidad máxima y una discreta aceleración de 0-100 Km/h en 10,5 segundos. 



Esta mecánica tiene un funcionamiento generalmente silencioso y la entrega de potencia se nos muestra muy progresiva. Quizás de más. No es malo, ya que de esa manera, podremos disfrutar del excepcional tacto de la palanca de cambios manual más deliciosa de cuantas hemos probado en los últimos tiempos. Tiene unas inserciones muy precisas y un recorrido perfecto, algo que nos hará adictos a usarla desde el primer momento.


No obstante, deberemos hacerlo ya que, en mi humilde opinión, a esta plataforma, este chasis tan espectacular y esta clara orientación dinámica; le falta algo más de "chicha". No me entendáis mal. El motor es muy correcto, sus prestaciones son muy correctas, sus consumos son muy buenos y el silencio de rodadura está muy logrado; pero la entrega de potencia se nos antoja un poco perezosa. 


Probablemente este problema se verá solucionado con la nueva mecánica Skyactive X que está a punto de comercializarse y que contará con 180cv, pero mientras tanto, el motor de gasolina de nuestra prueba dinámica, nos parece un poco insuficiente en entrega y en recuperaciones, así que es por ese motivo, por el que deberemos utilizar la caja de cambios un poco más de lo habitual, para mantener al motor siempre en la zona "dulce" de la gama de revoluciones.


Una vez en marcha, se disipan todas las dudas de que el nuevo Mazda 3 podría estar mucho más dotado en materia mecánica, ya que su dinamismo y su aplomo es realmente espectacular. Circulando, es bastante fácil que superemos la velocidad legal de la vía sin darnos cuenta y este hecho en otros vehículos del segmento, podría resultar peligroso y podríamos tener la probabilidad de "comernos" alguna curva, por lo que tendríamos que encomendarnos a todos los santos (y a los sistemas electrónicos del vehículo). 


Con el Mazda 3 esa probabilidad se desvirtúa, porque es tal su aplomo y su precisión a su paso por curva, que siempre nos aportará una nota superior de seguridad y confianza. Soporta muy bien los cambios de apoyo y en casi todas las situaciones vira muy plano, sin apenas balanceo de la carrocería.


La nueva plataforma es realmente efectiva en esas lides, aunque por su calidad de rodadura, no desmerece en los viajes más largos y los trayectos más relajados, ofreciéndonos un confort general realmente destacado. Las suspensiones adquieren un compromiso justo entre deportividad y confort y absorben muy bien las imperfecciones del asfalto, sin la necesidad de ser extremadamente blandas. Por su parte, la dirección me pareció un poco sobreasistida, pero no obstante, muy precisa y con un buen guiado, además de contar con un equipo de frenos que soporta muy bien el uso intensivo y con una buena dosificación del pedal.



Por último, en materia de equipamiento, con nuestro acabado Zenith, redondeamos una experiencia de conducción muy sensitiva y agradable con elementos como el control de velocidad de crucero adaptativo, asistente de arranque en pendientes, HUD, climatizador bizona, llantas de 18 pulgadas, equipo de infoocio con pantalla de 8 pulgadas, sensores de aparcamiento delanteros y traseros, con cámara de 360º y aviso de tráfico cruzado, asistente de cambio involuntario de carril, aviso de vehículo en ángulo muerto, asistente de frenada de emergencia con detección de peatones, control de presión de neumáticos, lector de señales de tráfico, sensores de lluvia y luces con luces de tipo LED y cambio automático de cortas a largas, apertura y arranque sin llave, Start/Stop o equipo de sonido Bose entre otros.


Sin lugar a dudas, el Mazda 3 de última generación es un compacto muy atractivo, con una estética y conducción muy deportivas, unos acabados superlativos, un equipamiento muy valorable y una nueva plataforma que lo hace ganar en prestancia y habitabilidad, aunque sea mínimamente. 


Siempre ha sido un coche de bandera y vaticinamos que lo seguirá siendo, pero en este caso; echamos de menos un motor más poderoso y acorde con las excepcionales cualidades de uno de los compactos más deseados, bonitos y admirados de todo el segmento. Esperaremos al Skyactive X para completar a uno de los rivales a batir de la actualidad. 


martes, 2 de abril de 2019

Prueba: Mazda 3 2.0 Skyactive G Zenith


El Mazda 3 siempre me ha resultado un elemento muy atractivo en el segmento de los compactos. Durante su larga trayectoria y varias generaciones en su haber, ha suscitado un halo diferenciador respecto al resto de sus competidores directos y ese hecho, se magnifica y se multiplica con su última generación aparecida a finales del año pasado.



Su carácter dinámico, sus buenas maneras de conducción, su atractivo equipamiento y sus mecánicas fiables y parcas en consumos, siempre han sido las notas destacables de la saga 3, pero en este último componente de la familia de Hiroshima han echado el resto y han completado uno de los compactos más atractivos del panorama actual.


Cambian todos los paneles y cambian todos los parámetros conocidos hasta el momento, pero sin lugar a dudas, mantiene esa estética y ese carácter Mazda que tanto y a tantos, nos atrae.


Para la marca japonesa, eso de seguir al rebaño y seguir todas las normas conocidas y establecidas, es una auténtica utopía. Siempre han mantenido un excepcional carácter transgresor y mientras las demás marcas se "copian" entre ellas y pelean por ser las pioneras en materia de mecánicas, de tecnologías o de emisiones, comparten sinergias, se alían para copar y ser los más Top de cada segmento y ahorrar en costes; en Mazda van a su bola y con ideas propias, recursos limitados, una mentalidad diferente y su diferente forma de ver el mundo del automóvil, obtienen unos resultados que los grandes grupos automovilísticos envidian y miran siempre de reojo.


De hecho; son mundialmente conocidos por comercializar motores de tipo Wankel rotativos en vehículos de calle y ganar las 24 Horas de Le Mans con éste tipo de mecánica. Ninguna otra marca se ha atrevido a realizar nunca semejante experimento y a pesar de que este tipo de motores son extremadamente efectivos y generan un gran rendimiento, también generan unos problemas y un mantenimiento aún costoso, aunque no obstante, la marca no ceja en su empeño y sigue investigando en este campo para el futuro.


También llama la atención que, mientras las demás marcas están comercializando motores con menos cilindros, menos cilindrada, turbos de diferente tamaño y diversos elementos mecánicos que juntos, se denominan "Downsizing", en Mazda nadan a contracorriente y siguen con los motores atmosféricos de gran cilindrada y con una relación de compresión muy favorable, tanto en las versiones de gasolina como en las versiones de ciclo diésel.


¿Qué implica todo esto?. Pues básicamente se trata de motores con una gran eficiencia térmica y sencillos, con lo que de origen, eliminamos de la ecuación varios elementos que son proclives a estropearse o fallar, como por ejemplo los turbos. Por lo tanto, son motores muy fiables y soportan muy bien el desgaste y el paso de los kilómetros.


Pero de eso hablaremos más adelante y como siempre, comenzamos con hacer un repaso al diseño exterior.


Mantiene los rasgos conocidos en la anterior generación, con un frontal afilado y agresivo, nuevos pilotos más finos de tecnología LED que parece que se hunden hacia el interior de la calandra y aportan ese toque distintivo y original, pero sin perder esa personalidad adquirida y denominada "Kodo", que estrenó en su momento, la primera generación del Mazda CX5.



Bordeando la parrilla y haciendo que los faros delanteros tengan esa sensación de profundidad, nos encontramos con un embellecedor en negro piano con forma de ave en pleno vuelo. Y para rematar esa visión y actitud dinámica, observamos una especie de splitter delantero en la zona baja del paragolpes, al estilo de los mejores y más potentes deportivos del mercado.


En su vista lateral, lo primero que nos llamó la atención era la distancia entre ejes. Con 2,72 metros en un coche de 4,46 metros de longitud, consideramos que es una separación muy considerable que contribuye a que el compacto japonés vaya muy asentado sobre el asfalto. Corresponde a la nueva plataforma universal de Mazda que se estrena en este coche.



También es reseñable la fluidez y pureza de líneas, en las que predominan las formas redondeadas, quebradas, en mayor o menor medida, por lo afilado de su frontal. Es un compacto bajo, con tan sólo 1,43 metros de altura, por lo que la sensación deportiva queda latente en un simple vistazo. Para terminar, nos encontramos con unas llantas de aleación de 18 pulgadas opcionales, que en este caso, montaba nuestra unidad de pruebas.


En la zaga, destacamos los preciosos pilotos con tecnología LED de nuevo diseño, con un haz de luz muy atractivo en las horas nocturnas. También veremos un profuso paragolpes, que incluye un embellecedor, que remarca su figura, en color negro piano, con la doble salida de escape incorporada.


Abrimos el portón del maletero y nos encontramos con una boca de carga amplia, pero con una capacidad de 358 litros, que es suficiente para el equipaje de cuatro personas, pero tampoco es que sea el referente de la categoría en cuanto a espacio, ni mucho menos. De todas formas, el espacio que existe, es bastante diáfano y sin bordes o formas extrañas que puedan limitarnos a la hora de ubicar nuestra carga, pero no existen ni huecos laterales ni sistemas específicos para que se puedan sujetar nuestros enseres.



Nos adentramos en las plazas posteriores, no sin antes hacer un ejercicio de genuflexión, ya que como habíamos indicado, es un coche bastante bajito. Disponemos de tres cómodas plazas, aunque la del medio sea un poco más estrecha y dura. Ha mejorado en la mayoría de sus cotas respecto a la anterior generación y los pasajeros se acomodan en unos asientos bastante confortables, aunque por sus dimensiones y formas en el exterior, tampoco es uno de los mejores en habitabilidad en esa zona. De hecho; es tan sumamente grande el pilar C que nos limita bastante a la hora de acceder a esas plazas. También resulta un pequeño problema a la hora de echar la vista hacia atrás, ya que el Mazda 3 tiene bastante más chapa que cristal en esa zona.



En cambio, las plazas delanteras son muy cómodas y amplias. Nos reciben unas butacas con una gran sujeción lateral y un mullido perfecto para no cansarnos mientras conducimos en periodos largos. La posición la adquirimos enseguida, gracias a los múltiples reglajes del asiento y volante pero al ir tan cerca del suelo, nos obliga a mantener una posición muy deportiva, con las piernas bastante estiradas.


Ante nosotros, un cuadro de mandos muy austero, ya que prescinde de innumerables botones y gadgets que en los modelos de la competencia pueden llegar a abrumarnos. 



La calidad de construcción es una de las mejores que veremos en un coche generalista en la actualidad. Los materiales y plásticos utilizados son de una calidad sublime y en materia de ajustes, se adivinan las buenas maneras y el mimo con el que ensamblan los coches los chicos de Hiroshima.



Todo está muy ordenado, muy a mano y es muy sencillo de activar y de interpretar. De hecho; el volante multifunción aglutina la mayoría de los botones que nos hacen falta para no distraernos mientras conducimos, dejando de esta manera, la mayor parte del salpicadero libre de botones y artificios.


La capilla de relojes nos muestra una información simple e imprescindible en la que no falta de nada. La visión es analógica, con sendas esferas a los lados, que nos marcarían las revoluciones, la temperatura del motor y la capacidad del depósito. En el centro, y al igual que ocurre con los coches más deportivos, tenemos la enorme esfera del cuentakilómetros que en esta caso sí es digital y desde donde también podremos visionar diferentes parámetros del ordenador de a bordo, aunque está tan bien integrada, que la mayoría no se dará cuenta siquiera que es digital. Tiene sendos displays a su alrededor que nos indican el consumo medio a tiempo real y los kilómetros que nos quedarían de autonomía.


También disponemos en toda la gama, del sistema HUD, que en esta edición del compacto de Mazda, proyecta la información sobre la luna delantera y no sobre una pantalla de plástico emergente, como se venía haciendo hasta ahora.



En el centro y en una posición superior del salpicadero, veremos la pantalla del equipo de infoocio de 8 pulgadas y que no es táctil. Se maneja desde el mando rotativo situado entre los dos asientos y tiene un funcionamiento preciso e intuitivo, que nos permitirá movernos con cierta soltura entre los menús del sistema.


Su visión es suficiente, aunque puede estar un tanto expuesta a las incidencias de los rayos solares. Desde ahí podremos visionar el sistema de navegación (en el caso de que se adquiera) diferentes informaciones del ordenador de viaje o la visión de las cámaras situadas alrededor del vehículo. 



Estas cámaras nos proporcionan visión de 360º a la hora de aparcar y podemos elegir el visionado de la zona delantera o trasera por medio de un botón, además de que el vehículo cuenta con sensores delanteros y traseros. Por otra parte, nuestra unidad de pruebas con el acabado Zenith (el más dotado de serie), también disponía de aviso de tráfico cruzado y de frenada autónoma en el caso de que nos despistemos de más o hagamos caso omiso a las indicaciones.



Pero existía un menú que nos haría entender un poco más el funcionamiento del nuevo Mazda 3. En la versión que probamos, con el motor de gasolina de 122cv, contaba con un nuevo sistema de hibridación ligera. No tiene nada que ver con cualquier vehículo híbrido puro, ya que se trata de un pequeño generador que acumula energía en las frenadas y después ayuda a impulsar al conjunto en aceleración. No puede funcionar solo en modo eléctrico y siempre empujará junto con el motor térmico, pero gracias a este sistema, se permite entrar en el olimpo de los vehículos con denominación ECO de la DGT.


Otra de las soluciones empleadas en este modelo y que también podremos visionar desde la misma pantalla a tiempo real, es el sistema de desconexión de cilindros. Según nuestro ímpetu con el acelerador y cuando no demandemos un rendimiento superior a la mecánica, podremos circular tan sólo con dos cilindros reduciendo, junto al sistema de hibridación ligera, los consumos totales del compacto japonés.


Así, llama la atención que un vehículo 2.0 atmosférico, con 122cv y un par de 215 Nm, pueda consumir de media, homologado por la marca, 5,1 l/100 Km, por lo que supera a muchos rivales directos que cuentan con turbos y motores de cilindrada más baja. De esta manera, sus prestaciones son también bastante correctas, con 200 Km/h de velocidad máxima y una discreta aceleración de 0-100 Km/h en 10,5 segundos. 



Esta mecánica tiene un funcionamiento generalmente silencioso y la entrega de potencia se nos muestra muy progresiva. Quizás de más. No es malo, ya que de esa manera, podremos disfrutar del excepcional tacto de la palanca de cambios manual más deliciosa de cuantas hemos probado en los últimos tiempos. Tiene unas inserciones muy precisas y un recorrido perfecto, algo que nos hará adictos a usarla desde el primer momento.


No obstante, deberemos hacerlo ya que, en mi humilde opinión, a esta plataforma, este chasis tan espectacular y esta clara orientación dinámica; le falta algo más de "chicha". No me entendáis mal. El motor es muy correcto, sus prestaciones son muy correctas, sus consumos son muy buenos y el silencio de rodadura está muy logrado; pero la entrega de potencia se nos antoja un poco perezosa. 


Probablemente este problema se verá solucionado con la nueva mecánica Skyactive X que está a punto de comercializarse y que contará con 180cv, pero mientras tanto, el motor de gasolina de nuestra prueba dinámica, nos parece un poco insuficiente en entrega y en recuperaciones, así que es por ese motivo, por el que deberemos utilizar la caja de cambios un poco más de lo habitual, para mantener al motor siempre en la zona "dulce" de la gama de revoluciones.


Una vez en marcha, se disipan todas las dudas de que el nuevo Mazda 3 podría estar mucho más dotado en materia mecánica, ya que su dinamismo y su aplomo es realmente espectacular. Circulando, es bastante fácil que superemos la velocidad legal de la vía sin darnos cuenta y este hecho en otros vehículos del segmento, podría resultar peligroso y podríamos tener la probabilidad de "comernos" alguna curva, por lo que tendríamos que encomendarnos a todos los santos (y a los sistemas electrónicos del vehículo). 


Con el Mazda 3 esa probabilidad se desvirtúa, porque es tal su aplomo y su precisión a su paso por curva, que siempre nos aportará una nota superior de seguridad y confianza. Soporta muy bien los cambios de apoyo y en casi todas las situaciones vira muy plano, sin apenas balanceo de la carrocería.


La nueva plataforma es realmente efectiva en esas lides, aunque por su calidad de rodadura, no desmerece en los viajes más largos y los trayectos más relajados, ofreciéndonos un confort general realmente destacado. Las suspensiones adquieren un compromiso justo entre deportividad y confort y absorben muy bien las imperfecciones del asfalto, sin la necesidad de ser extremadamente blandas. Por su parte, la dirección me pareció un poco sobreasistida, pero no obstante, muy precisa y con un buen guiado, además de contar con un equipo de frenos que soporta muy bien el uso intensivo y con una buena dosificación del pedal.



Por último, en materia de equipamiento, con nuestro acabado Zenith, redondeamos una experiencia de conducción muy sensitiva y agradable con elementos como el control de velocidad de crucero adaptativo, asistente de arranque en pendientes, HUD, climatizador bizona, llantas de 18 pulgadas, equipo de infoocio con pantalla de 8 pulgadas, sensores de aparcamiento delanteros y traseros, con cámara de 360º y aviso de tráfico cruzado, asistente de cambio involuntario de carril, aviso de vehículo en ángulo muerto, asistente de frenada de emergencia con detección de peatones, control de presión de neumáticos, lector de señales de tráfico, sensores de lluvia y luces con luces de tipo LED y cambio automático de cortas a largas, apertura y arranque sin llave, Start/Stop o equipo de sonido Bose entre otros.


Sin lugar a dudas, el Mazda 3 de última generación es un compacto muy atractivo, con una estética y conducción muy deportivas, unos acabados superlativos, un equipamiento muy valorable y una nueva plataforma que lo hace ganar en prestancia y habitabilidad, aunque sea mínimamente. 


Siempre ha sido un coche de bandera y vaticinamos que lo seguirá siendo, pero en este caso; echamos de menos un motor más poderoso y acorde con las excepcionales cualidades de uno de los compactos más deseados, bonitos y admirados de todo el segmento. Esperaremos al Skyactive X para completar a uno de los rivales a batir de la actualidad.