miércoles, 6 de noviembre de 2019

Prueba: Suzuki Vitara 1.0 VVT GLE


El Suzuki Vitara fue uno de los decanos y precursores del concepto SUV, tal y como lo conocemos hoy en día. En realidad, podríamos decir que, al igual que ha ido pasando con el resto de marcas, ha evolucionado (o involucionado) hacia un vehículo muy orientado a la circulación por carretera y no al revés, como nació en un principio. Sin lugar a dudas es hacia donde se orienta el mercado y, cómo no, Suzuki ha tenido que apuntarse y adaptarse a lo que los clientes demandan.


Originalmente, el Suzuki Vitara era un excelente todo terreno con tracción total, pero con un habitáculo y equipamiento más propio de un turismo convencional, con un esquema de suspensiones muy capaz en una conducción off road, pero muy apropiado también para realizar largos viajes sobre asfalto y una gama mecánica muy polivalente, con alto rendimiento y frugal, y potencias que nos permitían realizar incursiones fructíferas en terrenos agrestes y que nos procuraban una conducción y un confort muy notable en trayectos por carretera.


En la actualidad ha reducido claramente sus dimensiones (4,17 metros de longitud) y se ha convertido en un SUV compacto, muy orientado a rodar por asfalto y con la posibilidad de adquirirlo con tracción total, pero está muy lejos de ser un auténtico todo terreno como lo era su "abuelo".


Su nueva generación apareció en 2015 y ya probamos las novedades en su momento, pero durante este año ha sufrido unas ligeras actualizaciones que afectan, sobre todo, a detalles estéticos, equipamiento y gama mecánica, ya que para esta ocasión no cuenta con ningún motor de ciclo diésel.


Disponemos de dos motores de gasolina; un 1.0 de 111cv y un 1.4 de 140cv, que pueden ir combinados con cambios manuales de 5 o 6 relaciones y cambios automáticos, también, de 5 o 6 relaciones y podemos adquirirlo con tracción delantera o total, según versiones.


Nuestra unidad de prueba era el Suzuki Vitara 1.0 VVT con el acabado GLE (que es el intermedio), tracción delantera y cambio de marchas manual de 5 relaciones, que se corresponde a una unidad de acceso a la gama y cuyo precio parte desde los 19.150 euros.


Se trata de un SUV compacto y con un marcado carácter lúdico que, por tamaño, concepto y motorizaciones, se puede comparar a otros productos como el Seat Arona, el Renault Captur o el Fiat 500X, por poner unos pocos ejemplos, dentro de un segmento muy demandado y con una competencia feroz, en el que el Suzuki Vitara quiere aportar su experiencia, su renombre y sus galones, para sobresalir ante el resto.


¿Qué nos ofrece el nuevo Suzuki Vitara?. Pues simplicidad, versatilidad y un cierto toque de diversión, además de un rodar muy confortable y unas mecánicas coherentes y frugales que son más que suficientes para colmar las expectativas del cliente tipo del segmento.


Su carrocería recibe ligeras mejoras respecto a la versión de 2015 y sobre todo, se centran en el frontal, donde adquiere una nueva parrilla delantera y se ha rediseñado el paragolpes, que ahora incluye algún que otro aplique con acabado cromado y las luces diurnas de tipo LED en los flancos y los faros antiniebla, además de la consiguiente protección para los bajos en diferente color de la carrocería.


En su visión lateral, no existe ningún cambio y mantiene su contenida longitud y unas líneas de tensión muy marcadas en tono ascendente que parten desde los pasos de rueda delanteros y se magnifican para dar mayor protagonismo y énfasis a los pasos de rueda traseros para morir en la zaga. Aportan un cierto carácter dinámico y desenfadado, huyendo de los convencionalismos y la sobriedad que, en líneas generales, mantienen casi todos los fabricantes. En nuestro caso también contábamos con llantas de 17 pulgadas que son nuevas en esta edición 2019.


Detrás los cambios se limitan, básicamente, a un nuevo y sutil rediseño de los pilotos, que tienen cierta opacidad visual, pero que disponen de una buena visión en horas nocturnas ya que cuentan con tecnología LED. El paragolpes está muy diferenciado y cuenta con protecciones para los bajos, además de contener la luz antiniebla y la correspondiente a la marcha atrás en el centro, por lo que es probable que estén más expuestas a romperse por pequeños toques o saltos de piedras si estamos haciendo una conducción por caminos sin asfaltar.


El acceso al maletero es amplio, con formas muy cuadriculadas, un perfil que nos queda a muy buena altura y el portón bastante grande. Nos descubre un espacio de carga muy aprovechable de 375 litros de capacidad, con sendos huecos portaobjetos en los laterales, ganchos y argollas, por si queremos colocar una red y evitar que la carga se desplace en nuestra conducción.


Sorprende que a pesar de sus contenidas medidas generales, el habitáculo esté tan bien aprovechado. Las plazas traseras son amplias y tienen un gran acceso. Son cómodas y tres adultos, sean de la envergadura que sean, no tendrán ningún problema para ubicarse en cualquiera de ellas. Bueno; como siempre pasa, la plaza central es un poco más angosta, aunque también está bastante lograda.


En el puesto de conducción, nos reciben unos asientos confortables aunque con escasa sujeción lateral, algo que tampoco es criticable, teniendo en cuenta el concepto y las pretensiones del conjunto. La posición idónea es muy sencilla de conseguir, gracias a los múltiples reglajes tanto del asiento como del volante y lo que nos encontramos es un cuadro de mandos muy simple en el que todo lo tenemos muy a mano y es fácil de interpretar.


La marca asegura que en éste lavado de cara han utilizado plásticos más blandos y han mejorado la calidad general del salpicadero. No lo pongo en duda y ciertamente, los materiales utilizados son de aspecto sólido y duradero, agradables al tacto y con muy buenos ajustes entre si, pero me siguen dando la sensación de ser plásticos básicos.


Detrás del volante, la capilla de relojes nos ofrece información clara y esencial sobre nuestra conducción y entre los dos relojes, observamos una pantalla LCD que nos muestra, también de manera muy sencilla, la información referente al ordenador de a bordo y a los diferentes sistemas de ayuda a la conducción, ya que con este nuevo restyling, se incluyen de serie ciertos sistemas que antes tan solo se podían adquirir de manera opcional.


La consola central destaca por tener todos los mandos muy a mano y un orden muy coherente de los mismos. Huye de las florituras y la digitalización general a la que se dirige la competencia directa y, con excepción de la pantalla táctil de 5 pulgadas del equipo de infoocio, todos los demás pulsadores son físicos y muy fáciles de interpretar.


Esa pantalla, a diferencia de lo que nos encontramos últimamente, no está posicionada en una situación preferente, sino que está integrada en el propio cuadro de mandos y en una posición muy accesible y elevada. En la parte superior nos encontramos con sendas toberas de aire circulares y entre ellas, un curioso reloj analógico con tipografía japonesa, que aporta una nota de originalidad a un salpicadero simple y ergonómico, aunque un tanto anodino.


El equipo de infoocio también destaca por su simpleza de uso, con cuatro secciones diferenciadas en la pantalla y, algo que nos dejó un poco fríos, el control del volumen del equipo de audio y algunos botones para simplificar el manejo en los laterales, que funcionan de manera táctil y cuya situación sí que se dispersa un poco de la gran ergonomía y situación en la que están dispuestos el resto de los mandos.


Nos muestra una información muy clara y sencilla, aunque la calidad de imagen y la vistosidad de los diferentes menús no destaca por ser de las mejores del mercado y bajo mi humilde opinión, deberían mejorar un poco en ese campo. Además, está bastante expuesta a las incidencias de los rayos solares, por lo que en ocasiones, resulta un poco difícil visionar con claridad el navegador o la cámara de ayuda al aparcamiento trasera.


Debajo nos encontramos con los mandos físicos del sistema de climatización automático y un hueco portaobjetos bastante grande. También en una posición muy accesible y justo por delante de la palanca de cambio, nos encontramos con los botones correspondientes a los asientos calefactados delanteros, con dos intensidades y que son de serie en nuestro acabado intermedio GLE.


Por su parte, este acabado intermedio venía equipado de serie bastante bien e incluía elementos como ordenador de a bordo, asistente de arranque en pendientes, equipo de infoocio con pantalla táctil de 5 pulgadas, asistente de frenada de emergencia, control de presión de neumáticos, asistente de arranque y retención en pendiente, control de velocidad de crucero con limitador, cámara trasera de ayuda al aparcamiento, llantas de 17 pulgadas, asientos delanteros calefactados, volante multifunción, o sistema Start/Stop entre otras muchas cosas.


La mecánica era un 1.0 de tres cilindros con turbo que erogaba 111cv y un par máximo de 170Nm y lo transmitía a las ruedas delanteras por medio de una caja de cambios manual de 5 relaciones. La verdad es que hacía mucho tiempo que no disponíamos de una caja de cambios con estas características y nos llamó poderosamente la atención. Su funcionamiento es agradable y las inserciones de marchas precisas, aunque cuentan con un recorrido bastante largo, sobre todo, las dos últimas marchas.


Con esta configuración obtenemos unas prestaciones coherentes al tipo de vehículo que es, con 180 Km/h de velocidad máxima, una aceleración de 0-100 Km/h en 11, 5 segundos y unos contenidos consumos (para ser de gasolina) de 5,3 l/100 Km que no se disparan demasiado en un orden de marcha real.


Es una mecánica silenciosa en orden de marcha en términos generales, aunque bien es cierto que en frío y a velocidades bajas se nota un poco de rumorosidad. No hay problema, ya que una vez en marcha, esa sensación original se disipa totalmente.


La entrega de potencia es muy progresiva y la mecánica comienza a dar de si a partir de 2.000 rpm, por lo que siempre deberemos llevar al conjunto en un tono "alegre" si no queremos que nos falte respuesta en algún momento. Es muy agradable en velocidades mantenidas, aunque si debemos realizar alguna maniobra de adelantamiento o afrontar repechos en nuestra ruta, tenemos que ser conscientes que las recuperaciones no son el fuerte del Vitara y tenemos que realizar esas acciones con total seguridad y sabiendo perfectamente cuales son las limitaciones del vehículo.


Es un coche con el que enseguida nos sentiremos muy cómodos al volante y el esquema de suspensiones, de tarado bastante blando, favorece a que el confort de rodadura sea siempre excepcional, absorbiendo con total diligencia cualquier imperfección del asfalto. Fuera de la carretera, esas suspensiones también favorecen una gran conducción off road, junto con una buena altura de la carrocería respecto al suelo, unos frenos suficientes y una dirección directa, aunque poco comunicativa.


Sin lugar a dudas, el nuevo Suzuki Vitara tiene un cliente objetivo muy concreto y está perfectamente capacitado para competir de tú a tú en uno de los segmentos más demandados de la actualidad. Fue uno de los precursores de lo que hoy en día conocemos como SUV, pero por el camino ha ido adaptándose a las demandas del gran público y a perdido tamaño, peso y capacidades todo terreno, ganando en versatilidad, tecnología, imagen, personalización y racionalidad.


De esta manera, el Vitara es una clara opción para todos aquellos que busquen un SUV compacto, con una versatilidad inigualable, simple y sencillo, cómodo, equipado y muy funcional, muy utilizable a diario, gracias a sus contenidas medidas y muy apropiado para hacer largos trayectos con un gran nivel de confort, una mecánica silenciosa y consumos frugales. En definitiva; el Suzuki Vitara siempre es un acierto y los galones adquiridos con el tiempo, aún tienen mucho que decir.


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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Prueba: Suzuki Vitara 1.0 VVT GLE


El Suzuki Vitara fue uno de los decanos y precursores del concepto SUV, tal y como lo conocemos hoy en día. En realidad, podríamos decir que, al igual que ha ido pasando con el resto de marcas, ha evolucionado (o involucionado) hacia un vehículo muy orientado a la circulación por carretera y no al revés, como nació en un principio. Sin lugar a dudas es hacia donde se orienta el mercado y, cómo no, Suzuki ha tenido que apuntarse y adaptarse a lo que los clientes demandan.


Originalmente, el Suzuki Vitara era un excelente todo terreno con tracción total, pero con un habitáculo y equipamiento más propio de un turismo convencional, con un esquema de suspensiones muy capaz en una conducción off road, pero muy apropiado también para realizar largos viajes sobre asfalto y una gama mecánica muy polivalente, con alto rendimiento y frugal, y potencias que nos permitían realizar incursiones fructíferas en terrenos agrestes y que nos procuraban una conducción y un confort muy notable en trayectos por carretera.


En la actualidad ha reducido claramente sus dimensiones (4,17 metros de longitud) y se ha convertido en un SUV compacto, muy orientado a rodar por asfalto y con la posibilidad de adquirirlo con tracción total, pero está muy lejos de ser un auténtico todo terreno como lo era su "abuelo".


Su nueva generación apareció en 2015 y ya probamos las novedades en su momento, pero durante este año ha sufrido unas ligeras actualizaciones que afectan, sobre todo, a detalles estéticos, equipamiento y gama mecánica, ya que para esta ocasión no cuenta con ningún motor de ciclo diésel.


Disponemos de dos motores de gasolina; un 1.0 de 111cv y un 1.4 de 140cv, que pueden ir combinados con cambios manuales de 5 o 6 relaciones y cambios automáticos, también, de 5 o 6 relaciones y podemos adquirirlo con tracción delantera o total, según versiones.


Nuestra unidad de prueba era el Suzuki Vitara 1.0 VVT con el acabado GLE (que es el intermedio), tracción delantera y cambio de marchas manual de 5 relaciones, que se corresponde a una unidad de acceso a la gama y cuyo precio parte desde los 19.150 euros.


Se trata de un SUV compacto y con un marcado carácter lúdico que, por tamaño, concepto y motorizaciones, se puede comparar a otros productos como el Seat Arona, el Renault Captur o el Fiat 500X, por poner unos pocos ejemplos, dentro de un segmento muy demandado y con una competencia feroz, en el que el Suzuki Vitara quiere aportar su experiencia, su renombre y sus galones, para sobresalir ante el resto.


¿Qué nos ofrece el nuevo Suzuki Vitara?. Pues simplicidad, versatilidad y un cierto toque de diversión, además de un rodar muy confortable y unas mecánicas coherentes y frugales que son más que suficientes para colmar las expectativas del cliente tipo del segmento.


Su carrocería recibe ligeras mejoras respecto a la versión de 2015 y sobre todo, se centran en el frontal, donde adquiere una nueva parrilla delantera y se ha rediseñado el paragolpes, que ahora incluye algún que otro aplique con acabado cromado y las luces diurnas de tipo LED en los flancos y los faros antiniebla, además de la consiguiente protección para los bajos en diferente color de la carrocería.


En su visión lateral, no existe ningún cambio y mantiene su contenida longitud y unas líneas de tensión muy marcadas en tono ascendente que parten desde los pasos de rueda delanteros y se magnifican para dar mayor protagonismo y énfasis a los pasos de rueda traseros para morir en la zaga. Aportan un cierto carácter dinámico y desenfadado, huyendo de los convencionalismos y la sobriedad que, en líneas generales, mantienen casi todos los fabricantes. En nuestro caso también contábamos con llantas de 17 pulgadas que son nuevas en esta edición 2019.


Detrás los cambios se limitan, básicamente, a un nuevo y sutil rediseño de los pilotos, que tienen cierta opacidad visual, pero que disponen de una buena visión en horas nocturnas ya que cuentan con tecnología LED. El paragolpes está muy diferenciado y cuenta con protecciones para los bajos, además de contener la luz antiniebla y la correspondiente a la marcha atrás en el centro, por lo que es probable que estén más expuestas a romperse por pequeños toques o saltos de piedras si estamos haciendo una conducción por caminos sin asfaltar.


El acceso al maletero es amplio, con formas muy cuadriculadas, un perfil que nos queda a muy buena altura y el portón bastante grande. Nos descubre un espacio de carga muy aprovechable de 375 litros de capacidad, con sendos huecos portaobjetos en los laterales, ganchos y argollas, por si queremos colocar una red y evitar que la carga se desplace en nuestra conducción.


Sorprende que a pesar de sus contenidas medidas generales, el habitáculo esté tan bien aprovechado. Las plazas traseras son amplias y tienen un gran acceso. Son cómodas y tres adultos, sean de la envergadura que sean, no tendrán ningún problema para ubicarse en cualquiera de ellas. Bueno; como siempre pasa, la plaza central es un poco más angosta, aunque también está bastante lograda.


En el puesto de conducción, nos reciben unos asientos confortables aunque con escasa sujeción lateral, algo que tampoco es criticable, teniendo en cuenta el concepto y las pretensiones del conjunto. La posición idónea es muy sencilla de conseguir, gracias a los múltiples reglajes tanto del asiento como del volante y lo que nos encontramos es un cuadro de mandos muy simple en el que todo lo tenemos muy a mano y es fácil de interpretar.


La marca asegura que en éste lavado de cara han utilizado plásticos más blandos y han mejorado la calidad general del salpicadero. No lo pongo en duda y ciertamente, los materiales utilizados son de aspecto sólido y duradero, agradables al tacto y con muy buenos ajustes entre si, pero me siguen dando la sensación de ser plásticos básicos.


Detrás del volante, la capilla de relojes nos ofrece información clara y esencial sobre nuestra conducción y entre los dos relojes, observamos una pantalla LCD que nos muestra, también de manera muy sencilla, la información referente al ordenador de a bordo y a los diferentes sistemas de ayuda a la conducción, ya que con este nuevo restyling, se incluyen de serie ciertos sistemas que antes tan solo se podían adquirir de manera opcional.


La consola central destaca por tener todos los mandos muy a mano y un orden muy coherente de los mismos. Huye de las florituras y la digitalización general a la que se dirige la competencia directa y, con excepción de la pantalla táctil de 5 pulgadas del equipo de infoocio, todos los demás pulsadores son físicos y muy fáciles de interpretar.


Esa pantalla, a diferencia de lo que nos encontramos últimamente, no está posicionada en una situación preferente, sino que está integrada en el propio cuadro de mandos y en una posición muy accesible y elevada. En la parte superior nos encontramos con sendas toberas de aire circulares y entre ellas, un curioso reloj analógico con tipografía japonesa, que aporta una nota de originalidad a un salpicadero simple y ergonómico, aunque un tanto anodino.


El equipo de infoocio también destaca por su simpleza de uso, con cuatro secciones diferenciadas en la pantalla y, algo que nos dejó un poco fríos, el control del volumen del equipo de audio y algunos botones para simplificar el manejo en los laterales, que funcionan de manera táctil y cuya situación sí que se dispersa un poco de la gran ergonomía y situación en la que están dispuestos el resto de los mandos.


Nos muestra una información muy clara y sencilla, aunque la calidad de imagen y la vistosidad de los diferentes menús no destaca por ser de las mejores del mercado y bajo mi humilde opinión, deberían mejorar un poco en ese campo. Además, está bastante expuesta a las incidencias de los rayos solares, por lo que en ocasiones, resulta un poco difícil visionar con claridad el navegador o la cámara de ayuda al aparcamiento trasera.


Debajo nos encontramos con los mandos físicos del sistema de climatización automático y un hueco portaobjetos bastante grande. También en una posición muy accesible y justo por delante de la palanca de cambio, nos encontramos con los botones correspondientes a los asientos calefactados delanteros, con dos intensidades y que son de serie en nuestro acabado intermedio GLE.


Por su parte, este acabado intermedio venía equipado de serie bastante bien e incluía elementos como ordenador de a bordo, asistente de arranque en pendientes, equipo de infoocio con pantalla táctil de 5 pulgadas, asistente de frenada de emergencia, control de presión de neumáticos, asistente de arranque y retención en pendiente, control de velocidad de crucero con limitador, cámara trasera de ayuda al aparcamiento, llantas de 17 pulgadas, asientos delanteros calefactados, volante multifunción, o sistema Start/Stop entre otras muchas cosas.


La mecánica era un 1.0 de tres cilindros con turbo que erogaba 111cv y un par máximo de 170Nm y lo transmitía a las ruedas delanteras por medio de una caja de cambios manual de 5 relaciones. La verdad es que hacía mucho tiempo que no disponíamos de una caja de cambios con estas características y nos llamó poderosamente la atención. Su funcionamiento es agradable y las inserciones de marchas precisas, aunque cuentan con un recorrido bastante largo, sobre todo, las dos últimas marchas.


Con esta configuración obtenemos unas prestaciones coherentes al tipo de vehículo que es, con 180 Km/h de velocidad máxima, una aceleración de 0-100 Km/h en 11, 5 segundos y unos contenidos consumos (para ser de gasolina) de 5,3 l/100 Km que no se disparan demasiado en un orden de marcha real.


Es una mecánica silenciosa en orden de marcha en términos generales, aunque bien es cierto que en frío y a velocidades bajas se nota un poco de rumorosidad. No hay problema, ya que una vez en marcha, esa sensación original se disipa totalmente.


La entrega de potencia es muy progresiva y la mecánica comienza a dar de si a partir de 2.000 rpm, por lo que siempre deberemos llevar al conjunto en un tono "alegre" si no queremos que nos falte respuesta en algún momento. Es muy agradable en velocidades mantenidas, aunque si debemos realizar alguna maniobra de adelantamiento o afrontar repechos en nuestra ruta, tenemos que ser conscientes que las recuperaciones no son el fuerte del Vitara y tenemos que realizar esas acciones con total seguridad y sabiendo perfectamente cuales son las limitaciones del vehículo.


Es un coche con el que enseguida nos sentiremos muy cómodos al volante y el esquema de suspensiones, de tarado bastante blando, favorece a que el confort de rodadura sea siempre excepcional, absorbiendo con total diligencia cualquier imperfección del asfalto. Fuera de la carretera, esas suspensiones también favorecen una gran conducción off road, junto con una buena altura de la carrocería respecto al suelo, unos frenos suficientes y una dirección directa, aunque poco comunicativa.


Sin lugar a dudas, el nuevo Suzuki Vitara tiene un cliente objetivo muy concreto y está perfectamente capacitado para competir de tú a tú en uno de los segmentos más demandados de la actualidad. Fue uno de los precursores de lo que hoy en día conocemos como SUV, pero por el camino ha ido adaptándose a las demandas del gran público y a perdido tamaño, peso y capacidades todo terreno, ganando en versatilidad, tecnología, imagen, personalización y racionalidad.


De esta manera, el Vitara es una clara opción para todos aquellos que busquen un SUV compacto, con una versatilidad inigualable, simple y sencillo, cómodo, equipado y muy funcional, muy utilizable a diario, gracias a sus contenidas medidas y muy apropiado para hacer largos trayectos con un gran nivel de confort, una mecánica silenciosa y consumos frugales. En definitiva; el Suzuki Vitara siempre es un acierto y los galones adquiridos con el tiempo, aún tienen mucho que decir.


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